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Dichoso el hombre que confía en el Señor
Tiempo de Adviento, tiempo de silencio, tiempo de escucha, tiempo de la Palabra.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Isaías 48, 17-19: “¡Ojalá hubieras obedecido mis mandatos!”

Salmo 1: “Dichoso el hombre que confía en el Señor”

San Mateo 11, 16-19: “No escuchan ni a Juan ni al Hijo del hombre”

 

Adviento es el tiempo de la Palabra. Tan frágil la palabra que se la lleva el viento, tan poderosa la palabra que da vida. La Palabra, con mayúscula, nos viene a revelar al Padre, viene a hacerse carne, viene a hacerse humanidad. Es la Palabra que da vida, es la Palabra que salva, es la Palabra que libera… pero la Palabra para sembrarse en el corazón debe ser escuchada. Y el hombre muchas veces se vuelve sordo a la Palabra, se llena de ruidos y egoísmos, se tapa las orejas con sus grandezas y ansiedades. Adviento es el tiempo de la Palabra.



A nosotros que vivimos en un mundo de rebeldías y de deseos de libertad, bien nos vendría hacer una seria reflexión sobre el motivo de nuestros continuos fracasos. “Si hubieras obedecido mis mandatos, sería tu paz como un río y tu justicia, como las olas del mar” reclama el Señor a Israel en el texto de Isaías. Y es que cada vez que Israel, desoyendo las palabras del Señor, se encamina por sus propios senderos, ha encontrado fracasos y miseria. No ha aceptado escuchar las instrucciones del Señor, ansiaba libertad, y se ha topado con esclavitudes. No ha aceptado la guía del Señor y se ha perdido por caminos torcidos y traicioneros. “Ojalá hubieras escuchado mis palabras”. Un hipotético pero negativo “hubieras”, que hace presagiar las peores consecuencias. Pero no todo está perdido es tiempo de escuchar la Palabra, es tiempo de aceptar su guía, es tiempo de vivir sus mandamientos.

El salmo primero, hace la alabanza del que escucha y confía, del que no se deja guiar por mundanos criterios y no anda en malos pasos. Jesús es presentado a los hombres de su tiempo como la Palabra, el mensaje, pero no es aceptado porque se sale de los esquemas habituales y aparece comiendo con pecadores. Excusas sin sentido porque tampoco han escuchado las proféticas palabras de Juan, que vivía en pobreza y ayuno. Lo grave es cerrar el corazón y el oído a la Palabra. Tiempo de Adviento, tiempo de silencio, tiempo de escucha, tiempo de la Palabra.

 

 







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