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¿De qué manera el sacerdote nos ayuda a prepararnos para la muerte?
Cuando se aproxima a la muerte debe asegurarse a la persona el amor y la misericordia de Dios


Por: Roxanne KIing | Fuente: es.denvercatholic.org



Dios siempre da una oportunidad a quien se arrepiente y quiere volver hacia Él. Aún si está a pocos segundos de morir. Así sucedió al Buen Ladrón a quien Jesús le dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23, 43).

Para saber más sobre el apostolado a los moribundos, entrevistamos al padre Joseph Hearty, vicario parroquial de Our Lady of Mount Carmel en Littleton, cuyo ministerio se ha basado especialmente en asistir con los sacramentos a quienes están en la fase final de sus vidas.

¿Qué sacramentos se ofrecen a las personas que están en una fase terminal?

“El sacramento principal es la Unción de los enfermos, y se les motiva también a que recurran al sacramento de la Confesión. La gracia que reciben a través de estos sacramentos y la paz que se les otorga -especialmente desde el perdón de los pecados hasta la preparación para la eternidad- y desde la recepción de la Eucaristía es un gran regalo. Entonces les administramos la Unción de los enfermos, la Confesión y la Comunión (llamados también el viático, cuando se recibe por última vez. Cuando se reciben estos tres sacramentos a la vez lo llamamos “los últimos ritos”)”.

¿Cómo la Unción de los enfermos prepara a la persona para la muerte?



“Hay un aumento de la gracia, como en cualquier otro sacramento, y una ayuda sobrenatural de Dios. La carta del apóstol Santiago 5, 14-15 dice: ‘¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados’. Este sacramento prepara al alma para el juicio y para la eternidad”.

¿Qué tipo de oraciones se pueden decir ante los moribundos?

Las más comunes: Padre Nuestro, Avemaría, Gloria y el Acto de Contrición. Pedimos a Dios la gracia para que la persona se esfuerce -como deberíamos también esforzarnos nosotros- en hacer una enmienda de vida. Pedimos perdón por los pecados, buscamos cooperar con la gracia de Dios y vivir como Dios quiere, de acuerdo con los mandamientos y con nuestro estado de vida.

Hay también oraciones particulares en el Ritual Romano que ha preparado la Iglesia para los moribundos. Oraciones a Santa María, a San José, patrón de la buena muerte, y algunos salmos particulares que ayudan a la persona a que se dé cuenta de la realidad de la vida eterna. Todo esto es para facilitar, para disponernos a la gracia de Dios y para pensar en la realidad de nuestros últimos días y del juicio que todos enfrentaremos; ya sea que vivamos una vida larga o corta, debemos darle cuentas a Dios sobre esto.

En mis homilías durante los funerales yo siempre menciono dos citas: Una de San Roberto Belarmino: “El primero y más universal precepto para morir bien, es vivir bien”, y San Agustín quien dijo: “Dios promete la misericordia, pero no promete el mañana””.



¿Cómo se aproximan los sacerdotes a la persona moribunda?

“Normalmente no conoces a la persona ni sabes de su vida. Yo trato de no generar temor. Aunque el Concilio Vaticano II cambió el nombre de Extremaunción a Unción de los enfermos, la gente sigue teniendo miedo de que venga un sacerdote a ungirte, porque eso significa que vas a morir. Este nunca ha sido el sentido de la Unción de los enfermos. La Iglesia le ha cambiado el nombre para enfatizar que el sacramento puede ser recibido no solo en los últimos momentos.

Cuando nos aproximamos a la muerte, debemos asegurar a la persona el amor y la misericordia de Dios. En mi ministerio, he visto muchas veces que este sacramento se da por la providencia de Dios. Es así como Él quiere acercarse a prepararnos para la eternidad.

Yo trato de conocer un poco más a las personas a quienes asisto, quiénes son y qué tanto fe tienen. Trato de aliviarlos diciéndoles que éste es el tiempo que Dios les está concediendo y que vamos a usarlo para que pueda aprovecharlo de la mejor manera. Cuando el paciente o el feligrés se da cuenta de que tú no vas a predicar “fuego y azufre”, se abre con más facilidad. Éste es un momento de gracia. Tratamos de facilitar esta apertura lo más que podemos con los sacramentos, con visitas, y con tiempo para la oración, no solo para el paciente sino también para la familia”.

¿Cómo conforta a las personas?

“Les ayudo a que se den cuenta de que son hijos de Dios y por virtud de su Bautismo ellos tienen ahora la oportunidad de alcanzar mucho más y de usar estos últimos días o meses para que sean conscientes de la eternidad y cuál es la mejor manera de emplear este tiempo, no con desesperación sino con esperanza.

Nos enfocamos en lo que Cristo ha hecho por nosotros y en que el paciente se pregunte: ¿Qué puedo hacer yo por Él? Dios respeta nuestra libertad y nuestra capacidad de elegir. Yo los ayudo a hacer un acto de contrición, les ofrezco los sacramentos, las bendiciones apostólicas. Les aliento a que se entreguen a la Virgen rezando el rosario o la Coronilla de la Divina Misericordia. Estas cosas recuerdan que Dios los ama”.

¿Qué palabras les dice?

“Depende de cada individuo. No existe una fórmula. Muchos de ellos han sido buenos católicos que practican su fe, lo cual es muy fácil. En otros casos, depende de en qué punto están en su fe y de cuántas luchas han tenido. Yo siempre les digo que Dios los ama y que siempre es providente con ellos, y los animo para que sean positivos, buenos y santos”.

¿Cómo se siente al ejercer el ministerio de los moribundos?

“Siempre he tenido una sensibilidad hacia los enfermos y los moribundos. Recuerdo que cuando estaba en la escuela, era voluntario en un hospital. Siempre me han interesado estos aspectos del sacerdocio. Es una parte importante de nuestra vocación como sacerdotes. Un santo dijo que, si ayudamos a facilitar la salvación a un alma, esto contribuirá a nuestra propia salvación. Como dicen las escrituras “La caridad cubre multitud de pecados” (1 Pe 4, 8)”.

Santa Faustina dijo que incluso si la persona es inconsciente, su alma aún está despierta y puede responder al llamado de Dios a la salvación ¿Cuál es su experiencia en estas situaciones?

“Dicen que el ultimo sentido que se pierde antes de la muerte es el del oído y esto siempre me alienta. Incluso si la persona no da ninguna respuesta, yo me puedo inclinar a su oído, decirle quién soy, por qué estoy ahí y alentarlo a decir una oración conmigo. Incluso si no son receptivos, pueden escuchar y saber que estoy ahí”.

¿Hay alguna promesa especial relacionada con la oración de la coronilla de la misericordia a los moribundos?

“Incluso si el paciente no conoce la Coronilla y no está orando con nosotros, nosotros estamos orando por ellos. Como dijo nuestro Señor a Santa Faustina, las promesas de gracia y misericordia están disponibles incluso para aquellos que la escuchan. Nosotros también alentamos a que fomenten esta devoción por su cuenta”.

¿Y qué pasaje bíblico se les lee a los moribundos?

“Algunos salmos, especialmente el salmo 51 Miserere (Ten Misericordia), que es hermoso. “Pues no te agrada el sacrificio, si ofrezco un holocausto no lo aceptas. El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias”. También se lee antes del funeral, antes de la procesión del cuerpo a la Iglesia. Yo me pongo un poco emocional con esto porque es verdad, podemos hacer cosas grandes, pero si estuviéramos lejos de Dios, esto no significaría nada”.

Artículo originalmente publicado en DenverCatholic.org

 





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