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El autoestima de mi hija
Claves para fomentar desde pequeñas, la autoestima de nuestras hijas


Fuente: lafamilia.info



Como hemos explicado anteriormente en LaFamilia.info, los hijos y las hijas tienen necesidades educativas diferentes. Así que estudiaremos la autoestima de las niñas y cómo los padres podemos ayudar a fortalecerla, puesto que desde el hogar se puede hacer mucho por construir un auto concepto sano y positivo.

 

Una tarea que empieza al nacer

 

Una sana autoestima es una especie de “blindaje” ante las amenazas del entorno. Es una herramienta que da criterio ante las opiniones de los demás y es determinante para defender las propias convicciones. Además ayuda a tomar decisiones acertadas.



 

La autoestima se construye poco a poco y mucha parte se hace al interior de la familia. Desde el conocimiento de los hijos, los padres deben potenciar las fortalezas y trabajar las debilidades, ejercicio que genera confianza en ellos mismos.

 

Esta tarea debe comenzar desde la primera infancia y se irá reforzando durante todo el desarrollo físico y emocional de la niña, de esta manera se sembrarán unas bases sólidas para afrontar una de las etapas más vulnerables: la adolescencia. En ésta, la autoestima se pone a prueba y aunque es propio de la edad sentir inseguridades y temores, un buen trabajo previo, ayudará a aminorarlos.

 

La autoestima en la mujer

 

Una parte importante de la autoestima se basa en la percepción de la apariencia física, en especial en la mujer. Y es que la naturaleza femenina lleva marcada la necesidad de vigorizar el auto concepto y la seguridad en sí misma, de ahí que solicite la aceptación de los otros y algunas veces reclame más atención de lo que conviene. Hay que trabajar entonces el concepto del “amor propio” para que ellas se acepten tal como son, y así evitar que caigan en situaciones desfavorables como desórdenes alimenticios, adicciones y muchas otras.

 

Los padres, y principalmente las madres, tienen una gran influencia sobre sus hijas en este aspecto. Por eso hay que evitar lo siguiente:

 

No convertir el tema del cuerpo en una obsesión. Algunas veces las madres -sin intención de causar daño- hacen comentarios sobre el peso o talla de sus hijas, y ellas de forma inconsciente, comienzan a sentirse bien o mal por este aspecto, creando poco a poco un prejuicio peligroso.

 

No maldigas de tu cuerpo frente a tu hija. “La madre, o la figura que la represente, es el primer modelo de identificación de toda mujer; por eso, resulta básico en la construcción de la autoestima”, explica la psicóloga Ernestina Arhancet. Lo que la madre haga o diga al respecto, tendrá un efecto directo en su hija e influenciará su forma de auto percibirse.

 

No le digas que haga ejercicio ni dieta por su cuerpo. Mejor motívala a llevar una vida sana por los beneficios que ello representa para su salud tanto física como mental, pero hay que sacar de toda finalidad el tema estético.

 

No hagas comparaciones. “Las comparaciones son odiosas” dicen por ahí, y en este caso sí que lo son. La maravilla de la creación humana forja a cada persona única e irrepetible, por tanto no hay comparación válida.

 

No cofundamos la autoestima con la egolatría. Una sana autoestima no es sinónimo de presunción, engreimiento ni petulancia; por el contrario, la autoestima se fundamenta en el conocimiento propio y esto incluye las debilidades, de este modo ayuda a la aceptación de las limitaciones y permite superar más fácilmente los niveles de frustración.

Sin embargo todo el bombardeo publicitario al que son sometidas desde muy pequeñas, no ayudan para nada: refuerzan sus inseguridades, les crean falsas expectativas y las encasillan en un modelo de belleza único. Es necesario explicarles e insistirles que su autoconcepto no debe partir de la belleza, hay que sacar de su mentalidad que el valor de una persona se da únicamente por el aspecto físico. Todas las mujeres son bellas por el hecho de poseer una esencia femenina y así deben sentirse.

 





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