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El Señor es bueno con todos
El discípulo de Jesús, deberá ser alguien que lo haya acompañado, que haya recorrido todo el camino con él


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Santísimo Nombre de María
Colosenses 2, 6-15: “Dios nos dio una vida nueva en Cristo, perdonándonos nuestros pecados”
Salmo 144: “El Señor es bueno con todos”
San Lucas 6, 12-19: “Pasó la noche en oración y eligió a doce discípulos, a los que llamó apóstoles”
 

Nosotros nos llamamos “católicos”, nos decimos “cristianos”, y a veces asumimos actitudes de orgullo y vanagloria, como si fuera una gran proeza lo que estamos haciendo. ¿Por qué el Señor nos ha llamado a seguirlo y nos considera sus discípulos? Siempre ha sido un gran misterio, pues descubro que hay otros mejores que yo, más dedicados, más inteligentes, más generosos, y a ellos aparentemente no los ha llamado por este camino. El texto de San Lucas no nos ayuda mucho a descubrir este misterio. Jesús antes de escoger a sus amigos más cercanos se pasa la noche en oración como para indicarnos la importancia de estos elegidos… pero después se pone a llamar a personas comunes y corrientes, nada extraordinario: unos pescadores, otros hombres del campo que apenas saben hablar, algún cobrador de impuestos y hasta algunos extremistas llamados zelotas.

Toda una gama de personajes considerados no propiamente extraordinarios… sino, como diría después San Pablo, los pequeños, la escoria, los despreciables. ¿Por alguna razón? No encuentro ninguna más que la locura de su amor y el deseo de enseñarnos cómo se construye su reino: con los pequeños, con los olvidados, con los despreciados. Y desde ese momento de la elección tendrá un particular acercamiento a ellos para enseñarles cómo se construye el Reino.  El pasaje de San Lucas continúa mostrándonos un breve resumen de lo que era la vida de Jesús: oración (oración continua y constante), cercanía con las multitudes que venían de lejos a buscarlo, curación de enfermos, expulsión de demonios y manifestación de poder. Como si quisiera dar a “sus apóstoles” una primera enseñanza de lo que espera que ellos continúen. San Lucas insistirá en que el apóstol, el discípulo de Jesús, deberá ser alguien que lo haya acompañado, que haya recorrido todo el camino con él, que suba la cumbre del Calvario, que sea testigo de la Resurrección.

 

No importan mucho los nombres o las posiciones, importa aprender de la cercanía de Jesús. Por eso si ahora nosotros nos decimos cristianos, tendremos que imitar a Jesús en todo su recorrido: su oración, su lucha por la vida, su entrega plena, su alegría de vivir, su aceptación de la cruz, su resurrección. ¿Realmente somos discípulos de Jesús?



 





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