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El valor del perdon
El perdon es la condicion fundamental de la reconciliacion de los hijos de Dios con su Padre y los hombres entre si.


Por: Silvia Moreno | Fuente: Tiempos de Fe, Anio 4, No. 24, Noviembre - Diciembre 2002



Perdonar de corazón es uno de los grandes retos del hombre. A veces decimos que perdonamos, pero no olvidamos. Cada vez que vemos o escuchamos a esas personas recordamos el asunto.

Existen varias actitudes negativas contra el perdón.

- Cuando en el trato con otras personas, por cualquier desavenencia, aparecen sentimiento de envidia, odio, rencor o deseos de venganza.

- Cuando mal interpretamos una sonrisa, mirada, gesto.

- Cuando la imaginación y el egoísmo pueden convertirse en causa de resentimiento.



- Cuando nos ofendemos porque nos excluyen de una comisión o de un reconocimiento.

- Cuando nos sentimos resentidos porque no nos invitan a tal o cual evento.

Es necesario recordar que los sentimientos negativos pueden ser mutuos debido a un mal entendido, a la imaginación o anticipación de los hechos. Nosotros no perdonamos porque otros no nos perdonan.

También existen actitudes positivas que ayudan a saber perdonar.

- Si el malentendido surgió en nuestra mente solamente, no hay por qué seguir lastimándonos con resentimientos.



- No hacer juicios sin antes preguntarnos por qué nos sentimos agredidos y buscar la causa: egoísmo, imaginación, susceptibilidad.

- Si nos sentimos lastimados por pequeñeces que carecen de verdadera identidad, debemos olvidarlas.

- Una actitud valiente de perdón y humildad obtendrá lo que la venganza y el odio nunca pueden y es lograr la armonía.

- Debemos pasar por alto los detalles pequeños que no nos gustan.

Se requiere de un amor muy grande, en ocasiones heroico para saber acallar los gemidos del propio orgullo herido, y deponer todo resentimiento y deseo de venganza. Debe prevalecer la ley del Perdón y del Amor.

Debo meter un termómetro en mi corazón y responderme como esposa, madre, amiga: ¿Estoy perdonando de corazón? o ¿Vivo con el rencor que termina siendo veneno?

Perdonar es más sencillo de lo que parece. Todo está en la forma de mantener una convivencia sana en la familia, el equipo, la sociedad. Nunca dejarnos llevar por nuestros sentimientos negativos.

El perdón para los cristianos

En el Evangelio aparece la misericordia de Jesús para los pecadores, como una constante y vemos que se repite varias veces: los atiende, se deja invitar por ellos, los comprende. A veces los fariseos lo criticaban por ello, pero Cristo los recrimina diciéndoles que el Hijo del Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido.

Jesús en el Evangelio en varios momentos nos enseña y demuestra su inmensa misericordia para perdonar:

Perdón de las ofensas

"Pedro se acercó entonces y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces? Dícele Jesús: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete" (Mt 18,21)

En la comunidad de Jesús el perdón no tiene límites

"Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano" (Mt 18, 35 Parábola del siervo sin entrañas donde al que se resiste a perdonar, Jesús le invita, a considerar sus deudas con Dios).

Jesús perdona los pecados

Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: "Hombre, tus pecados te quedan perdonados" -(Lc5, 20)-

"Incorporándose, Jesús le dijo: "Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado" Ella respondió: "Nadie, Señor". Jesús le dijo: "tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más":

(Curación de un paralítico).

Cuando nuestras familias, amistades, nos abandonen en los problemas serios de la vida, debemos recordar el inmenso ejemplo de Jesús traicionado, abandonado pos sus amigos, negado por Pedro tres veces, ultrajando, crucificado por todos nosotros. Y Jesús decía: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen" (Lc. 23, 34) No cabe duda que el perdón es la corona del amor.

Perdona nuestras ofensas...

Diariamente, tenemos que pedir perdón a nuestro Padre con la oración que Jesús nos enseñó, el Padre Nuestro.

Aún purificados por el agua bautismal, no dejamos de pecar, nos volvemos a Él como el Hijo pródigo (Lc, 15, 11-32) y nos reconocemos pecadores ante Jesús como el publicano (Lc 18, 13), afirmando al mismo tiempo nuestra miseria y su misericordia. "Confesión de pecado, confesión de misericordia" (San Agustín). Lo temible es que este desbordamiento de misericordia no puede ser para nuestro corazón mientras no hayamos perdonado a los que nos han ofendido. No podemos amar a Dios a quien no vemos, si no amamos al hermano y a la hermana a quien vemos.

Al negarse a perdonar a nuestros hermanos, el corazón se cierra, y en a confesión del propio pecado, el corazón se abre a la gracia de Dios.

Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden

Jesús nos enseña: "Sed perfectos como es perfecto nuestro Padre celestial" (Mt 5, 48). "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Lc 6, 30)

Así la unidad del perdón se hace posible perdonándonos mutuamente como nos perdonó Dios en Cristo.

El perdón es cumbre de la oración cristiana. Llega hasta el perdón de los enemigos, da testimonio de que en nuestro mundo el amor es más fuerte que el pecado. El perdón es la condición fundamental de la reconciliación de los hijos de Dios con su Padre y los hombres entre sí.





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