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Lectio Divina del Domingo 10 de septiembre de 2017
Domingo XXIII del tiempo ordinario. Ciclo A.


Por: Hno. Ricardo Grzona, frp | Fuente: FundaciónPane.org



Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén

TEXTO BÍBLICO: Mateo 18, 15-20

18,15: Si tu hermano te ofende, ve y corrígelo, tú y él a solas. Si te escucha has ganado a tu hermano. 18,16: Si no te hace caso, hazte acompañar de uno o dos, para que el asunto se resuelva por dos o tres testigos. 18,17: Si no les hace caso, informa a la comunidad. Y si no hace caso a la comunidad considéralo un pagano o un recaudador de impuestos. 18,18: Les aseguro que lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
18,19: Les digo también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre del cielo se la concederá. 18,20: Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos.



BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

San Mateo pone en labios de Jesús muchas enseñanzas de la vida cristiana. Una de ellas muy importante está narrada en este texto, y es lo que nosotros llamamos la “corrección fraterna”.

Es obvio, que Jesús se da cuenta de nuestra vida de pecadores, nuestros defectos, nuestras limitaciones y nuestros errores. Pero Jesús vino a perdonar en nombre de Dios Padre. Su misión más importante fue la de reconciliar a la humanidad que se había ido de Dios para volverla al Padre.



Ahora bien, esta misión de Jesús, es en colaboración con sus seguidores, es decir, con la Iglesia, que es comunidad. No se puede entender a Cristo sin su Iglesia. Por eso, tal vez este texto, que pocas veces se toma en cuenta es tan esencial en la vida cristiana comunitaria.

Inmediatamente antes de este texto, encontramos el famoso pasaje de la oveja perdida, que el pastor deja a las noventa y nueve para salir a buscar a la que se perdió. Pero ahora, lo importante es que esta misión de ir y buscar al hermano perdido, es de la comunidad.

Como Dios no quiere que nadie se pierda, manda a su Hijo a buscar a los perdidos, pero también a pone a la comunidad, que no está compuesta de santos, sino de pecadores, la misión de encontrar un camino de conversión.

Mateo nos recuerda que Jesús propone un camino disciplinar para este proceso. Y es bueno darse cuenta que hay etapas. Primero, si el hermano que está errado ofende, llamarlo por separado, y “si te escucha” dice claramente habrás ganado al hermano (es decir, lo habrás vuelto al redil de la Iglesia).

Pero si no escucha, se debe buscar un testigo y aumentarlo hasta tres. Y si tampoco quiere entender, entonces hay que llamar a la comunidad completa. Es la Iglesia la que es testigo importante de la persona que comete errores. Y es tarea de todos y es recíproca, no es que esto es de unos pocos, todos, como comunidad y como expresión de la caridad, deben corregirse mutuamente en benevolencia.

Ahora bien, tenemos un caso de alguien que no quiere reconocer el error. ¿Qué hacer? Jesús es tajante, luego de haberle dado una serie de oportunidades, hay que considerarlo como un “pagano, publicano o recaudador de impuestos”. Es decir, con total tristeza sacarlo de la comunidad. No es que está fuera de Cristo, sino de privarlo del gran bien que es la participación de la comunidad eclesial. Y es misión de la comunidad orar por la conversión del hermano por la vuelta al seno de la Iglesia.

Ahora pone a la comunidad de la Iglesia la misma misión de Pedro: “Les aseguro que lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.”

Esto quiere decir que el Apóstol Pedro no está solo en su ministerio, sino que toda la comunidad también tiene esta misión. ¡Hay que desarrollarla!

El texto culmina con un tema importantísimo: La oración en comunidad. Si al menos dos de la comunidad se ponen a orar, el Padre que está en el cielo concederá lo que pidan. Y el gran resumen es que donde dos o tres estén reunidos en nombre de Jesús, Él estará en medio de ellos.

