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¿Quién es Jesús?
Quizá hoy sea un buen día para empezar esta búsqueda.


Por: H. Luis Eduardo Rodríguez, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx



"Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías."
 

 

Con frecuencia, en las relaciones interpersonales, existe una gran diferencia entre la apariencia y la realidad. Todos lo hemos experimentado. Alguien que parece ser el mejor amigo que se podría tener, sólo se está aprovechando de uno. O alguien que quizá parece callado, retraído, enojado…, en realidad se preocupa por el bien de cada persona, sobre todo de sus familiares y amigos, y puede hacerte pasar un rato de manera increíble si le das el chance. Por eso es tan importante plantearse la pregunta: ¿quién es este/esta de verdad?

Un buen amigo te va a dejar plantearte la pregunta, te va a dar motivos y oportunidades para responderla, mientras que uno falso va a estar buscando evitarla, va a querer hacerte sentir mal y culpable por ponerlo bajo la lupa. Aquí aplica el clásico dicho: quien nada debe, nada teme…

Lo mismo pasa con este Amigo que ha venido a irrumpir en nuestras vidas. Jesús ha tocado a la puerta de tu corazón porque quiere entablar una profunda relación de amistad. Y él no tiene miedo de que lo llevemos a la silla del acusado; al contrario, nos invita a hacerlo. Él nos reta a ver qué dicen los demás hombres acerca de Él. La opinión pública no siempre es la más acertada, pero ya nos da un panorama de perspectiva. Esta primera pregunta es importante, pero la verdadera pregunta es la que sigue: "¿Quién decís vos que soy yo?"



¿Ya me puse esta pregunta? ¿Sé quién es Jesús para mí? ¿Tengo prueba de ello o mi opinión se basa sólo en lo que he oído por allí? Quizá hoy sea un buen día para empezar esta búsqueda. Basta recogerse un momento en oración. Podemos arrodillarnos ante Jesús en la Eucaristía o tomar un crucifijo en nuestras manos. Y viéndolo a los ojos, nos ponemos la pregunta: ¿Quién sos para mí? ¿Qué has hecho en mi vida para que yo sepa qué tipo de amigo sos?

Eso sí, desde ahora lanzo una advertencia: no lo intenten si no están dispuestos a responder con total sinceridad. Porque sólo quien lo haga con sinceridad, se dará cuenta de quién es Jesús y que no se puede permanecer indiferentes ante alguien así.


 





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