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Tiburcio Arnaiz Muñoz, Beato
Sacerdote, 18 de julio


Por: n/a | Fuente: PadreArnaiz.net



Sacerdote y fundador

En Málaga (España), Beato Tiburcio Arnaiz Muñoz, sacerdote profeso de la Compañía de Jesús, fundador de las Misioneras de las Doctrinas Rurales (1926).

Fecha de beatificación: 20 de octubre de 2018, durante el pontificado de S.S. Francisco.

Breve Biografía


Nació el P. Tiburcio Arnaiz Muñoz en Valladolid el 11 de agosto del año 1865 en la calle de Panaderos, nº 23. Muy pronto quedó huérfano de padre, cuando en agosto de 1.870 falleció el Sr. Ezequiel, que se había ganado la vida con su modesto taller de tejedor. Su vida , por lo tanto, durante la infancia fue la propia de una familia con apuros económicos, teniendo su madre que arreglárselas para sacar adelante a sus dos hijos, nuestro Tiburcio y Gregoria de siete años mayor que él.

Muy joven entró en el Seminario, primero como interno y, posteriormente, pernoctando en su casa, a cuya modesta economía ayudaba con lo que percibía como sacristán del Convento de S. Felipe de la Penitencia de las Monjas Dominicas. Así le llegó el día de su ordenación sacerdotal el 20 de abril de 1.890. Durante tres años desempeñó el cargo de Párroco en Villanueva de Duero , pequeño pueblecito cercano a Valladolid. Pero alentado por unos compañeros hizo oposiciones, siguiendo la costumbre de la época, a otra parroquia de más entidad, como fue la que consiguió en Poyales del Hoyo, de la Diócesis y Provincia de Avila. Animado, igualmente por uno de sus compañero, obtuvo el Doctorado en Teología en la Diócesis Primada de Toledo el 19 de diciembre de 1896.

En la Compañía de Jesús



La muerte de su madre, acaecida en esta localidad, le lleva a plantearse, junto con su hermana Gregoria, la opción de hacerse Jesuita, a la vez que ella ingresaba en el Convento de las Dominicas, donde Tiburcio había sido sacristán mientras estudiaba en el Seminario. Llevaba nueve años de párroco en Poyales del Hoyo, cuando el 30 de marzo de 1.902 ingresó en el Noviciado de la Compañía de Jesús en Granada.

En la Compañía de Jesús, el Noviciado se prolonga por espacio de dos años. Terminados éstos, el P. Arnaiz, siguiendo una norma habitual cuando un nuevo jesuita había entrado en la Compañía siendo ya sacerdote, dedicó unos años más a perfeccionar los estudios de Filosofía y Teología; pero además, y junto con esos estudios, ejerció el cargo de Superior de los otros escolares de estas materias que aún no habían recibido las Ordenes Sagradas. También se estrenó en dar Ejercicios Espirituales a sacerdotes del clero diocesano y alguna que otra misión por los pueblos cercanos a Granada, dejando ya fama de santidad entre sus oyentes, como contaba el Párroco de Otura, cuando el misionero dejó el pueblo enfervorizado.

Antes de ir a Loyola, donde hizo lo que los Jesuitas llaman Tercera Probación, es decir, un curso que se dedica al cultivo de la vida espiritual y al estudio de las Constituciones dejadas por S. Ignacio y demás documentos oficiales de la orden, fue destinado a la ciudad de Murcia. Era septiembre de 1909. Allí, con la libertad que le daba el estar ya fuera de la casa de formación y ser uno más entre los dedicados a los ministerios propios de los hijos de S. Ignacio, comenzó a señalarse por su entrega sin límites a la abnegación propia, al trabajo exhaustivo y al celo extraordinario por la salvación de las almas que le caracterizó, en grado sumo, conforme iba pasando el tiempo y su carácter de apóstol iba cuajando.

En 1911 va a Loyola, a la referida experiencia con la cual había de completar su formación jesuítica. No terminó el curso completo, sino que, al ser interrumpida dicha experiencia durante la cuaresma como parte de la formación allí impartida, con unas semanas de predicación y otros ministerios sacerdotales del nuevo jesuita, pasó a Canarias y, terminada dicha etapa, fue destinado a Málaga.

En Málaga



En 1912, llegó a Málaga, e hizo en el secreto de su corazón un pacto con el Corazón de Cristo,le propuso que si le concedía diez años de vida, él los emplearía en “matarse” por su gloria.

Allí había de ser donde el P. Arnaiz se decantara tal como era por dentro y apareciera el hombre de Dios santo, olvidado de sí mismo, dado a un trabajo ininterrumpido y, digámoslo de una vez, también original.

