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Gracias, Senior por querer tan cerca de ti algo tan mio
La mama de un seminarista habla de la profunda alegria de tener un futuro sacerdote en su familia.


Por: Mercedes Perez Arellano, Aguascalientes | Fuente: Tiempos de Fe, Anio 4, No. 21, Julio - Agosto 2002



Dios nos ha llenado de dones al igual que a María, quien nos ha llevado siempre de su mano amorosa, Así pues, podemos decir como ella que somos privilegiados. Retomándolos un poco veremos que tenemos la gracia de ser hijos de Dios por el bautismo y el gran don de la fe, en la que hemos crecido.

Tenemos el don del matrimonio que Dios ha bendecido con la maternidad y siendo copartícipes con Él mismo en la procreación de la especie, no podemos menos que ofrecerle el fruto de ese gran amor que son nuestros hijos, que viviendo en esa misma fe, han tenido la generosidad de responder positivamente al llamado de Dios y llenan con ello de profunda alegría y satisfacción nuestras vidas.

Yo, como madre de un seminarista, puedo decir que, en mi condición humana, mi mente no alcanza nunca a comprender ese inmenso regalo que Dios me hace que me llena de ternura el corazón y de agradecimiento al sentirme amada por Él.

Ahora mi vida tiene un sentido especial, cada hijo es sin duda una bendición única e irrepetible, pero saber que Dios se ha fijado en mi miseria y ha tenido la gran deferencia de tomarme como instrumento para mandar a la tierra el milagro de "otro Cristo", que dedicará su vida a llevara la buena nueva a todas las almas que se crucen en su camino... esta esperanza cada día más cercana de tener un hijo sacerdote, es algo tan grande que las palabras no pueden explicar y solamente puedo decir: "Gracias Señor, por querer tan cerca de Ti algo tan mío."

Sabemos que Dios regala sus dones sin merecimiento humano, que para Él no hay tiempo y que si los ha llamado ha sido desde toda la eternidad, pues "si Dios besa una vez, es beso eterno".



Debemos saber también que la vocación de un hijo no solo es de él sino de toda la familia que ha sido medio y fermento en donde Dios ha querido hacer nacer esa vocación; por ello, seamos conscientes de la responsabilidad que tenemos de apoyarla y vivirla con oración, sacrificio y testimonio de santidad en nuestro medio.

Debemos ser valientes y generosos como ellos, tenernos el ejemplo y el apoyo incondicional de María.

Meditando un poco todo esto, dejemos que nuestro corazón se ensanche de gracia y alegría, de esa paz que sólo Dios da y que hoy nos brinda a manos llenas. Podemos pues, como María, llenos de gozo, sentimos privilegiados...

Hijito mío son muy pobres mis palabras para expresarte lo que siente mi corazón y por eso, en mi afán de infundirte ánimo y llenarte de fortaleza, sólo puedo expresar lo que la madre de los macabeos decía a sus hijos para que fueran fieles hasta el fin:

"Yo no sé cómo apareciste en mis entrañas, ni fui yo quien te regaló el espíritu de la vida, ni tampoco organicé los elementos de cada uno de tus miembros, fue el Creador del mundo el que modeló el hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, Él te dará su Espíritu y Su vida".



Porque así como Jesucristo dijo a Marta de María, tu también has escogido la mejor parte y nadie te la quitará. Sigue, pues, el camino que Dios te señala, siempre te acompañara mi oración y mi bendición y no olvides que una parte muy importante de mí se va contigo, cuídala lo mejor que puedas.

Queridos lectores, si algún día descubren que Dios les ha querido regalar una vocación sacerdotal a algún miembro de su familia, dense cuenta de lo que esto significa, traten con cuidado y delicadeza esta semilla hasta hacerla germinar y no permitan que se marchite con la indiferencia y menos arranquen de raíz esta pequeña planta que Dios, ha querido sembrar en las entrarlas de su familia. Pidan por él en sus oraciones para que Dios nos conceda verlo llegar a ser el santo y gran sacerdote que la Iglesia necesita.

Unámonos en la oración para pedir al dueño de la mies que envié operarios a sus campos, en estos momentos tan críticos por los que pasa nuestra madre, la Santa Iglesia.





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