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10 razones por las que soy católico
El mejor argumento para defender la fe, es nuestra propia vida.

Ser Católicos es ser parte de una historia de amor que aún no termina de escribirse.


Por: Sebastian Campos | Fuente: catholic-link



Seguramente, dentro de tus actividades de apostolado, te han preguntado por qué eres católico. Te ha tocado defender a la Iglesia, incluso de otros católicos, que no están muy convencidos de estar en el lugar correcto.

Muchas veces ese esfuerzo por “convencer” y por dar argumentos para creer, se convierte en una pelea proselitista, en donde pareciera ser que el objetivo es hacer que más personas formen parte de nuestro grupo, y que al mismo tiempo, dejen de irse a otros grupos, como si se tratara de una competencia de quien tiene más gente en sus reuniones.

Creo firmemente que el mejor argumento para defender tu fe, es tu propia vida. Por eso es importante que recuerdes y tengas presente el por qué eres católico y lo que implica serlo. Te cuento un poco por qué yo soy católico:


1. Porque somos la Iglesia fundada por Jesús

Desde los días de Jesús hasta nuestros tiempos, existe una sucesión apostólica ininterrumpida. Es decir, los primeros discípulos formaron a sus propios discípulos y estos a otros de forma ininterrumpida hasta nuestros días. Por eso somos la Iglesia católica, apostólica, romana; porque heredamos la enseñanza de los apóstoles de forma directa. No solo se trata de una “marca registrada” que desacredita a todo lo demás como si se tratara de copias pirateadas de menor calidad, sino que defendemos con orgullo y amor, el ser la Iglesia que Jesús fundó sobre Pedro, para dar testimonio a todo el mundo de su amor y continuar su tarea. Somos sus enviados directos, representantes de su amor y misericordia.




2. Porque son ridículos los requisitos para entrar al grupo

Básicamente el perfil de ingreso y requisitos para entrar al grupo consisten en que no hay requisitos. En efecto, la ausencia de todo lo que teóricamente se espera de un creyente es justamente aquello que el Señor prefiere al momento de escoger a sus predilectos. La creencia popular, que bordea la línea del prejuicio colectivo, hace creer a la sociedad que para ser católico hay que tener una vida intachable, inmaculada, sin falta ni error. Por eso es común escuchar expresiones del tipo:«primero voy a ordenar mi vida y luego me acercaré a Dios» o bien nos dicen a nosotros, los que hacemos apostolado tú que estás más cerca de Dios, pide por mi», ¡cómo si hubiera algo que les impidiera tener acceso a Dios y a su amor! Sin duda que esa es nuestra aspiración e ideal, luchamos a diario por alcanzar la santidad y seguir los pasos de Jesús, pero Él mismo nos dejó claros quienes eran sus favoritos y expresó decenas de veces con sus actos sobre qué personas tenía puesta su mirada, deteniéndose a hablarles, enseñarles, sanarlos y acompañarlos.

Son los frágiles, los débiles, aquellos marginados de los grupos importantes, los que pecan una y otra vez, los confundidos, los que tienen fe pero no forman parte del grupo de los sabios. Todos aquellos que aparentemente quedan fuera, justamente son los que cumplen con todo lo necesario para entrar al grupo.


3. Por la gracia sobrenatural de los sacramentos

Aunque Dios no necesita de ver, tocar y sentir; nosotros sí. Somos por naturaleza, seres “sacramentales”, es decir, necesitamos visibilizar aquello que es inmaterial; no porque nos falte fe, sino porque nos ayuda a comprender los misterios y a vivirlos. Los sacramentos son eso, una expresión visible a través del servicio de la Iglesia, de una gracia invisible que Dios nos quiere dar y que ha dejado como regalo para la humanidad. En este sentido, Dios ha dispuesto y ordenado que vivamos sacramentalmente, que practiquemos los sacramentos y que los administremos como Iglesia. Por eso bautizamos, confirmamos; por eso nos acercamos al sacramento de la reconciliación, por eso recibimos su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía.



