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Reflexión del evangelio de la misa del Miercoles 22 de Noviembre de 2017

¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?
Que este día nos revisemos y generosamente estemos dispuestos a multiplicar los dones que Dios nos ha dado.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Santa Cecilia, virgen y mártir
II Macabeos 7, 11. 20-31: “El creador del mundo les devolverá el alimento y la vida”
Salmo 16: “Escóndeme, Señor, bajo la sombra de tus alas”
San Lucas 19, 11-28: “¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?”

 

Apenas acabamos de reflexionar esta misma parábola narrada por San Mateo el domingo pasado y ahora se nos presenta narrada por San Lucas. Creo que en esa reflexión insistí demasiado en los talentos que tenemos ociosos y no hemos puesto a trabajar, ahora quisiera mirar el lado positivo de nuestras cualidades y los regalos que Dios nos ha otorgado.

Afortunadamente estos días he encontrado personas buenas, coherentes y decididas que me han hecho comprender que en nuestros ambientes no sólo tenemos representantes de aquel siervo inútil que acobardado dejó la moneda estéril y la entregó después de guardarla en su pañuelo. He encontrado personas que han recibido dones, no podría decir que más que los que no hacen nada, pero que además de esos dones tienen en su corazón la generosidad y el entusiasmo para arriesgarse y comprometerse en diferentes actividades que van en un beneficio claro de sus hermanos.

Es curioso que en la parábola narrada por Lucas, el Señor entrega a cada empleado una moneda, a diferencia de San Mateo que nos contaba entregas diferentes y  proporcionales. Pero si cada empleado recibe una moneda, como resaltando la igualdad de oportunidades y de responsabilidades, es más notoria la ganancia que va de acuerdo no a lo que han recibido, sino al ingenio, o más bien diríamos, al amor de cada uno de los empleados. Aquí tenemos que reconocer que hay personas tan generosas que parecen sacar de la nada todo lo que les falta y ofrecerlo a los demás. No se pretende que cada empleado gobierne sobre tantas ciudades, ni tiene el sentido comercial y utilitarista que desprecia a las personas que no producen económicamente.



Es mucho más profunda esta parábola y nos ofrece la oportunidad para descubrirnos amados por Dios, sabiendo que todo lo que tenemos es regalo suyo pero que estos dones los tenemos que hacen producir, pero producir lo que vale en el Reino de Dios… y de estas personas hay muchas en medio de nosotros que sin hacer ruido y sin aparecer mucho, son una manifestación de Dios y un signo de fraternidad para los que los rodean. Es triste cuando una persona llena de cualidades se queda escondida en su egoísmo. Ojalá que este día nos revisemos y generosamente estemos dispuestos a multiplicar los dones que Dios nos ha dado.

 

 





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