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Habladurías que envenenan
Las habladurías tienen mezclas de suposiciones.


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.Net



En el espacio de mi vida llega una persona hasta ahora desconocida. Mientras establecemos los primeros contactos, algunos conocidos me empiezan a "informar" y hablar sobre esa persona.

Llegan a mis oídos noticias de sus errores y defectos. Me dicen que es alguien soberbio, que desprecia a otros, que solo piensa en sí mismo, que utiliza a los demás, que lo tenga a distancia...

Las habladurías ponen en mis ojos, tal vez en mi corazón, un velo oscuro donde el desconocido aparece como alguien inmoral, peligroso. Poco a poco estoy siendo envenenado.

Así son las habladurías. Algunas ofrecen verdades: el otro tiene defectos que tarde o temprano descubriré también yo. Otras medias verdades, mezcladas con suposiciones, y no falta alguna exageración mentirosa.

Todas esas habladurías, sin embargo, me impiden ver a esa persona por mí mismo. Quizá, incluso, los errores que haya cometido en el pasado quedaron ya superados desde un hermoso camino de conversión y de esfuerzo.



Quienes lanzan y difunden habladurías podrán explicar por qué actúan así. En ocasiones, por desengaños del pasado. Otras veces, por antipatías y rencores. No falta quien es movido por la envidia.

Más allá de esos motivos, las habladurías envenenan las relaciones e impiden abrirse con más serenidad a quien llega a un puesto de trabajo o a un grupo parroquial.

Frente a habladurías que envenenan, vale la pena una buena dosis de antídoto. No solo para impedir que los comentarios maldicientes dañen mis ojos y mi corazón, sino para evitar que yo me convierta en un murmurador que repita y amplifique lo que me están diciendo sobre el otro.

Una nueva persona acaba de entrar en el espacio de mi vida. Voy a empezar a conocerla, como ella empezará a conocerme a mí. Desde una mirada limpia, sin prejuicios ni habladurías, descubriremos, poco a poco, cómo es cada uno y, ojalá, los defectos no nos impidan reconocer tantas señales de bondad que hay en el otro...







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