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Antes de entregar tu amor, conoce tu autoestima
No vivas confundida y angustiada por el futuro de esa relación que no llega, humana y espiritualmente existen respuestas para vivir con paz y alegría.


Por: Sheila Morataya | Fuente: Catholic.net




Hace algunos años en uno de mis seminarios de autoestima para jóvenes ejecutivas, conocí a una chica muy atractiva, inteligente y con un puesto corporativo muy bueno. Se me acercó luego de la charla para pedirme consejo sobre cómo manejar su relación amorosa con el muchacho del que estaba enamorada. Alguien que, cómo leerás a continuación, no la tomaba en serio.


Una situación muy frecuente


Era una situación “muy común”, parecida tal vez a la tuya o la de alguien que conoces. El galán la llamaba una vez cada dos meses: salían, se daba el encuentro romántico y parecía que por fin su relación marcharía sobre ruedas; tristemente, una vez más, el desaparecía y ella se quedaba con el corazón hecho pedazos y sintiéndose culpable por no darse su lugar. Todos los días esperaba en vano su llamada y se juraba a sí misma que la próxima vez que llamara cortaría de raíz esa relación que no la llevaba a ningún lado. El muchacho volvía dos meses más tarde a llamar, y ella como mujer que se valora poco, volvía a caer entre sus brazos ¿te suena a exageración?


Lamentablemente, casos el de la chica anterior hay miles. Son mujeres de la clase alta y media, estudiantes destacadas y profesionales con maestría. Su autoestima en el campo académico está muy buen puesta, pero a nivel personal, íntimo, su autoestima (la relación afectiva y ordenada hacia ti misma) no es tan buena: en vez de esperar por el hombre que verdaderamente aprecie el valor que tienes como mujer, se van conformando con migajas.


Dios conoce tu necesidad de Amor




Si estás pasando por una situación así, es importante que “te despiertes” y pongas en “orden” tu mundo interior. Hay, en cada mujer, una necesidad profunda de amor. Una exigencia interior de ser amada y sentirse amada, pero muchas veces, si no aprendes a controlar la afectividad, o sea, el modo en que eres afectada interiormente por las circunstancias que se producen en tu alrededor (según el psiquiatra Enrique Rojas), caerás casi sin percibirlo en una disminución de tu dignidad como mujer. ¿Cuándo? En el momento en que aceptas relaciones amorosas que no contribuyen a tu crecimiento como mujer y te llenan de angustia.


Aunque en su origen los sentimientos son irracionales, pueden ser armonizados con la razón y la voluntad, se trata de aprender a tener sentimientos adecuados a la realidad. En muchos casos, puede ser que aceptes una relación “circunstancial”, debido a tu propia inmadurez, ya que no sabes qué es lo que verdaderamente quieres. Estoy de acuerdo con que acudas a un psicólogo para que te ayude a entender el concepto de autoestima, pero es más importante que analices cómo está la fe en tu vida. Porque la fe es el “asiento” desde donde emerge la mujer madura, cauta, sabia y consciente de su enorme dignidad como hija de Dios. La fe es el fundamento que da madurez a la personalidad.
Respóndete a ti misma estas preguntas: ¿Quién es Dios para mí? ¿Me siento realmente amada por Él como hija? ¿Qué lugar ocupa en mi vida? ¿Cómo alimento mi relación con Él? Es decir ¿tengo una vida de oración para poder entender el sentido de mi vida y todo lo que me pasa?


Luego de haber reflexionado las preguntas anteriores, analiza lo siguiente: “No hay nada que llene más el corazón de una mujer que la filiación amorosa que se decida a tener con Cristo”. Si estas aferrada a un amor humano esto será muy difícil de entender, pero si tratas de interiorizarlo y vivirlo, entonces amiga, no necesitarás más ir al psicólogo, ni estarás confundida y angustiada por el futuro de esa relación que no llega, porque Cristo irá llenando esa necesidad de amor que tu corazón tiene, y además, sanará para siempre tu autoestima (el amor ordenado por uno mismo y la conciencia de tu enorme valor). No sabes de lo que te pierdes si no te enamoras de Él con locura, antes que de alguna criatura humana.
Podemos concluir que:


•    Si estás en una relación en la que hacen contigo lo que quieren, desde el punto de vista psicológico necesitas trabajar en tu autoestima, entendiendo lo que es y la forma en que le ayuda a tu personalidad. La autoestima es una habilidad de la personalidad necesaria para poner límites, tener claros tus derechos. La autoestima también es un sentimiento muy íntimo de ternura hacia uno mismo: te amas, te respetas y valoras. Te cuidas tanto de tus emociones como tu físico y afectos. Desde el punto de vista cristiano, y siendo que este concepto no es apoyado por la religión yo te diría que autoestima es tener la seguridad de qué eres: una Hija de Dios quién te ama por ser tú, hecha a su imagen y semejanza.


•    Si tienes que estar rogando constantemente por un poco de amor, explora junto a tu terapeuta, tu director o directora espiritual, qué es lo que puede estar pasando, tal vez tuviste un padre que no estuvo emocionalmente presente o un padre que nunca jugo contigo y se limitó a proveer económicamente. Esto puede ser uno de los muchos factores por los que mendigas el amor. Y menciono a tu padre, porque es la figura masculina quién siembra el amor por uno mismo. También es cierto, que la autoestima se va cultivando y fortaleciendo en cada una de las etapas de la vida y es una habilidad que posee gran plasticidad para recuperarse cuando se le hiere siendo mayor.




•    Si hay angustia, impaciencia y desesperación por encontrar una pareja, tienes mucha inseguridad y poca fe en tus posibilidades como compañera. Como cristiana debes analizar que si no te abandonas a la voluntad de Dios y esperas, no tendrás paz y alegría.

Más que autoestima, Sacramentos


“Los sacramentos los necesitamos como la luz, la respiración, como el circular de la sangre, como la luz, para apreciar en cualquier instante lo que el Señor quiere de nosotros.”-Es Cristo que pasa, Escrivá de Balaguer, pág. 181


La autoestima siempre será importante para lograr las metas de la vida: tendrás esa seguridad interna de que puedes hacer las cosas, que mereces felicidad, que triunfarás algunas veces y otras fracasaras, pero esto es parte de tus recursos psicológicos que no necesariamente definirán tu vida.


Acércate un poco más al sacramento de la penitencia y la Eucaristía. Verás cómo con la ayuda de la Gracia Divina serás una mujer nueva que se ama y acepta como es, por lo tanto, se valora y no permite migajas de nadie, sino más bien esperando el momento sagrado de la alianza con el hombre que desde la eternidad ha sido elegido como tu compañero camino al cielo.
           

 





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