Su primera ocupación por espacio de un curso, - de 1.912 a 1913 -, fue el cuidado de los mozalbetes acogidos en la Casa del Niño Jesús, que unos años antes había sido fundada por el P. Aicardo, junto con el apoyo de un grupo de señoras preocupadas por la situación, en la calle, de los rapaces que no tenían quien les amparase. Como siempre era habitual en él, se entregó a esa labor con alma y vida, aun no siendo éste el campo más adecuado para explayar su celo.

Ya, al año siguiente, se le dejó libertad para que, dentro de lo que era la actividad propia de cualquier padre de una Residencia de la Compañía, pudiera ir mostrando sus cualidades y preferencias apostólicas. En aquél entonces los jesuitas en Málaga vivían ya en la casa que se había inaugurado dos años antes en Calle Compañía, pero era en la Iglesia de S. Agustín donde celebraban la Eucaristía, confesaban a los penitentes que acudían a ellos y predicaban la palabra de Dios. No estaba aún inaugurada la actual Iglesia del Sdo. Corazón de Jesús, que se abriría, el año 20, junto a la mencionada casa. Comienza el P. Arnaiz, entonces, a llamar la atención, sin él pretenderlo, por su santidad. Los fieles que buscan una dirección espiritual sólida acuden en gran número a su confesionario, debiendo esperar a veces largo rato a que les llegase su turno. Se encargó de fomentar la devoción al Corazón de Jesús. Como dato peculiar hay que reseñar a este propósito que el año 1915, contra todas las opiniones opuestas que le desaconsejaban el que lo hiciera, sacó por las calles de la ciudad la Procesión con la imagen de dicho Corazón de Jesús. Hacía años, desde principio del siglo, que no se sacaba por temor al ambiente sociopolítico, hostil a todo tipo de manifestaciones religiosas. El resultado fue de éxito rotundo y ya, durante su vida, no dejó de hacer lo mismo, salvo un curso, del 1916 a 1917, que estuvo destinado en Cádiz.

Fuera del templo, el Padre aprovechaba todas las oportunidades posibles para visitar y atender a los enfermos en sus casas y en el Hospital. Para esta misión del Hospital, se vale de caballeros y señoras cuya dirección espiritual había asumido, que le preparaban a los enfermos más ignorantes, capacitándoles para atender la posterior predicación del Padre y recibir de su manos los Sacramentos. No se olvida de acudir a la cárcel, donde atiende a los presos, con abnegación y amor. Atiende, igualmente, a las religiosas de las diversas comunidades y da Ejercicios Espirituales a los sacerdotes de la diócesis, etc., etc. Todo de tal modo que llama la atención por su celo, su entrega y el no dar el mínimo descanso a su cuerpo.

EN LOS "CORRALONES"

Pero hora es ya de que hablemos de su trabajo apostólico más original, en esta primera etapa de su estancia en Málaga: la labor realizada en los CORRALONES, llamándoseles así a casas de vecinos de peculiar estructura, siempre habitadas por gente muy pobre. Fueron unos veinte, situados en la periferia de la ciudad, en aquel entonces, a los que atendió. Comenzaba por alquilar una habitación en el corralón, donde establecía una pequeña escuela, llamada miga, es decir, una unidad escolar dirigida por una maestra que enseñaba las primeras nociones, a leer y escribir y hacer cuentas, juntamente con el catecismo de las verdades más esenciales de la fe. Cuando ya estaban los asistentes suficientemente preparados, acudía él a tenerles unas breves charlas religiosas para capacitarles a recibir los sacramentos. La miga continuaba abierta, posteriormente, acrecentando la formación que poco a poco se iba adquiriendo. El fruto producido fue extraordinario: Muchos sitios, adonde no podía antes entrar un sacerdote, - incluso en alguna ocasión habían llegado hasta tirarle una rata muerta al mismo P. Arnaiz -, ahora eran acogedores a la labor de la Iglesia y agradecidos al bien que se les hacía.

El año 1916, pasado el verano, y accediendo a la insistencia del Obispo de aquella ciudad, D. Manuel Rancés, el P. Arnaiz fue destinado a Cádiz. En Málaga fue extraordinario el sentimiento por su partida; pero, fallecido el Obispo gaditano, fue nuevamente destinado a dicha ciudad, por esas mismas fecha del año 1.917. Cuando vuelve a Málaga la labor iniciada por él en los corralones ya había sido asumida por otros padres de la Residencia y él, con verdadero sentido apostólico y despego de su propia obra, continúa su labor en predicación, visitas a los enfermos, a la cárcel, etc.

