Menu



Los Mandamientos de la Iglesia
¿Por qué debemos los católicos obedecer los Mandamientos de la Iglesia?


Por: María Lourdes | Fuente: INFOCATOLICA



Una gran responsabilidad de los católicos es obedecer los Mandamientos de Dios y de la Iglesia. Suele quedar muy claro la importancia de cumplir los 10 Mandamientos de Dios y el Nuevo Mandamiento que nos dio el Señor. Pero, ¿por qué debemos los católicos obedecer también los Mandamientos de la Iglesia? ¿No es suficiente obedecer los otros mandamientos?

Una razón es que necesitamos la gracia divina para la vida de nuestras almas pero no la podemos obtener por nuestra cuenta. “Yo - dice el Señor - doy la muerte y la vida, para que estemos convencidos de que estar muertos al pecado y vivos en el espíritu es un verdadero don de Dios.” (S. Gregorio de Nisa, Hom. 6, sobre el Eclesiastés). El Señor decidió que la plenitud de gracia por medio de los Sacramentos se encontraría en la Iglesia Católica, al darle autoridad a la Iglesia como administradora de su gracia sobre la tierra. Eso confirmó cuando le dijo a S. Pedro: “Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mt. 16,

La Iglesia nos da mandamientos por nuestro bien espiritual, como muestra este fragmento del “Catecismo de iglesia Católica”, 2041-2043

“Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral referida a la vida litúrgica y que se alimenta de ella. El carácter obligatorio de estas leyes positivas promulgadas por la autoridad eclesiástica tiene por fin garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo. Los mandamientos más generales de la Santa Madre Iglesia son cinco:

El primer mandamiento [oír misa entera los domingos y fiestas de precepto] exige a los fieles participar en la celebración eucarística, en la que se reúne la comunidad cristiana, el día en que conmemora la Resurrección del Señor, y en aquellas principales fiestas litúrgicas que conmemoran los misterios del Señor, la Virgen María y los santos (cf. CIC can 1246-1248; CCEO can. 881, 1.2.4).



El segundo mandamiento (confesar los pecados mortales al menos una vez al año, y en peligro de muerte, y si se ha de comulgar) asegura la preparación para la Eucaristía mediante la recepción del sacramento de la Reconciliación, que continúa la obra de conversión y de perdón del Bautismo (cf. CIC can. 989; CCEO can. 719).

El tercer mandamiento (comulgar por Pascua de Resurrección) garantiza un mínimo en la recepción del Cuerpo y la Sangre del Señor en relación con el tiempo de Pascua, origen y centro de la liturgia cristiana (cf. CIC can. 920; CCEO can. 708-881, 3).

El cuarto mandamiento (ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia)asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas; contribuyen a hacernos adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón (cf. CIC can. 1249-1251; CCEO can. 882).

El quinto mandamiento (ayudar a la Iglesia en sus necesidades) señala la obligación de ayudar, cada uno según su capacidad, a subvenir a las necesidades materiales de la Iglesia (cf. CIC can. 222).”

Como recuerda el comentarista Solo doctrina sobre los Mandamientos de la Iglesia: “no cumplirlos, en cualquier tiempo, nos hace caer en pecado, sólo curable con confesión sacramental.” Deberíamos tenerlo en cuenta siempre, pero la Cuaresma facilita particularmente la preparación para el tercero, y aumenta tanto la conciencia del cuarto como las oportunidades que suele haber para la confesión sacramental en las parroquias. Pero, si apreciáramos la grandeza de vivir en gracia con Dios, no nos contentaríamos con esas prácticas mínimas que la Iglesia como Madre nos manda para nuestro bien espiritual.



“¡Oh, sí conociesen los mortales qué gran cosa es la gracia, qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas riquezas esconde en sí, cuántos tesoros, cuántos júbilos y delicias! Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos por el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez de aventuras, para conseguir el tesoro inestimable de la gracia. Esta es la mercancía y logro último de la paciencia. Nadie se quejaría de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte, si conociera las balanzas donde se pesan para repartirlos entre los hombres.” (Sta. Rosa de Lima, “Escritos”. Al médico Castillo, l. c., pp. ,54-55).





Compartir en Google+




Consultorios
Margarita González de Guzmán
Coordinación y formación del catequista
María Luisa Martínez Robles
Catequesis para niños
Marìa Teresa Peñaloza Sanchez
Especialista en pastoral penitenciaria, cursos prematrimoniales, y catequesis dentro de las parroquias
Ma. Elena Miranda
Catequesis dentro de la escuela
Claudia Silva Martínez
Especialista en catequesis parroquial de iniciaciòn cristiana para adulots y jòvenes
P. José Luis Quijano
Asesoría en temas de catequesis
Daniel Cáliz
Pastoral Hispana dentro de la parroquia
[+] Ver más consultores
Reportar anuncio inapropiado |