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Padre. A tus manos encomiendo mi espíritu
Reflexión del evangelio de la misa del Viernes Santo 14 de Abril de 2017

Viernes Santo, viernes de dolor, viernes de muerte, viernes de amor. Todo se ha cumplido pero no todo está terminado.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Isaías 52, 13 – 53,12: “Él fue traspasado por nuestros crímenes”
Salmo 30: “Padre. A tus manos encomiendo mi espíritu”
Hebreos  4,14-16; 5,7-9: “Aprendió a obedecer y se convirtió en causa de salvación eterna por todos los que lo obedecen”

San Juan 18,1 – 19, 42a: Relato de la Pasión y Muerte de Jesús según san Juan


Viernes Santo, viernes de dolor, viernes de muerte, viernes de amor. No podremos apartar de nuestra mente en este día el gran amor manifestado por Jesús que habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo. Quedan en nuestra mente como aguijones clavadas cada una de sus últimas palabras, llenas de vida, pero también retadoras para nosotros hacerlas vida. San Juan en su narración nos deja tres de las tradicionales siete palabras dichas por Jesús en la cruz.

 

La primera que nos ofrece es el consuelo de su Madre y  el cambio de un hijo pecador y redimido por el hijo de sus entrañas: “Mujer, ahí está tu hijo” – “Ahí está tu madre”, como si quisiera en su Madre prolongar los cuidados y el afecto por el pecador para que sea constante y viva en medio de nosotros su misericordia. María ha entendido que la cruz da vida y es camino de resurrección. María asume a cada discípulo como su propio hijo y lo protege, lo cuida y lo lleva hasta la vida.

 



La segunda palabra que nos ofrece San Juan es: “Tengo sed”. Para el cristiano ya no suena desconocida esta sed de Jesús: la expresó a la samaritana a la que, agrietado el corazón y el alma, le hace brotar una fuente en su corazón. También ahora en la cruz tiene sed, la sed física que atormenta su cuerpo tras los sufrimientos, los golpes, el insomnio y la angustia. Pero también la sed de amor con que se entrega por cada uno de nosotros y que espera nuestra respuesta generosa. Es una sed que también quiere hacer brotar en nosotros un manantial de agua viva. Es una sed de compartir con cada uno de sus discípulos la búsqueda de justicia y amor. Es una sed de Dios que quiere depositar en el interior de cada persona.

 

La última palabra que nos ofrece San Juan es: “Todo está cumplido”. Sí, se ha cumplido al pie  de la letra cada una de las profecías. Jesús ha sido fiel a todos los designios del Padre. Todo se ha cumplido pero no todo está terminado. Queda la semilla de la Resurrección que nos llevará por senderos nuevos de vida; queda su presencia dinámica y constante pues cada hora y momento sigue derramando su amor por nosotros. Y queda también la tarea en manos de sus discípulos que tienen que seguir sembrando Reino, esperanza y amor.

 

 

 





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