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¿Qué actitud frente a la vocación religiosa?
Qué actitud debe tomar un padre o una madre ante la vocación de su hijo o hija

Hay dos grandes días en la vida de una persona: El día que nace y el día que descubre el sentido del porque se vive


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net



Toda vida es una llamada, es una vocación hacia el amor. Todas las vidas son un proyecto de Dios por el amor que tiene a cada uno en concreto.
Por ello la vida se trata de descubrir lo que Dios quiere para mí y lo que Dios quiere que haga para consolar a otros. (Sheila Morataya)

No hay nada en el mundo capaz de ayudarnos a sobrevivir, hasta en las peores condiciones, como el hecho de saber que la vida tiene un sentido.
(Victor Frankl)

¿Sobre qué debemos buscar el sentido de la vida?


Cada uno encontrará el suyo, pero seguro que deberás buscarlos en múltiples casillas.
La familia, la vocación profesional o religiosa, la superación del dolor, el don de la Fe, el compromiso con el otro, que no siempre este otro es el de la vereda de enfrente o en la lejanía, sino que nuestro primer otro es aquel que duerme conmigo, y tantas otras más que están por ahí.
Hay dos grandes días en la vida de una persona:
El día que nace y el día que descubre el sentido del porque se vive

¿Saben cuántas personas hay que no saben que formar una familia, también se necesita tener vocación?
Un cooperante de la Madre Teresa quería quedarse con ella en la India; le preguntó la Madre Teresa… pero ¿estás casado, tienes familia? Sí. Pues ve con tu familia, hazlos felices, es tu mejor labor cristiana, es tu primordial respuesta a tu vocación.  (Daniel Tirapu)



¿Cuántas personas uno conoce que son buenas y dedican parte de su tiempo en apostolados parroquiales, servicios humanitarios en múltiples ONG y no saben que su labor primordial es su hogar?

Respetar la vocación de los hijos es algo que siempre debe hacerse.
Claro está que si esa vocación no es la que más nos gusta, siempre se nos notará en la cara.

Es común que un padre dentista, le guste que su hijo siga la misma carrera.
Así ocurre con todas las vocaciones; las vocaciones que les gustan a los padres, por supuesto.

El conflicto no surge cuando la vocación del hijo o la hija, es una vocación semejante a los ideales de los padres.
Digamos que a un padre dentista, no le inquieta que se hijo quiera ser ingeniero o médico.
El problema surge cuando quiere ser baterista o poeta.
Entre una mente dentista a una mente de baterista de orquesta, hay un abismo. Hay una eternidad de distancia.

La vocación, decimos que hay que respetarla, pero también debemos añadir que hay que mirar de orientarla.
Dialogar sobre el tema es necesario.

Pero vayamos al meollo de la pregunta.
¿Qué actitud frente a la vocación religiosa?
El mismo respeto que cualquier otra vocación. El mismo dialogo orientador.

Claro está, que no es lo mismo aceptar una vocación religiosa en una familia de creyentes prácticos de su fe, que en unos padres no creyentes o creyentes pero no practicantes.

Es común en el catolicismo que los chicos se bautizan, toman la primera comunión, se comen empanadas de atún en Semana Santa, pero lo de ir a misa todos los domingos y comprometerse apostólicamente con mi bautismo, de eso ni hablar.

Para los padres creyentes comprometidos en su fe, la vocación religiosa de sus hijos, será como el padre dentista.
Para los no religiosos, será como si su hijo quiere ser baterista.

El hombre es el único animal creado que le puede decir no al Creador.
El perro, el caballo, harán de perro y de caballo hasta el fin de los tiempos.

Al hombre, el Creador le dio:
El poder de pensar: el poder de amar: el poder de determinar:
El poder de reír y de llorar: el poder de imaginar: el poder de crear: el poder de planear: el poder de hablar: el poder de rezar.

Y le dio un poder más, un poder tan grande que ni los ángeles lo poseen, le dio el poder de la elección, el poder de la libertad,
y desde la libertad, elegir mi vocación.

Es desde tu vocación que tu vida será el reflejo de lo que crees, de lo que eres y serás feliz y harás feliz, ¿por qué?
Porque el que no vive lo que dice,
Se le nota en la cara.
Se le nota en la voz.
Se le nota en la forma de decir.
Sobre todo, se le nota en los ojos.
Los ojos son la expresión de todo el ser.

 





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