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Del “roble del trueno” al “árbol de Navidad”
Esta es la madera de la paz…Es el signo de una vida sin fin, porque sus hojas son siempre verdes.


Por: H. Edgar Henríquez, LC | Fuente: elblogdelafe.com



¿Por qué adornamos nuestros hogares con un árbol en época de Navidad? Esta pregunta se la han hecho muchísimas personas, quizá entre ellas estés tú. Debo confesar que hasta hace unas semanas yo también tenía esta duda que vi aclarada luego de leer un poco sobre esto.

El origen de esta tradición navideña se remonta al año 723 aproximadamente, en una localidad vecina a la actual Geismar, al centro norte de Alemania. Allí fue enviado San Bonifacio por el mismo Papa para evangelizar llevando el anuncio de la Buena Nueva. En aquella zona se vivía un pueblo cuya costumbre era sacrificar a un niño cada año para agradar al dios Thor, el lugar elegido era un viejo roble apodado “el Robre del Trueno”. El celo de San Bonifacio por la verdad y la vida fueron tan grandes que le llevaron a enfrentarse con pueblo la misma noche del sacrificio. Allí llegó el obispo decidido a acabar con aquella costumbre pagana armado con la autoridad conferida por Dios y su báculo, signo de la dignidad episcopal. Era la noche de Navidad. Bonifacio tomó el báculo, fue donde el gentío reunido bajo el roble del Trueno y declaró:

    “Aquí está el Roble del Truneo, y aquí la cruz de Cristo que romperá el martillo del dios falso, Thor”

El encargado del sacrificio procedió a la ejecución, levantó el grueso y afilado martillo para darle una estocada al pequeño, cuando de pronto se vio bloqueado por el báculo de Bonifacio que rompió al instante aquel instrumento de muerte en mil pedazos salvando la vida del niño. La hazaña fue tal, que todos quedaron maravillados luego de aquel tan heroico acto. El santo tomó coraje y dijo a los presentes:

    “ ¡escuchen hijos del bosque! La sangre no fluirá esta noche, salvo la que la piedad ha dibujado del pecho de una madre. Porque esta es la noche en que nació Cristo, el hijo del Altísimo, el Salvador de la humanidad. Él es más justo que Baldur el Hermoso, más grande que Odín el Sabio, más gentil que Freya el Bueno. Desde su venida el sacrificio ha terminado. La oscuridad, Thor, a quien han llamado en vano, es la muerte. En lo profundo de las sombras de Niffelheim él se ha perdido para siempre. Así es que ahora en esta noche ustedes empezarán a vivir. Este árbol sangriento ya nunca más oscurecerá su tierra. En el nombre de Dios, voy a destruirlo”



Al instante tomó un hacha y procedió a acabar con el aquel roble. Al darle el primer golpe una gran ráfaga de viento se precipitó contra el árbol y lo derribó al instante, sacándolo de la tierra incluso con raíces. Así es como Bonifacio llevó la fe a aquel lugar. Usó la madera del roble para construir una capilla y dejar un signo visible del poder de Dios. Bonifacio siguió predicando por la zona, contento por lo sucedido y con la esperanza de que otros, por este testimonio, pudieran abrazar la fe. Alzando la mirada divisó un pequeño abeto y dijo:

    “Este pequeño árbol, este pequeño hijo del bosque, será su árbol santo esta noche. Esta es la madera de la paz…Es el signo de una vida sin fin, porque sus hojas son siempre verdes. Miren como las puntas están dirigidas hacia el cielo. Hay que llamarlo el árbol del Niño Jesús; reúnanse en torno a él, no en el bosque salvaje, sino en sus hogares; allí habrá refugio y no habrán actos sangrientos, sino regalos amorosos y ritos de bondad”

Desde aquella noche se extendió la costumbre de adornar para la noche de Navidad con un árbol de hoja perenne, principalmente un pino, el cual es recuerdo fiel del madero que vence, la cruz de Cristo. Toda Alemania siguió la tradición la cual permanece hasta nuestros días. Es un signo visible de cómo la fe penetra en la cultura, en las tradiciones, en los pueblos, en las historias de vida, cristianizando todo a su alrededor.

Nuestra vida está llena de símbolos, signos, costumbres y tradiciones que se van pasando de generación en generación y que tienen como trasfondo un profundo sentido cristiano. Recordamos aquí también el pesebre, realizado por primera vez por San Francisco de Asís en Greccio, Italia. Así es como cada uno de nosotros está llamado a enriquecer la cultura a través de manifestaciones artísticas como la pintura, la música, la literatura, etc. Signos temporales de las realidades eternas. Signos terrenales de la realidad celestial. ¡Feliz Navidad a todos!



sss




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