Pero esto no es solo una representación simbólica. Es Dios real y vivo actuando de forma sobrenatural en las vidas de cada uno de nosotros. Los Sacramentos infunden en quienes los viven, una gracia especial, que nos capacita, fortalece y anima a perseverar en nuestra vida cristiana. Es Dios mismo quien se relaciona con nosotros de forma tangible. Insisto en que no es un signo o una representación, nosotros no hacemos como si Dios se acercará a nosotros, realmente se acerca, a tal punto que podemos masticarlo, que forma parte de nosotros mismos, que entra en nuestra vida de forma real. ¿Dónde más vas a poder recibir a Jesús de esta forma?


4. Porque es un lugar para los heridos, cansados y erráticos

Como ha predicado el Papa Francisco más de una vez, la Iglesia tiene que ser un hospital de campaña y ciertamente lo es. Un lugar donde podemos acoger a aquellos que el camino ha herido, aquellos que vienen sufrientes porque la vida los ha tratado con dureza, un lugar que sabe acompañar a quienes les toca experimentar la enfermedad, la pobreza y el abandono. No pienses solo en el clero y las cosas que ocurren dentro de la Misa. La Iglesia Católica es mucho más que Misas. Somos la organización mundial más grande en cuanto a ayuda a personas desfavorecidas; sean pobres, enfermos, perseguidos, refugiados, niños, jóvenes, adultos mayores. Solo piensa en una situación que afecte la dignidad de las personas y ahí encontrarás una institución dependiente de la Iglesia que se hace cargo.

Pero no solo para casos extremos. Las comunidades y grupos son espacios de acogida, de encuentro amoroso y abrazo acogedor para todos aquellos que vienen cansados y abatidos.


5. Porque creer en Jesús es una forma de creer humanizante

Nada de cosas astronómicas. Nada de cosas imaginarias e intangibles. Nada de cosas mitológicas y fantasiosas. Nuestro Dios se hizo hombre y de esta forma convirtió todo lo humano en una experiencia espiritual. No hay que mirar lejos para encontrar a Dios. Como dice San Pablo, sea que comamos, bebamos o cualquier cosa que hagamos, podemos hacerla para gloria de Dios (cf 1 Corintios 10, 31), por lo tanto toda la experiencia humana, incluidas las alegrías y el dolor, son al mismo tiempo experiencias espirituales, que el mismo Dios ha vivido y que ha llenado de profundidad y significado.

Nuestra cotidianidad está llena de la presencia de Dios para poder tener una relación con Él, solo basta desearlo y disponerse. Todos los aspectos de nuestra vida son un espacio para el encuentro con Dios, y si bien se nos invita a participar de celebraciones litúrgicas y actividades explícitamente espirituales, cocinar, estudiar, trabajar e incluso descansar, son oportunidades que Dios mismo nos ha dado para dejarse encontrar y llenarnos de sí.


6. Porque experimentamos el perdón de Dios de forma real, no solo simbólica

Pedir perdón de por sí es un acto valiente y noble de parte de quien ha ofendido y dañado. Pero muchas veces nos cuesta sentir que somos realmente perdonados; de hecho nos cuesta sentirlo cuando le pedimos perdón a alguien de carne y hueso, mucho más complejo aún cuando nos relacionamos con Dios. Gracias al sacramento de la reconciliación, tenemos la certeza de ser perdonados por Dios. Esto es único de la Iglesia católica y es un regalo del cual disfrutamos de forma gratuita. Jesús dejó a sus apóstoles el poder para perdonar los pecados. De ahí la importancia de la sucesión apostólica, pues ese atributo de los apóstoles no se ha perdido, sino que nos acompaña hasta el día de hoy, en donde recibimos la misericordia de Dios y literalmente nuestros pecados nos son perdonados.


