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Voluntariado
Cuando se trata de ayudar y servir a tus hermanos, ellos mismos se convierten en un instrumento del Cielo.


Por: Beatriz Cabuchola | Fuente: https://viveenti.wordpress.com



Santa Teresa de Calcuta decía, “el que no vive para servir, no sirve para vivir“, y es que desde el momento en el que sabemos que somos los hijos amados de Dios Padre, que estamos presentes desde el Principio en sus pensamientos y que hemos nacido para vivir en su Amor, nuestra vida tendría que convertirse en una entrega diaria en cuerpo y alma, transformando cada cosa que hacemos en una acción de gracias y de servicio al prójimo.

Animada por una amiga, esta semana estuve con la Hospitalidad de Madrid en Lourdes, una experiencia única y distinta de todo lo que hasta ahora había hecho. Voluntarios y enfermos peregrinamos juntos y, como niños, llenos de ilusión y alegría, comenzamos un viaje que presentimos sería inolvidable.

Llegamos con las mochilas cargadas de intenciones y plegarias, con todos nuestros sentidos puestos en ayudar a quien teníamos a nuestro lado, y poco a poco fuimos descubriendo la Voluntad de Dios, dejándonos sorprender, en su presencia y de la mano de la Virgen, con cada acontecimiento y con cada una de las personas que nos ponía en el camino.

Entré en Lourdes con un simple propósito, abandonarme en las manos de María y dejar que Ella me fuese guiando para mostrarme lo que Dios quería de mi, aceptando cada reto que se me presentaba en el voluntariado. Y fue así, como me di cuenta de lo mucho que nos complicamos a veces intentando ver, lo que a los ojos del Señor es tan sencillo.

Cuando se trata de ayudar y servir a tus hermanos, ellos mismos se convierten en un instrumento del Cielo, para mostrarte aquello que debes hacer, en donde debes estar y a quien puedes hacer feliz. Solo tienes que tener un corazón dispuesto y lleno de Amor para ver la realidad tan bella que esconde el servicio y la entrega a los demás.



En Lourdes, descubrí lo que significa verdaderamente servir a Dios y por El, al prójimo.

Es una oportunidad para aprender a olvidarte de ti mismo y a priorizar Su voluntad sobre la tuya propia, aceptando cada gesto y cada palabra como si viniese del mismo Jesucristo, que pide tu misericordia. Sirviendo, descubres que no es necesario hacer grandes cosas, que el detalle mas pequeño hecho con el corazón y puesto en sus manos tiene un valor incalculable, recibiendo siempre más de lo que das (porque al que tiene amor, más se le dará).

Servir, y con alegría, es tu oportunidad para dar “Gracias” a Dios por la gran entrega que hizo de sí mismo, por la humillación y el dolor que padeció por cada uno de nosotros, para nuestra salvación. Pero sobre todo, es un “Gracias” por el don de la Fe. Ella nos capacita, nos da la fuerza y la alegría para que por amor llevemos amor a los demás, realizando aquellas buenas obras que Dios preparó para que las practicáremos.

“Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” Mt 6: 3-4

 







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