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La familia alargada: los abuelos
La ternura es un lenguaje que hace bajarme al nivel del otro.

Esta es la hora de animar a los abuelos a soñar. Tenemos necesidad de los sueños de los abuelos. Y de sentirles estos sueños.


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net




La, sociedad de hoy ha privado de su voz a los ancianos. Los hemos privado de su espacio, les hemos privado de contarnos su vida, sus historias, sus vivencias.


Es evidente que más medios no quieren decir siempre más felicidad.


 Ahora condenamos a los ancianos al gueto de las residencias asistidas, donde básicamente solo se relacionan con personas de su edad, sin el estímulo de generaciones más jóvenes.


En estos entornos, el rey de la conversación es la soledad interior y la conversación sobre achaques y enfermedades. ¿Quién pueden extrañarse que muchos se despierten con un bonjour tristesse?


¿Por qué crece el número de animales de compañía mientras decrecen, hasta lo insostenible, los hijos?




¡Qué extraños mensajes envía esta sociedad!  (Josep Miró)

 

La soledad es cuando uno está rodeado de personas pero el corazón no ve nadie cerca (Luis Gonzaga Pinheiro)


Los hemos arrinconado y así hemos perdido la riqueza de su sabiduría, nos hemos privado de tomar contacto con el secreto que los hizo andar adelante.
Esta es la hora de animar a los abuelos a soñar. Tenemos necesidad de los sueños de los abuelos. Y de sentirles estos sueños. La salvación viene de aquí. No por casualidad cuando Jesús, pequeño fue llevado al templo, lo recibieron dos abuelos que habían contado sus sueños. El anciano que había soñado ver al Señor. Esta es la hora y esta no es una metáfora. Esta es la hora para que los abuelos sueñen. Empujarlos a soñar. A decirnos
algo.

Ellos se sienten descartados, cuando no despreciados. (Jorge Mejia Peralta)


Ha llegado la hora de animar a los abuelos y abuelas a soñar. Tenemos necesidad de los sueños de ellos. Esta debe ser la hora para que los abuelos sueñen y nosotros gocemos de lo que nos cuentan.


¡Es la hora de los abuelos!


A veces llegan a mi consultorio “on line” parejas que cumplen 50 y hasta 60 años de vida compartida.  Es una alegría abrazarlos aunque no más sea en el aire estelar de Internet y les agradezco el testimonio. Y les pregunto  ¿quién de ustedes  dos ha tenido más paciencia?
Siempre responden: ¡los dos!


Jesús caminó por Galilea entre la gente y los aceptaba como eran, no como debían ser.


Es hermoso encontrar abuelos que muestran en sus rostros arrugados por el tiempo, la alegría que nace de haber hecho una elección de amor y por     amor.  Y lo más hermoso es que hoy en este mundo moderno que supimos construir, siguen desparramando este amor sobre el cual construyeron su vida.


Amor que surge de su corazón y que lo siguen dando, “empezando por casa” como bien dice el refrán.


El valor de un hombre no depende tanto de la fuerza de su entendimiento, como de su voluntad.


En una persona la inteligencia puede estar muy clara, pero si la voluntad estuviera mal orientada, por más esfuerzos de entender, su conciencia quedó ofuscada.

 

Y es que la voluntad es querer y queremos también con el corazón. Cuidado donde uno lo ponga, porque ahí, sí que será donde en la vida ordinaria se manifiesten nuestras razones.

 

Pascal lo decía así: ?el corazón tiene razones que la razón no entiende?.

 

Si estamos en esta vida para trascender, ¡qué bueno es reflexionar sobre la  vida! pero igual de bueno es encaminar a diario la voluntad y el corazón a la voluntad de Aquel que nos puso en este mundo. (Lourdes Gómez Reyes)

Que lo digan tantas mamás que por múltiples circunstancias deben trabajar fuera de casa, que es la solución de su vida tener unos abuelos, o principalmente abuelas, que siguen cuidando y siguen siendo modelo de vida para sus nietos.


Quien nos tenía que decir que la necesidad volvería a colocar a los abuelos con los cuales para muchos es difícil convivir, que podrían seguir siendo, lo que siempre fue, la sabiduría del ayer. Aunque sea saltándose una generación.


La enseñanza más importante se imparte por la mera presencia de una persona madura y amante. En la antigua China y en la India, la persona más valorada era la que poseía cualidades espirituales sobresalientes. No sólo transmitía conocimientos, sino profundas actitudes humanas. Quienes entraban en contacto con ella, anhelaban cambiar y crecer y perdían el miedo a ser diferentes. (Jutta Burggraf)

 





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