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Propuestas pastorales ante las sectas
Se proponen propuestas que en su conjunto pueden ser muy utiles y eficaces para salir al paso de este fenomeno expansivo.


Por: P. Rafael Jacome | Fuente: Tiempos de Fe, Anio 5, No. 25, Enero - Febrero 2003



No es fácil responder a un fenómeno tan amplio y complejo con recetas de efecto automático porque son múltiples los elementos que influyen en esta situación.

No se trata de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de la cultura para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz (Nuovo Millenio I n.2).

De todas formas para ser pragmáticos y concretos presentamos una batería de propuestas que en su conjunto pueden ser muy útiles y eficaces para salir al paso de este fenómeno expansivo.

1. Presencia de calidad de los pastores, obispo y sacerdotes en la vida de todas las comunidades.

Haciendo propias palabras del Santo Padre: "a ejemplo del Buen Pastor, los pastores deben apacentar al rebaño que les ha sido confiado y defenderlo de los lobos rapaces." En este sentido el ejemplo de Juan Pablo II es significativo.



No basta ir a los pueblos, iglesias colonias y hacer acto de presencia. Hay que lograr una labor de calidad de acuerdo a planes estratégicos de evangelización. Todos trabajamos mucho, aquí lo importante es trabajar de acuerdo a un plan y con objetivos y prioridades claras.

2. Testimonio de vida santa de todos los agentes de pastoral.

Pablo VI en Evangelii Nuntiandi dula que en nuestra época hacen falta más testigos que maestros. La perspectiva en la que debe situarse el camino para la contención de las sectas es el de la santidad. Hoy es más que nunca es una urgencia pastoral.

Solo a partir de una espiritualidad misionera será posible encontrar los "nuevos métodos" y "nuevas expresiones" que reclama la nueva evangelización. El reto de las sectas reclama actitudes nuevas por parte de los evangelizadores, que se puede concretar en la "espiritualidad misionera". No se trata de una reflexión teológica sobre el tema, sino de discernir esas exigencias y señalar las actitudes que debe asumir el evangelizador.

Es claro que para lograr esta espiritualidad misionera es necesaria una radical conversión de la mentalidad para hacerse misioneros, y esto vale tanto para los misioneros como para las comunidades. Por último conviene recordar que no podemos predicar la conversión si no nos convertimos nosotros mismos primero cada día (RM47).

3. Elevar el nivel de formación de los agentes de pastoral y de los fieles.

Las sectas, sobre todo, amenazan la fe de aquellos católicos que no siempre han llegado a la madurez. Ante esto, la Iglesia y cada agente evangelizador deben tener siempre presente la importancia de formar a los católicos y de ayudarlos a crecer en el conocimiento y vivencia su fe. Hoy día, para el católico no basta una catequesis genérica, "como si las sectas no existieran". Por lo tanto el católico tiene que sentirse seguro en su Iglesia, capaz de dialogar con todos y al mismo tiempo resistir frente a cualquier intento de manipulación.

A mayor preparación humana, espiritual, intelectual y social, el éxito de la evangelización será mayor. La falta de formación no se suple con nada; ni con el fervor, ni con un gran corazón, ni con talento, ni con brillantes proyectos pastorales.

Es ingenuo suponer que podemos contener esta avalancha con agentes de pastoral deficientemente pertrechados en su formación personal.

4. Vivencia personalizada de la propia fe.

Es necesario que los fieles pasen de una fe rutinaria, quizá mantenida solo por el ambiente, a una fe consciente, vivida personalmente. La renovación en la fe será siempre el mejor camino para conducir a todos a la verdad que es Cristo (Cfr. Ecclesia in America 73).

5. Valorar la importancia de la Iglesia como el lugar de la salvación operada por Cristo.

Es de suma importancia afianzar la identidad de la Iglesia, haciendo de ella el pueblo de Dios unido por la caridad.

Facilitar en los fieles la experiencia de una Iglesia Madre, que acoge con ternura y atiende con solicitud a todos sus hijos, sobre todo en esta región donde perdura en el pueblo católico la imagen y recuerdo de una Iglesia maternal que comenzó la obra de la evangelización defendiendo y protegiendo a los débiles oprimidos.

