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¿Es bueno el amor propio?
¿Acaso el amor propio es incompatible con el amor hacia el prójimo?

El amor propio no puede confundirse con egoísmo o vanidad, pues justamente lo que busca es ser buenos, perfeccionarnos, ser mejores, crecer y esto implica respetar y amar a los demás


Por: Cristina Valverde | Fuente: Capsulas de Verdad




Como católicos nos podemos preguntar ¿es bueno tener amor propio? Constantemente procuramos amar a los demás, sacrificarnos y hacer cosas por otros. ¿Eso dónde nos deja a nosotros? ¿Acaso el amor propio es incompatible con el amor hacia el prójimo?

 En primer lugar, hay que decir que como personas somos seres valiosos y dignos de ser amados. Sería absurdo amar a los demás y no hacerlo con uno mismo. El amor propio es bueno y es necesario porque es el motor de todas nuestras actividades. Pensemos en las actividades que realizamos a diario: estudiar, trabajar, hacer deporte, leer un libro.. las hacemos buscando nuestro bien y superación. Una autoestima saludable es fundamental para crecer, madurar y perfeccionarnos como seres humanos (por ej: para aprender, cambiar un vicio, reforzar una virtud). La autoestima nos impulsa a interesarnos en diferentes actividades y alcanzar metas, no solo en el plano material sino también en el plano espiritual y en las relaciones con los demás. La depresión, en cambio, o una baja autoestima nos hace apáticos frente a la vida. Por eso, el amor propio es importante. Cristo, incluso, pone el amor propio como criterio para amar a los demás: “Amarás al prójimo como a ti mismo.”

Sin embargo, el amor propio no puede confundirse con egoísmo o vanidad, pues justamente lo que busca es ser buenos, perfeccionarnos, ser mejores, crecer y esto implica respetar y amar a los demás. ¿Cómo? Podemos tomar como referencia la parábola del samaritano que nos enseña a sacrificar tiempo, dinero, planes por el bien de otro. Tener amor por uno mismo, siempre llevará a abrirnos a los demás,  a querer dar amor, a querer el bien del prójimo y, por eso, hay pocas cosas más lindas en la vida que acoger a alguien necesitado, que las amistades y la familia, porque reflejan un amor desinteresado que nos llena el corazón. Como dijo el Concilio Vaticano II “el hombre no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás.”





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