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¿Cristo no fundó una Iglesia?
La Iglesia Católica fue fundada por Cristo y escogió a los Doce Apóstoles como parte de la fundación.


Por: Steven Neira | Fuente: Capsulas de Verdad



Se ha vuelto clásico en nuestra sociedad relativista, escuchar afirmaciones como que: “Dios no es religión, Dios es relación”, o “Dios no fundó ninguna iglesia”, alegando que la religión es sencillamente una apreciación humana e imperfecta de cómo o de quién es Dios. Los protestantes  utilizan como bandera de guerra que Cristo no fundó ninguna religión, sino que vino a tener una relación personal, y bajo esta premisa justifican el poder interpretar las Sagradas Escrituras a su antojo, haciéndose de la vista gorda, del precepto bíblico de no interpretar por cuenta propia las Sagradas Escrituras.

 

La Iglesia Católica fue fundada por Cristo y escogió a los Doce Apóstoles como parte de la fundación. Fue justamente a ellos a quienes el Señor les encomendó Su mensaje de salvación. De la misma manera en que Cristo fue enviado por el Padre, los apóstoles fueron enviados por Jesús para continuar su misión durante el resto de la historia. Era eso, o la intención de Cristo era únicamente fundar una secta judía que tendría su final cuando muera el último de los apóstoles. Sin embargo, lo que ocurrió fue todo lo contrario, pues gracias a estos Doce (el fundamento de la Iglesia) el mundo llegó a conocer la Buena Nueva, y de no haber sido por la Iglesia que preservó este mensaje durante los 2016 años transcurridos, jamás hubiéramos conocido quién es Jesús. ¿Necesitamos a la Iglesia? Sí. ¿Por qué? Porque así lo dispuso Jesús.

 

“y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.”



 

CON RESPECTO A LA RELIGIÓN

 

Es importante conocer que el mismo Cristo siguió una religión, la judía. Hasta su muerte y resurrección, Jesucristo vivió su vida bajo la antigua alianza, y por lo tanto bajo la ley de Moisés, es decir, estuvo obligado a obedecer todos los mandamientos de la ley que se aplicaba a los judíos en general (pues había ciertos mandamientos que se aplicaban sólo a grupos, como los sacerdotes y levitas). Es a esta religión justamente a la que se refiere cuando declara que no vino a abolir la ley o los profetas, sino a darles pleno cumplimiento. Luego, será Santiago quien hablará sobre la santidad de la verdadera religión. Más aún, el mismo San Pablo (del cual los protestantes son fan número uno en sus prédicas), será objeto de juicio ante el mismísimo César, por cuestión de ser fiel a su religión y a la predicación de Jesús.

 



Cuando las Escrituras nos enseñan que el Señor no vino a abolir la ley y los profetas sino a darles cumplimiento, no está expresando otra cosa sino la perfección de la religión judía, que esperaba con ansias la venida del Mesías anunciada por los profetas durante siglos. Es decir, que Jesús no vino a abolir la religión, sino a perfeccionarla, y es entonces cuando surge el Cristianismo. Siendo esto así, no comprendo cuál es la fobia que tienen ciertos protestantes con respecto a la religión, siendo que es justamente lo que Cristo instituyó en la Iglesia y que quedó confirmado en los apóstoles, y en la autoridad a ellos conferida.

 

SOBRE LA IGLESIA

 

Muchos cristianos dicen que aman a Jesús, que lo aceptan como su Señor y Salvador, y que buscan seguirle en todo lo que hacen. Esto está muy bien; es a lo que se supone debe parecerse nuestra relación con Jesús. El problema es que muchas de estas personas dicen no necesitar de la Iglesia como parte de esta relación.

 

¿Por qué es esto un problema? Porque la Iglesia fue establecida por Jesús como continuación de Su misión, por lo tanto, rechazar a la Iglesia es en última instancia un rechazo a Jesús, que fue quien la estableció. Ahora, antes de explicar esto, quisiera especificar a qué me refiero con el término “iglesia”. La palabra “iglesia” puede tener tres significados diferentes.

 

Primero se puede referir a un edificio, el lugar en donde se reúnen los cristianos a hacer oración y adorar.

También a su vez se puede referir al grupo de creyentes, todos aquellos que creen en Cristo alrededor del mundo, y que estamos unidos por una sola creencia.

Pero también se puede referir a la institución que lidera y gobierna a todo el Pueblo de Dios.

