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El Afecto
El Amor de Dios sana

Dios es el amor del beso de nuestra madre, y el cálido y fuerte abrazo de los brazos de nuestro padre


Por: Miguel León | Fuente: Capsulas de Verdad



En este  tiempo resulta urgente comprender que el origen de los problemas sociales de nuestro tiempo (drogadicción, prostitución, alcoholismo, homosexualidad, prostitución,etc.), tienen su origen en la falta de amor que las personas experimentan en la familia. Dependiendo de si somos padres o hijos, podemos preguntarnos en referencia a este aspecto: ¿cuál es la experiencia de amor o afecto que das o recibes en tu familia? ¿Te sientes amado? ¿crees que transmites a tus hijos el afecto suficiente?

Cuando emprendes el camino de  reconciliación de las propias heridas emocionales que forman parte de la atracción por él mismo sexo (AMS),  tienes que asumir las consecuencias abrumadoras resultado de la falta de efecto de los padres. En mi experiencia, debo reconocer que la herida de amor se transmite de padres a hijos  de manera generacional, ya que un hijo que no recibe amor será un padre que tampoco lo dará, hasta que alguien se siente fuertemente afectado y decide romper con ese ciclo de heridas emocionales. Yo experimenté un padre afectivamente distante y ausente muy a pesar de que vivir cerca de mi, se perdió de los mejores momentos de mi vida donde Él podía haber sido significativamente afirmativo para mi, y darme los momento de relación cercana padre-hijo que yo necesitaba en mi desarrollo. Cuando deje de ser un niño y me convertí en un adulto, el niño herido que llevé dentro comenzó a pedirme cubrir esas necesidades lícitas de afecto y amor en otros varones, como  adulto y cargando con el fantasma de un abuso, mi niño interior herido inició la búsqueda por cubrir esa necesidad erotizando a varones, cuando en realidad, lo que necesitaba de ellos suponía el afecto que buscaba de mi padre. En el camino de reconciliación de mis heridas emocionales la comprensión de la necesidad profunda de afecto significó un momento de importante avance en mi proceso de reconciliación de mi atracción sexual no deseada hacia los varones. Era por estée motivo que no existía la experiencia de plenitud con ninguna persona, ya que intentaba de forma equivocada llenar con sexo una necesidad profunda de afecto.

En la persona emocionalmente herida y con quebrantos en su sexualidad, la necesidad de afecto se experimenta de la siguientes formas: tiene ansias de aprecio, se siente profundamente frustrado ante cualquier carencia, real o imaginaria, de afecto o estimación. Cuando te experimentas así podrías sentir que tu valor como persona decae; tiendes a verte menos valioso con lo demás, como carente de sentido. ¿Te has sentido alguna de vez de esta forma? si lo haz experimentado te animo a preguntarle a tu niño interior herido ¿qué es lo que realmente necesita para estar tranquilo? probablemente lo que le estas dando hasta el momento lo único que hace es hacer más grande la herida y acrecentar los momentos de quebranto sexual, que unido a tu propio sistema de creencias te generan una sentimiento de vacío y culpa.

Quien tiene una herida de amor-afecto con su padre terrenal, está imposibilitado de poder asimilar a Dios como un Padre de Amor y Misericordia, esto es lamentable sobre todo si comprendemos que, sobre todas las cosas, Dios es un Padre de Amor. Si has tenido la experiencia de un padre en la tierra duro y afectivamente distante o ausente es lógico que esta herida provoque ese efecto de aversión también hacia Dios.

Cuando inicie mi proceso de reconciliación, una de las cosas que me hizo llorar mucho tiempo fue darme cuenta que a lo largo de mi vida, cada momento, incluso en los traumantes abusos que sufrí, Dios me amaba y de alguna forma sufría conmigo esos momentos tan fuertes, fue un camino largo hasta lograr reestructurar la imagen de Dios como mi Padre y aceptar que el me ama mucho y que no existe pecado o quebranto tan grande que Él no pueda ahogar en un mar de perdón. Decidí creerle a Dios y aceptar que el tiene el poder de hacer nuevas todas las cosas y hoy estoy aquí escribiendo parte de mi testimonio, para afirmarte que Dios es “el Amor que Sana”.







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