7. Porque es distinto enfrentar la vida comunitariamente

No estás solo. Y es incomprensible que un cristiano experimente el abandono y la soledad si forma parte de una comunidad. Nuestra fe no es una fe individualista, no perseguimos solamente el ser mejores para superarnos a nosotros mismos o el ayudar a otros para satisfacer nuestras propias necesidades de reconocimiento. Por lo tanto, aunque irse de retiro, encontrarse profundamente con uno mismo y revisar la propia vida, son cosas importantes; solo cobran valor cuando vivimos esas experiencias junto a otros. El ser “católicos” es un adjetivo, somos universales, es decir, todo el mundo es nuestro hermano. No solo responde a que compartimos la misma liturgia en Chile, Perú, Inglaterra o Japón, sino que sabemos que tenemos hermanos espirituales en todos lados. Donde sea que vayas, encontrarás un católico. No estás solo.


8. Porque nunca más estoy solo, todo el cielo está conmigo

La vida no se acaba con la muerte física. Ángeles, santos, tus familiares y amigos difuntos, todos ellos son Iglesia también y los católicos hemos seguido las instrucciones de Dios al respecto y nos relacionamos con ellos. No hay momento del día ni lugar en el planeta en que estés sin la compañía espiritual de otros hermanos nuestros, de ángeles enviados por Dios y del mismo Dios Trinidad.

Lamentablemente otras denominaciones religiosas no saben como resolver esto y han creado un abismo que los separa del cielo, convirtiéndolo en una dimensión paralela, que nunca toma contacto con aquellos que aún estamos en el mundo. Nosotros en cambio, experimentamos la comunión de los santos que nos acoge y trae el cielo a nuestro alcance para abrazarnos y darnos un adelanto de aquello que Dios Padre tiene preparado para nosotros.


9. Porque ser lo imperfecto y frágil del grupo es lo más hermoso

Jesús usa la imagen de la vid y los sarmientos, es decir del árbol y sus frutos. Nos gustaría ser esas uvas seleccionadas, de finas cepas con las que se hace el mejor vino, en cambio, muchas veces somos esas uvas caídas al suelo, pisoteadas, otras veces medio amargas o pasadas de tiempo y convertidas en pasas. Somos la “santa” Iglesia católica pero no por nuestros méritos, sino porque quien la fundó, Jesús, es Santo. Él, conociendo nuestra imperfección y fragilidad humana, nos amó y nos ama y nos escogió como su esposa, como el amor por quien entrega su vida.

Si bien experimentamos como institución constantemente el dolor de las caídas, los errores y el pecado, y sabemos a conciencia que aquellas cosas que vivimos individualmente se proyectan también en forma macro a toda la Iglesia, tenemos la certeza de que esa imperfección, no nos aleja de Dios ni nos hace incompatibles con Él. Al contrario, no pretendemos ser una organización perfectamente peinada y de ropa siempre impecablemente planchada, mas, nos vemos a nosotros mismos como una obra hecha con amor por Dios, que acoge esta imperfección humana para amarla. Esto, alivia la carga, pues sabiendo que no lo podemos todo por nosotros mismos, podemos recibir de mucho mejor forma el llamado amoroso de Dios.


10. Porque la experiencia de miles de años nos ayuda a comprender mejor la voluntad de Dios

Muchas veces se critica a la Iglesia de rígida, anacrónica y que eso la convierte en una institución que no está acorde a los cambios sociales. No obstante, la Iglesia si va evolucionando, va discerniendo los signos de los tiempos, va volviendo a revisar las Escrituras y las enseñanzas de Jesús, de los profetas y de los Santos. Es por eso que podemos leer enseñanzas de santos y otros personajes reconocidos de la historia de la Iglesia, que con el pasar del tiempo se han ido reinterpretando. Esto no aplica para los Dogmas, pero sí para la vida de los cristianos y la práctica de la fe. Años de errar y acertar, de rezar y discernir comunitariamente, de volver a estudiar los textos Sagrados, nos permiten comprender de mejor manera la voluntad de Dios y ayudar a otros a acercarse a Él.

Lo que creemos no es solo una lista de cosas que se le ocurrieron caprichosamente a un puñado de hombres en el primer siglo, sino que es fruto de una historia de amor; es por eso que lo que creemos, celebramos y vivimos, responde a un proceso.  

Ser Católicos es ser parte de una historia de amor que aún no termina de escribirse.





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