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¿Dónde y de dónde rezar?
Mediante mi oración me hago uno con el amor de Cristo y comprendo que orar es amarle


Por: Sebastián Rodríguez, LC | Fuente: https://elblogdelafe.com



Luego de reflexionar sobre los beneficios y formas de oración en el artículo anterior iremos concretizando el tema. En esta ocasión veremos dónde rezar y en qué basarnos para hacer oración. Sobre lo primero no hablaremos mucho, pues lo importante es que sea un lugar donde a nosotros nos ayude a tener un diálogo personal con nuestro Señor, un lugar de silencio. La Iglesia presenta como prioridad los lugares donde Cristo está físicamente presente, la Eucaristía. Puede ser una Capilla, una Iglesia y mejor aún si el Santísimo está expuesto. Pero también podemos rezar en nuestra habitación, frente a un crucifijo, o a una imagen. A alguno le puede ayudar escuchar canciones espirituales para reflexionar y entrar en diálogo con Dios. A otro comenzar con una oración espontánea u a otro usar una oración ya escrita por otro. Lo importante ya lo dijimos: dialogar con Dios. L

 

La oración no es más que una conversión con el mejor de los Amigos. Incluso podemos rezar en el coche, en el transporte público, mientras trabajamos, estudiamos, cocinamos o jugamos.

 

Para entrar al tema de la fuentes o de dónde sacar material para nuestra oración, les presento la siguiente frase:



 

 

 

especialmente el Evangelio me interpela durante mi oración interior; en él encuentro todo lo que necesita mi alma. En él descubro continuamente nuevas perspectivas, contenidos escondidos y misteriosos” (Sta. Teresa de Jesús)

 



El Evangelio efectivamente es una de las fuentes de la oración, pero marquemos ese “especialmente” que dice la santa porque toda la Sagrada Escritura nos habla de Dios. Podemos decir como san Jerónimo: “el desconocimiento de la Escritura, es desconocimiento de Cristo”.

 

Entonces la Escritura es la primera fuente, pero los católicos tenemos otras ayudas para rezar. Siguiendo lo dicho anteriormente sobre la Palabra de Dios, podemos decir con la Dei Verbum n. 9 que la Palabra de Dios es la Escritura entendida bajo la Tradición de la Iglesia. Lutero fue quien enseñó la doctrina de la “sola Escritura”, con la que inició el protestantismo quienes entienden literalmente la Biblia. Nosotros, en cambio, sabemos que la Sagrada Escritura no es un libro de historia y hay que saber interpretarla.

 

Es así cómo llegamos a la segunda fuente presentada por la Iglesia: la tradición apostólica.  Cuando vamos a Misa, por ejemplo, el sacerdote nos explica lo leído en las lecturas durante la homilía. Existen también muchos libros de comentarios exegéticos (los que nos explican los diferentes pasajes de la Biblia), mostrándonos qué es lo que dice la Iglesia de cada uno de ellos. ¡Cuántos textos podemos encontrar de los primeros Padres de la Iglesia sobre estos temas!

 

Otras fuentes son los libros de tantos santos y santas que nos pueden ayudar a rezar, al ver su ejemplo. Podemos leerlos y ver cómo ellos rezaban, cómo vivían, cómo entendían los misterios de Dios y así podemos aprender del legado que ellos nos han dejado, aplicándolo en nuestra propia vida.

 

La Iglesia también tiene como fuente la Liturgia (la Misa). Es una forma comunitaria de hacer oración donde nos beneficiamos al ver a otros rezando a nuestro lado.

“Recitad entre vosotros Salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor” (Ef. 5,19).

“La familia que reza unida, permanece unida” (San Juan Pablo II).

 

Ahora cabe preguntarnos, ¿qué tanto me concentro en la Misa para ayudarme y ayudar a otros a hacer oración?, ¿voy a Misa los domingos para rezar en comunidad, para escuchar la homilía y ver qué me quiere decir Dios con las lecturas propuestas?, ¿medito o reflexiono sobre las partes de la Misa para hacer oración?

 

Otra fuente que nos presenta la Iglesia son las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad). Pedimos fe para ver el rostro de Cristo entre nosotros y facilitar nuestra oración. Toda la Liturgia apunta al retorno de Cristo, aumentando nuestra esperanza. El amor al prójimo debe ser fuente de nuestra oración para ver cómo Jesús nos ama y cómo nosotros debemos vivir la caridad con los demás.

 

Por último, la Iglesia nos invita a tener por fuente los acontecimientos del día a día. Todo nuestro día puede ser una oración. Reflexionar en las cosas buenas o no tan buenas que nos pasan nos ayuda a ver a Dios en todo y responder en oración el ¿qué ha pasado?, ¿por qué?, ¿para qué?, ¿qué me quiere decir Dios con esta dificultad? Madre Teresa de Calcuta dijo cuando le preguntaron sobre por qué ayudaba a los más pobres: “mi secreto es muy sencillo: yo rezo. Y mediante mi oración me hago una con el amor de Cristo y comprendo que orar es amarle, que orar es vivir con él y esto significa hacer verdad sus palabras. Orar es para mí estar 24 horas al día unida a la voluntad de Jesús, vivir para él, por él y con él”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





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