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El Señor es mi defensa
El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



La Presentación de la Santísima Virgen María
II Macabeos 6, 18-31: “Dejaré un gran ejemplo, para que aprendan a arrostrar una muerte noble por amor a nuestra ley”
Salmo 3: “El Señor es mi defensa”
San Lucas 19, 1-10: “El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”


En días pasados en una reunión de estudio el tema principal fue la educación. Pronto se hicieron notar los nubarrones que se abaten sobre la juventud y la niñez en este campo. Es muy fácil encontrar las deficiencias y asumir posturas críticas frente a este grave problema. Pero pronto aparecieron también muchas aportaciones que pueden llevar esperanza en este difícil campo. Las dos lecturas de este día resumen algunas de esas propuestas, diría yo casi como presupuestos. La primera lectura tomada del Libro de los Macabeos nos presenta a Eleazar, un judío anciano, maestro de la ley, a quien ofrecían en atención a su edad y su porte, la oportunidad de simular comer carne de puerco como renegando de su fe. Pero él, lejos de la simulación, se levanta con toda dignidad y afirma: “Envíenme al sepulcro, pues no es digno de mi edad ese engaño… Si muero ahora como un valiente, me  mostraré digno de mis años y dejaré a los jóvenes un gran ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable ley”.

La honestidad, el valor para mostrar la verdad y el ejemplo serán importantísimos a la hora de educar. No se puede educar enseñando una cosa y haciendo otra. No se admiten componendas a la hora del peligro. El ejemplo de Eleazar será un reto para todos los padres de familia, para todos los sacerdotes y catequistas, para todos los maestros y educadores: se educa con el ejemplo más que con la palabra. El texto del evangelio que acabamos de escuchar también me recuerda otra aportación que se escuchó frente a quienes miran con pesimismo el campo educativo. Jesús siempre está dispuesto a buscar, a aventurarse, a arriesgarse aún en los campos más difíciles.

¡Quién le auguraría éxito  al hacerse invitar por un pecador reconocido! Y Zaqueo, el publicano rico y pecador, da la gran sorpresa convirtiéndose y manifestando su cambio en lo que parecería más difícil: el retribuir y el compartir sus bienes. No sólo escucha la palabra, sino que la deja que obre en su corazón. En la educación no podemos dar por perdidos ni espacios ni personas. A todos los lugares tiene que llegar nuestra propuesta. Tenemos en nuestro favor la misma lección de Jesús que no se cierra a nadie sino que: “El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”
 

 







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