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No quedará piedra sobre piedra
Las palabras de Jesús son para que demos a cada cosa su verdadero valor y para que miremos el futuro.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Daniel 2, 31-45: “Dios hará surgir un reino que jamás será destruido y que aniquilará a todos los reinos”

Salmo 3: “Bendito seas para siempre, Señor”

San Lucas 21, 5-11: “No quedará piedra sobre piedra”

 

Inquietudes de todos los tiempos son las que le presentan a Jesús. Inquietudes que pueden disimularse, que pueden hacerse a un lado tratando de ignorarlas, pero que siempre estarán retornando una y otra vez con insistencia. ¿Cuándo será el fin del mundo? Hacemos obras grandiosas y después nos enorgullecemos,  nos asombramos y nos sentimos inmortales. Como la torre de Babel, nos sentimos más grandes que Dios... pero todo esto va a pasar y al final no quedará piedra sobre piedra. Admiro la región de la zona Maya, muy rica en vestigios que no dejamos de asombrarnos por sus construcciones imponentes, por sus conocimientos astrológicos, con sus disposiciones y belleza. Sin embargo entre más admiramos las grandezas, más parece asombrarnos  la incógnita sobre las razones de su desaparición. Hay muchas teorías pero ninguna parece satisfacer nuestra curiosidad. ¿Qué pensarán las generaciones venideras sobre nuestros aires de grandeza y nuestra pretensión de inmortalidad? Ya los Israelitas se asombraban de la grandeza del templo y sabemos que muy pronto fue destruido. Las palabras de Jesús son para prevenirnos, no para infundirnos pavor. Las palabras de Jesús son para que demos a cada cosa su verdadero valor y para que miremos el futuro. No somos eternos, somos polvo que hoy es y mañana no existe. ¿Por qué entonces tanto orgullo y tantas seguridades? Muchas veces se nos olvida que somos peregrinos y nos atamos a las cosas como si nunca las fuéramos a dejar, nos esclavizan y condicionan. Necesitamos recuperar nuestro sentido de peregrinos en esta vida y prepararnos para la futura morada. Las palabras de Jesús hoy tienen que despertarnos de nuestra modorra y despabilarnos de nuestros sueños. Es cierto que no sabemos ni el día ni la hora, pero también es cierto que el final llegará y tendremos que estar preparados. Si hoy fuera para nosotros el último día, ¿cómo lo vivirías? ¿Por qué no vivirlo así? ¿Qué cambiaríamos si supiéramos que hoy sería nuestro último día? ¿Qué le decimos a Jesús?



sss




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