6. Crear proyectos de evangelización viables y funcionales, realistas, de acuerdo a la situación de las comunidades.

No bastan propósitos genéricos. Hay que ser prácticos e imponerse metas, que representen un reto a la propia capacidad de entrega. Que se trate de algo que se pueda realmente lograr, para evitar después amargas decepciones y desaliento.

7. Sumar los esfuerzos y los carismas de todas las fuerzas vivas de la diócesis y parroquias bajo el común denominador del Plan Pastoral diocesano.

Antes que nada, propiciando una buena infraestructura pastoral para que todos los miembros de la Iglesia sean debidamente atendidos y, al mismo tiempo, estar en condiciones para una actividad específicamente misionera.

8. Crear estructuras permanentes de evangelización para dar continuidad a los proyectos por encima de las personas.

Los "vacíos pastorales" siguen siendo aún la causa principal del éxodo de los católicos hacia las sectas. No olvidemos que las personas pasan; los proyectos y obras quedan y dan continuidad a nuestra labor.

9. Crear proyectos misionales de conversión a la fe católica.

Es un hecho que las sectas avanzan, estas se hacen presentes particularmente donde existe abandono y problema. Tratan de dar respuesta a la gente. Las sectas han crecido por ser misioneras.

No se trata de volver sólo a la misión rural sino de realizar la misión poblacional, poner de tiempo en tiempo las parroquias en estado de misión. Importante será para los católicos la experiencia de la misión personal.

La misión católica de calidad puede en la mayoría de los casos contrarrestar los efectos nocivos que dejan las sectas en la población católica.

10. Crear programas de recuperación del católico que regresa a la casa del Padre.

La recuperación del católico que ha pasado a formar parte de las sectas no es sencillo, se necesita una pastoral muy completa, desde luego tiene que contarse con un grupo de personas especializadas en el conocimiento de los aspectos psicológicos, doctrinales, emocionales y humanos. El católico recuperado debe encontrar una cálida acogida en la Iglesia para poder ser rehabilitado, evangelizado en la sana doctrina, e incorporado a la tarea apostólica de la comunidad.

11. Aprovechar la religiosidad popular.

La piedad popular, considerada justamente como un "verdadero tesoro del pueblo de Dios", manifiesta una sed de Dios que sólo los sencillos y los pobres pueden conocer; vuelve capaces de generosidad y de sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe; comporta un sentimiento vivo de los atributos profundos de Dios (cfr Directorio sobre la piedad popular y la liturgia n 9)

12. Vida cristiana familiar.

Conviene procurar que, mediante una educación cristiana cada vez más completa, las familias cristianas ofrezcan un ejemplo convincente de la posibilidad de un matrimonio vivido de manera plenamente conforme al proyecto de Dios y a las verdaderas exigencias de la persona humana: tanto la de los cónyuges como, sobre todo, la de los más frágiles que son los hijos (Nuovo Millenio 49).

13. Catequesis fuertemente cristocéntricas y mariana.

La experiencia enseña que quienes han cultivado con intensidad la devoción al misterio de la Eucaristía, la participación litúrgica y sacramental, así como el amor a la Santísima Virgen María y la fidelidad al Papa, permanecen dentro de la Iglesia y si alguna vez se van, regresan por la nostalgia de estos bienes que fuera no encuentran.

14. Renovar el ministerio del catequista como un instrumento estable y respaldado por la jerarquía para desarrollar la nueva evangelización.

Es muy conveniente por ser el catequista parte vital en la predicación y en la vida de la Iglesia.

15. Evangelizadores de Tiempo Completo.

Son laicos que contando con una sólida formación en la fe, trabajan de tiempo completo en la evangelización de sus propias comunidades, siendo un apoyo muy valioso para el párroco y un muy completo agente evangelizador. Con la presencia de Evangelizadores de Tiempo Completo, podemos resolver la urgente necesidad de catequistas permanentemente actualizados en la formación pedagógica y doctrinal.





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