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El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante
Reflexión del evangelio de la misa del Miércoles 17 de Mayo de 2017

Si queremos obtener los frutos que espera Dios Padre de nosotros, buscaremos la forma de permanecer unidos a Jesús


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Hechos 15, 1-6: “Se decidió que Pablo y Bernabé fueran a Jerusalén a ver a los Apóstoles”
Salmo 121: “Vayamos con alegría al encuentro del Señor. Aleluya”
San Juan 15, 1-8: El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante”

 

¿Quién no ha tenido la experiencia de sembrar un árbol o bien una planta que nos ofrezca sus flores? Se hace con ilusión, con esperanza y se aguarda el tiempo necesario para que dé flores y frutos.  Pero si nos desesperamos y queremos hacer por la fuerza que crezca y que adelante los frutos corremos el riesgo de quedarnos sin nada. A Jesús le gusta mucho hablar de este ambiente campesino porque son experiencias muy cercanas a su tiempo y a las imágenes bíblicas, y todavía a algunos de nosotros. Quizás para quienes ahora viven en las ciudades Jesús utilizaría otras parábolas. No sé quizás diría que Él es el generador y nosotros la energía; o quizás diría que Él es la electricidad y nosotros los aparatos… en fin, no quiero divagar, pero pensemos en toda la profundidad que tiene esa comparación: una unión tan estrecha que lleva la misma savia que hace crecer, que sostiene y que da vida. Tener la misma savia, la misma vida de Jesús es lo que Él nos propone. Y no tenerla solamente un momento, sino tenerla constantemente, siempre, en todo momento. Eso significa “permanecer”, no es que ahorita sí y después siempre no; no es  que solamente en determinados sitios o para determinados asuntos.

Permanecer significa siempre y a todos horas. Y esto se puede constatar por los frutos. En nuestro mundo moderno estas técnicas se aplican constantemente: si hay producto, es rentable; si no hay producto o ganancias se desecha. Pero los frutos que Jesús espera no serán los que espera este mundo neoliberal y materialista. Los frutos que Jesús espera son la paz, la fraternidad y el servicio. Y si lo que estamos cosechando en nuestra sociedad son violencia, venganzas, envidias, crímenes detestables, tendremos que revisar muy bien en dónde estamos poniendo nuestras raíces y cuál es la savia que nos sostiene. Si queremos obtener los frutos que espera Dios Padre de nosotros, buscaremos la forma de permanecer unidos a Jesús. La gran ventaja que tenemos es que Jesús siempre está dispuesto a unirse a nosotros, a darnos su vida y a  hacernos fructificar. ¿Nosotros estamos dispuestos a unirnos a Él?





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