Ahora, no hay ningún problema entendiendo los dos primeros conceptos (la iglesia como edificio o como conjunto de cristianos), pues todos los cristianos generalmente están de acuerdo con que es bueno tener un lugar dónde reunirse, y a su vez la mayoría acepta el hecho de que existe un lazo que nos une a todos los que creemos en Cristo, a lo que llaman “iglesia”. El verdadero problema es el de la “iglesia” como institución, es decir “Iglesia” con “I” mayúscula. Cuando se trata de la idea de una “Iglesia” como institución (con jerarquía, estructura, reglas, etc.), muchos cristianos trazan la línea. Incluso dirán que Jesús nunca tuvo la intención de fundar una Iglesia en ese sentido. Pero si es ese el caso, ¿de dónde salió esta Iglesia (con “I” mayúscula)?

 

Antes de responder esta pregunta, ¿podemos admitir que si es que en realidad existe una Iglesia que fue establecida por Cristo para continuar Su misión, esta Iglesia debería ser muy importante, verdad? Y, ¿si es que existe una institución a la que se le dio la misión y la autoridad de guiar a los seguidores de Cristo hasta que El vuelva, sería importante escuchar lo que esta Iglesia tiene que decir? Pues así parecería. Entonces, la pregunta sería: ¿Jesús estableció una Iglesia así? Y si así fue, ¿dónde está?

 

RESPUESTA A TANTAS PREGUNTAS

 

Me disculparán si bombardeé de preguntas un solo párrafo. La respuesta a la primera pregunta es si, Jesús estableció una Iglesia, y esta Iglesia tiene como fin la continuación de Su misión de reconciliar a la humanidad con Dios, y de enseñarnos cómo vivir. En cuanto a la segunda pregunta, bueno, esta Iglesia es la Iglesia Católica fundada hace dos milenios por Jesús en Persona. ¿Cómo lo sabemos? – Sócrates estaría orgullo de mí por tantas preguntas –.

Si prestamos atención a la relación de Jesús con sus apóstoles durante Su ministerio, podremos darnos cuenta que estuvo reuniendo a un grupo específico de entre Sus seguidores, los cuales habría de ponerlos como líderes de la comunidad después de que volviera al Padre. Este hecho es irrefutable, pues así lo comprobamos al evidenciar que de todos Sus discípulos, escoge doce hombres a los que El llamó apóstoles (muchas veces referidos como los Doce). De toda la gente que le seguía (Sus discípulos) Jesús escoge particularmente a doce hombres para un rol y propósito específicos en la comunidad. Es justamente a estos apóstoles a los que Jesús les da la misión de enseñar y bautizar en Su Nombre y con Su autoridad. Lo interesante aquí, es que Jesús dice repetidas veces en el Evangelio, que Él fue enviado para hacer las obras del Padre. La misión de Jesús está enraizada – en otras palabras – en la voluntad del Padre que lo ha enviado. Pero es exactamente el mismo patrón que sigue Jesús con los apóstoles. ¡Es más! Cristo al aparecerse ante los apóstoles, después de Su Resurrección, les dice: “(…) como me envió mi Padre, así os envío yo".

 

Los apóstoles (al igual que Jesús) no van por allí predicando porque les dio la gana, sino porque Jesús los envió con Su autoridad y recibieron de Él una misión. Estos doce apóstoles son el fundamento de la Iglesia Católica que ha continuado desde los apóstoles al papa y los obispos que tenemos hoy. Sobre esto, aquí[7] – como en cualquier otro lugar que deseen – pueden encontrar la lista completa de todos los papas, desde San Pedro hasta Francisco.

 

CONCLUSIÓN

 

Decir que amamos a Jesús, pero que no necesitamos a la Iglesia (con “I” mayúscula) no tiene sentido.  Cristo la ha fundado, no para que dieciséis siglos después vengan a aparecer “nuevas iglesias” o “nuevos profetas” que propongan una vida “sin religión”, sino para que nos mantengamos fieles a Su enseñanza, la cual fue transmitida por los apóstoles (que son el fundamento de la Iglesia) y continuada por sus legítimos sucesores.

 

Quien habiendo comprendido toda la argumentación bíblica e histórica, sigue manteniendo neciamente la postura de que es posible amar a Jesús y rechazar a la Iglesia o “anular” la religión, debe al menos aceptar que ha rechazado la enseñanza de los apóstoles, y por tanto a Quien los ha enviado.

 





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