Reconstruimos el texto:

  1. ¿Cómo comienza el texto? ¿Qué es lo que dice Jesús?
  2. ¿Qué pasa cuando un hermano de la comunidad te ofende? ¿Qué es lo que hay que hacer primero?
  3. ¿Qué pasa si el hermano escucha la corrección fraterna?
  4. ¿Qué pasa si no escucha? ¿A quiénes hay que llamar y hasta dónde?
  5. ¿Qué sucede si aún no escucha a la comunidad? ¿Qué debe hacerse y porqué?
  6. ¿Qué misión le confía Jesús a la comunidad, que es similar a la de Pedro?
  7. ¿Cuál es el poder de la oración?
  8. ¿Quién está en medio cuando dos o tres cristianos se reúnen?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

  1. En muchas ocasiones yo ofendo a los hermanos. ¿Acepto la corrección que me hace la comunidad?
  2. En caso que me ofendan a mí ¿Cuáles son las características que debe tener la corrección fraterna que yo debo hacer? ¿Podría enumerar formas y estilos que se usarán para esto?
  3. Si mi hermano me escucha y cambia. ¿Me alegro sinceramente?
  4. Y si mi hermano no me escuchara, ¿Qué debo hacer?
  5. ¿Tomo estrategias correctas cuando los hermanos se equivocan? ¿Actúo muchas veces por instinto y no dejo que fluya el verdadero cristiano que tiene que salir en mí?
  6. ¿Cómo puedo hacer para tener en mi propia vida un plan para corregir fraternalmente con benignidad a mi hermano? ¿Podré hacerlo ahora?
  7. ¿Tomo conciencia de la comunidad cristiana para mi vida completa?
  8. ¿Me doy cuenta que es la comunidad donde Jesús vive?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:

Gracias Señor por tu Palabra que nos salva, que nos abre a un mundo diferente. Que nos abre la dimensión de la salvación.
Gracias porque no nos dejas solos en nuestros errores, sino que aparte de enseñarnos a vivir cristianamente, podemos contar con la comunidad que nos ayude.
Gracias por mi comunidad cristiana, gracias porque no vivo aisladamente la comunicación contigo, sino que Tú estás en la misma comunidad.
Te pido que me ayudes a ser siempre un buen cristiano, a corregir fraternalmente y con amor cuando los demás se equivocan. Dame la humildad necesaria para recibir también la corrección de mis hermanos.
Que nunca me falte la relación contigo y con la comunidad.
Señor te pido que nos ayudes a dar el paso comunitario de ser misioneros, de enseñar tu Palabra.

Hacemos un momento de silencio para responder al Señor y demos gracias porque nos llena de alegría.

Añadimos nuestras intenciones de oración.

Amen.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Como interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

«Si tu hermano te ofende, ve y corrígelo»
(Versículos 15)

Y de esta forma nos ponemos en contemplación, repitiendo y agradeciendo a Jesús que venga.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, me propongo volver a leer con más profundidad el texto, deteniéndome y analizándome en cada uno de los aspectos que se presentan. Voy a proponer una acción que sea concreta. Por ejemplo si ofendí a alguien en la corrección, ir a pedirle perdón. Si lo ofendí públicamente, también delante de los demás pedir disculpas. Esto hará que nuestra humildad crezca y nos haga parecidos a Jesús. También elegir alguna actividad humilde para realizar.

En el grupo, revisar todas las veces que sabemos que nuestros hermanos se equivocan. Por lo tanto, buscar como grupo una estrategia que corresponda al Evangelio y la enseñanza de Jesús y tenerla por norma del grupo. Buscar también a personas que sabes que necesitan de nuestra ayuda para asistirlos con nuestro servicio. Que sean actividades que demuestren que sí estamos cambiando y nos vamos haciendo cada día más cercanos a las enseñanzas de Jesús.

 

Fundación Ramón PanéCristonautas

 





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