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No serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre
Reflexión del evangelio de la misa del Viernes 14 de Julio de 2017

El discípulo tendráque dar su máximo para proclamar la cercanía del Reino


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



San Camilo de Lelis
Génesis 46,1-7. 28-30: “Ya puede morir tranquilo, pues te he vuelto a ver”
Salmo 36: “No serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre”
San Mateo 10,16-23: “No serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre”

 

A muchos les parece difícil de entender este pasaje. Apenas acaba Jesús de decirles a sus discípulos que su principal tarea y misión será anunciar la cercanía del Reino y restaurar a todos los que están agobiados por la pena, y ya les está previniendo porque encontrarán adversidades. Uno se imaginaría que si solamente buscamos hacer el bien,  encontraremos siempre gratitudes y alabanzas. Pero con Jesús no fue así y con quien se precie de ser su discípulo tampoco será así. Construir el Reino exige ir a contra corriente en un mundo soberbio que desintegra, que manipula y que divide.

Cuando se proclama la verdad, cuando se lucha por la dignidad de la persona y de todas las personas, cuando se busca la justicia, siempre se encontrará oposición y persecución. Jesús previene a sus discípulos y les pide la sabiduría y la honestidad. Dos imágenes que el campo ofrece aquellos hombres acostumbrados a mirarlas cada día: la serpiente y la paloma, sirven para dibujar el nuevo corazón del discípulo. Nunca se podrá caminar con un corazón hipócrita o dividido, nunca se construirá el Reino con ambigüedades, nunca se puede amar a Dios y al mundo al mismo tiempo, por eso pone a la paloma como modelo de sencillez y lealtad. Pero al mismo tiempo ser discípulo exige inteligencia, entrega plena, sagacidad y tenacidad. No debemos nunca confundir la sencillez con la indiferencia o la apatía. No podemos convertir la paz en la complicidad. No es lícito quedarse de brazos cruzados ante las injusticias. El discípulo tendrá que esforzarse al máximo para proclamar la cercanía del Reino y afrontar las consecuencias de su anuncio. Pero también Jesús nos llena de esperanza porque nos asegura la presencia del Espíritu para fortalecernos e iluminarnos en la adversidad y en el juicio.

El discípulo debe ser la persona más activa, más dinámica y emprendedora por la importancia del mensaje, pero al mismo tiempo debe poner toda su esperanza y su seguridad en la fuerza que otorga el Espíritu. Así no tendremos ni dobleces ni indiferencias, sino la fuerza del Evangelio.







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