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¿Formacion humana, para que?
¿Cuando comenzo mi formacion humana?


Por: Yolanda Edith Urteaga Soto | Fuente: Tiempos de Fe, Anio 4, No. 23, Septiembre - Octubre 2002



Iniciaré con una pregunta: ¿Cuándo comenzó mi formación humana?

Me remonto a mi niñez, en esas calles de un pueblo del estado de Jalisco, donde mis padres me inculcaban el respeto y el valor de los demás con su testimonio en el trato con los demás. Veía en ellos la justicia aplicada, la fortaleza en los momentos difíciles para seguir el camino, pero siempre con fe y esperanza.

Fui creciendo y enfrentándome al mundo. Llegó la juventud con sus ilusiones, proyectos, dudas y miedos. En esos momentos, buscando un sentido mas importante para mi vida veía cómo el mundo necesitaba de amor.

Pasó el tiempo y hubo nuevos proyectos, matrimonio, hijos: ¿cómo formar a mis hijos? ¿y cómo seguir formándonos en pareja para nuestros hijos?

La respuesta fue simple, un tío sacerdote me dijo: "da tu ejemplo y tu testimonio" ¡Qué sencillo y fácil parece!, pero ¿cómo se lo voy a dar?



Tuve la oportunidad de estar en varios cursos; ninguno llenaba plenamente mis aspiraciones y proyectos.

Hasta que un día me hablaron de un plan, de un plan de vida y de nuevo me pregunté ¿y eso cómo se hace? Así fue como retomé el camino que Dios me había marcado el camino se mostraba lleno de obstáculos que yo misma ponía y no me atrevía a eliminar por egoísmo.

No es fácil cuando la soberbia y la sensua­lidad nos limitan el conocimiento de nosotros mismos, disfrazados de egoísmo, vani­dad, envidia, comodidad, superficialidad, etc.

Entre cualidades y defectos, inició la bús­queda para descubrir los medios y llegar a la meta deseada y así realizar el proyecto puesto en nuestras manos.

Lo primero era conocerme, luego aceptar mis posibilidades y limitaciones contando con la inteligencia, apoyándome en la vo­luntad y la libertad para ser capaz de su­perarme.



Llegaron las virtudes a mis manos y ¡oh sorpresa! tenía más elementos para ese plan: Disciplina, convicción, responsabili­dad, constancia, respeto, orden, justicia, fortaleza, templanza, prudencia.

¿Pero que son estas virtudes sin el amor? Sólo palabras, sólo buenos propósitos, que ahí se quedarían sin ningún fin. Sólo con el amor y la entrega se es capaz de escalar y alcanzar la meta.

¿Cómo ordenar todo esto y proyectarlo a un fin de trascendencia? Siendo testimo­nio para mis hijos, para mi esposo, para la sociedad.

El plan comenzó poniendo orden en cada área de mi vida: en lo espiritual descubriendo que Él estaba ahí para darme todo lo que mi pobre espíritu necesitaba y la fuerza para corresponder a ese encuentro con Él.





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