Las Doctrinas Rurales

Ya había dicho él, a alguna de sus colaboradoras en los corralones, que su idea era otra: Adonde pretendía llegar, con ese original método de acercamiento a la gente ignorante, era a las aldeas y cortijadas adonde no va nadie y donde la gente se encuentra en el mayor abandono cultural y religioso. Así surgieron en su mente LAS DOCTRINAS RURALES para paliar el abandono e ignorancia de las barriadas marginales de Málaga, en 1912, ideó poner una especie de escuelas, donde algunas señoritas, dirigidas suyas, enseñaban con el más absoluto desinterés, las verdades fundamentales de nuestra fe y cultura general. En pocos meses, el conocimiento de Dios llevaba a aquellas gentes sencillas a desear vivir en gracia, correspondiendo al amor del Señor. Cuando el P. Arnaiz los veía preparados organizaba una Misión Popular donde muchos volvían a la fe, recibiendo debidamente preparados los Santos Sacramentos.

El P. Arnaiz deseaba ampliar esta labor evangelizadora en las aldeas y pueblos; Pero para esto necesitaba almas que aceptaran trasladarse a vivir a estos lugares apartados durante meses o años, el tiempo necesario para instruirlos cultural y religiosamente; personas piadosas dispuestas a sacrificar no solo las comodidades materiales, sino también los auxilios espirituales como la Santa Misa o la Comunión frecuente... ¡hacía falta mucha generosidad y entrega!

Y así fue. En 1921 se encuentra con María Isabel González del Valle, a quien se unieron un grupo de señoritas dirigidas del P. Arnaiz . y bajo la dirección de éste, comenzó la primera Doctrina Rural en la Sierra de Gibralgalia, en Málaga.

Pero la labor del Misionero no se limitaba a estas acciones, que podríamos llamar estables, ya que duraban todo el tiempo que fuese necesario para instruir y elevar cultural y religiosamente a una aldea. El iba adonde le llamaban a predicar la palabra de Dios, siendo su especialidad los Ejercicios Espirituales y las Misiones de ocho o más días, como solían durar las que se tenían en una localidad de cierta relevancia. En ellas la entrega del P. Arnaiz era enorme: era voz común que no dormía en la cama y el tiempo que dedicaba al sueño, en una silla o en el mismo suelo sobre una estera, era escasísimo; comía sólo el primer plato que le servían y pasaba largas horas en el confesionario o dado a la oración, hasta altas horas de la noche, para volver a la Iglesia del pueblo antes del amanecer para tocar las campanas e iniciar el rezo del Santo Rosario por las calles.

Al encuentro con Cristo

Estando predicando la Novena del Corazón de Jesús en Algodonales, entonces de la Diócesis de Málaga, aunque de la Provincia de Cádiz, cayó enfermo con fiebre alta. Desde Málaga enviaron un coche para llevarle a su residencia. Cuando se supo que había llegado en aquellas condiciones y obligado a guardar cama , la ciudad se movilizó, acudiendo numeroso gentío a la Residencia de los Jesuitas a informarse de su estado. Hubo que poner en sitio visible el parte médico cada día: Bronconeumonía, diagnosticaron los doctores que le atendían. E l templo del Sdo. Corazón era testigo de las continuas oraciones que espontáneamente se hacían por su salud. Aunque, en un principio, el dictamen de los médicos era favorable a su restablecimiento, el cuadro clínico fue empeorando rápidamente y, a los ocho días, entregaba el enfermo su alma a Dios, cumpliéndose la predicción que él mismo había hecho semanas antes y después de dejar edificados a cuantos le asistían. Era el 18 de Julio de 1926.

El duelo por su pérdida fue universal. Toda Málaga se sintió huérfana de tan gran bienhechor. Le lloraron los humildes y también los de condición económica elevada. Se obtuvo licencia de Roma y del Ministerio de Gobernación para que pudiese ser enterrado en la Iglesia del Corazón de Jesús, donde tantas veces había confortado a innumerables almas en el confesionario y a tantos instruido y enfervorizado con su cálida palabra, llena de unción desde el púlpito. Su cadáver, expuesto a la veneración pública, fue visitado durante tres días, formándose colas continuas para poder tocar su cuerpo con objetos de devoción. Y todavía, antes de ser inhumado bajo las bóvedas del templo, como queda dicho, fue llevado en concurridísimo cortejo por las calles de la ciudad, por donde durante tantos años había llevado él la Procesión del Corazón de Jesús. Cerró el comercio y la comitiva fúnebre fue presidida por las autoridades religiosas, civiles y militares. Pero no sólo de Málaga,sino que de muchos otros sitios por donde había sembrado el bien con su incansable apostolado acudieron a darle el último adiós. Había muerto en olor de santidad.

El 18 de diciembre de 2017, el Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos promulgar el decreto reconociendo un milagro atribuido a la intercesión del P. Tiburcio Arnaiz Muñoz.

Fuentes:
PadreArnaiz.net
MDRurales.com

 





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