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Dios está con nosotros
Reflexión del evangelio de la misa del Martes 3 de Octubre de 2017

Hay en este pasaje un gran signo que nos ofrece Jesús: su firme determinación para salvarnos


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |




Zacarías 8, 20-23: “Vendrán numerosos pueblos a buscar al Señor en Jerusalén”
Salmo 86: “Dios está con nosotros”
San Lucas 9, 51-56: “Jesús tomó la firme determinación de ir a Jerusalén”


 

 

¿Por qué hay pueblos y comunidades que parecen irreconciliables? ¿Por qué, por encima de las reflexiones y de las propuestas de una mejor relación, prevalecen los caprichos y se retoman las ofensas?  Detrás del pasaje evangélico de este día encontramos dos terribles realidades y un signo de esperanza. La primera realidad que salta a nuestra vista son las puertas cerradas  para Jesús en el territorio de Samaria. ¿Sus argumentos? No es rechazo directo a su persona, sino es porque se está dirigiendo a Jerusalén. Más allá de la cuestionar la propuesta de Jesús, lo que rechazan es su decisión de ir a Jerusalén. No es que no estén de acuerdo con sus palabras o con sus milagros, es que tienen los prejuicios que han dividido a los pueblos.

 



Esta situación no es difícil encontrar en medio de nosotros: desde la simple relación de amigos y cercanos que se chantajean con quitar la amistad si se le habla a otra persona, hasta las graves decisiones que involucran el bien de la patria y que se obstaculizan, porque no provienen de personas o partidos afines. Prevalecen las enemistades y descalificaciones antes que mirar y examinar objetivamente las propuestas.

 

Los discípulos hacen lo mismo o peor, porque al rechazar añaden la propuesta de aniquilación. Parecería gran amor a la Buena Nueva y al mismo Jesús, pero Jesús no acepta este tipo de rechazos y de condenas a causa de su persona. Cuántos conflictos religiosos e ideológicos evitaríamos si escucháramos este pasaje y comprendiéramos la actitud de Jesús. Ofrece apasionadamente su oferta de salvación, pero no está dispuesto a hacer una guerra y a condenar a los que no la aceptan. Estas dos actitudes tanto de los samaritanos como de los discípulos, tendrían que hacernos pensar seriamente en las graves situaciones de discriminación, descalificaciones y condenas por motivos religiosos o de ideologías que nos están destruyendo.

 

Hay en este pasaje un gran signo que nos ofrece Jesús: su firme determinación para salvarnos. La condena que ha recibido desde Jerusalén no basta para detenerlo en la decisión de afrontar la pasión y la muerte con tal de ofrecernos una verdadera liberación. Hagamos una comparación de la mira y expectativas tanto de los discípulos como de los samaritanos, frente a la generosidad y determinación de Jesús. ¿Qué nos dice a nuestra manera de actuar?







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