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Escuchar para entender, no para responder.
Ponerle pausa a nuestro diálogo interior para prestar atención al otro


Por: Emilia Naranjo | Fuente: www.somosrc.mx



Típico, tienes mil cosas en la mente que se revuelven todas entre sí, un enojo con tu hermano, le quedaste mal a un amigo que tiene mucho tiempo invitándote por un café, vas atrasado con el trabajo, te urge ponerte a dieta, llevas 3 meses pagados de gym y no has ido, te acaba de llegar un wtsp de tu jefe que le urge para hace 5 minutos un proyecto…

Oh Dios y piensas:  -¡Creo que lo mejor que me pudiera pasar es platicar con alguien!-  en eso, te das cuenta que tu súper amiga, a la que no ves desde hace mucho tiempo, viene hacia ti a saludarte. La saludas con un fuerte abrazo y el saludo típico: ¿cómo has estado? ¡cuánto tiempo sin vernos! Sientes alegría de ver a tu amiga y también alegría de saber que la tensión que sientes en el cuello por andar dándole vueltas a la cabeza con tantas cosas, por fin va a disminuir, porque los psicólogos dicen que ayuda mucho para desahogar el estrés el hecho de hablar las cosas que nos preocupan,  y empiezas a insinuar tu necesidad de desahogo:

-Fíjate que últimamente me he sentido agobiada y con una necesidad muy grande de platicar con alguien, qué bueno que te encontré- , y tu amiga te responde -¡Qué coincidencia! Yo también ahora que te vi, pensé que este encuentro no es casualidad. Quiero contarte que tengo un problemón con mi pareja y ya hasta dejamos de vivir juntos, porque le encontré unas conversaciones en el celular que… bla, bla, bla.-

Y en lugar de desahogarte terminas este encuentro con tu amiga con más estrés y en un estado de ánimo más negativo que con el que estabas… No fuiste escuchado en absoluto, al contrario, terminaste escuchando la historia de tu amiga. En el mejor de los casos pusiste atención, pero es probable que no te hayas podido deshacer de tu diálogo interno y en lo que “escuchabas” estabas pensando en lo tuyo.

¿Te ha pasado?



Creo que es algo que todos hemos vivido de alguna u otra manera, en ocasiones hacemos el papel de la persona incómoda que no deja hablar, algunas veces escuchamos con paciencia, y la mayoría simplemente: ¡NO ESCUCHAMOS!

Mucha parte del tiempo estamos en un diálogo interior y dicen los expertos, no sé dónde pero escuché o leí este dato, que el 90% de los pensamientos que pasan por nuestra mente son pensamientos negativos, esto sólo como dato cultural.

A lo que voy es que es muy difícil ponerle PAUSA a ese, nuestro diálogo interior, que sucede de manera inconsciente. Los grandes maestros del silencio han enseñado la disciplina de detenerlo, lo cual es un camino que dura la vida entera, pero no voy a hablar sobre meditación. Lo que quiero decir, es que con mucha voluntad podemos ser dueños de nuestra playlist mental y decidir poner atención cuando una persona nos está hablando.

Una persona muy sabia pedía a manera de oración que cuando tuviera ganas de ser escuchada, ojalá la vida le presentara a alguien a quién escuchar. Esta frase hace alusión a una actitud sumamente virtuosa a la que llegan los verdaderos maestros de vida, y no es exactamente lo que te quiero proponer, pero creo que definitivamente todos podemos aprender y reeducarnos en nuestra forma de comunicarnos, de manera que lo hagamos en función de un verdadero encuentro personal. Podemos empezar a pedir ser escuchados, es difícil al principio porque no es algo que estemos acostumbrados a solicitar: “Oye (pon el nombre de tu amiga, pareja, mamá) ¿me podrías escuchar?” Al principio te va a hacer una cara de “¿y ahora qué le pasa?” pero si lo dices con convicción es probable que guarde silencio y te escuche. Ojo, no desgastes esta frase porque luego te puedes dar a conocer como “el que le encanta ser escuchado” y no se trata de ponerte de pechito para que te den el avión,  sólo hazlo cuando realmente lo necesites.

Es un poco lo que decía la frase anterior de la persona virtuosa, pero es real, “nadie da lo que no tiene”. Si quieres que te escuchen, primero escucha, pon atención; empieza por tu lenguaje no verbal. Indica que estás realmente interesado en lo que dice la persona, parafrasea sus ideas. ESCUCHA PARA ENTENDER Y NO PARA RESPONDER. Tu objetivo NO es dar consejos, tampoco es dar soluciones: tu objetivo es acercarte lo más posible a la vivencia del que te está hablando. Tampoco hagas juicios sobre lo que te están diciendo, evita los pensamientos en los que juzgues los actos del otro y las actitudes, una vez que realmente escuches la persona se sentirá verdaderamente desahogada y seguramente pedirá tu opinión.



Para este punto me gustaría citar un ejemplo que me compartió una mamá: en Morelia, la ciudad donde vivo, hay muchas taquerías que se llaman “El Infierno”. Un día que traía a sus hijos en el carro, su pequeño de 5 años le dice: «“Mamá, ¿qué es el infierno?” En ese momento me puse a pensar todas las respuestas posibles para explicarle de una manera “bonita” lo que yo entendía sobre el infierno», comenta, «pero hice una pausa y en lugar de responder todas las “explicaciones teológicas para niños” que había pensado, le contesté con una pregunta: “¿El infierno hijo?” “Sí mami, lo que dice ahí…” justo estábamos afuera de la taquería y la señaló, le dije “¡Ah! es un lugar donde venden tacos muy ricos, y en ese momento descansé”».

Es más fácil de lo que parece, empieza a escuchar más y verás cambios reales en tus relaciones interpersonales. ¿Has escuchado que las relaciones son como una planta que para que crezca hay que regarla? Bueno pues aquí te dejo tantita agua.

Las personas con las que más nos conviene poner en práctica estos “hábitos de la comunicación saludable” son aquellas con las que a diario convivimos, a las que vemos más… Sí, lo sé, son exactamente ellas: jefe, compañeros de trabajo, familia, pareja, con las que más nos cuesta tener esa actitud, ya que al estar conviviendo en el día a día, nos come la cotidianidad y poco nos esforzamos para que los encuentros sean de calidad, pero por lo mismo, si mejoramos estas relaciones del diario, por consecuencia, conseguiremos un día a día mucho más armónico.

 





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