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La Eucaristía: Símbolo o Realidad
Jesús afirma: "Yo soy el Pan de Vida", ¿crees que lo que él dice es verdad?, entonces ¿por qué dudas ante la Eucaristía?


Por: Luis Lira Merlo | Fuente: EstaEsLaFe.blogspot.com



Cuando los católicos creemos en algo, no es porque a alguien se le haya ocurrido sino porque seguramente tiene un fuerte fundamento en la Biblia y en la Tradición apostólica. En este caso la «presencia real de Jesucristo» en el Pan y Vino consagrado es un hecho que la Palabra de Dios nos muestra claramente.

Esas son las palabras de Jesús en todas las Biblias del mundo: el Pan que yo les daré ES MI CARNE (Juan 6:51).

Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Este pan es mi carne, que daré para que el mundo viva.

Palabras textuales de Nuestro Señor. Ante este texto bíblico que es tan claro hay muchos hermanos que dicen que no es algo real, sino que Jesucristo estaba hablando simbólicamente.

Para comprobar que esto no era nada simbólico sino algo real, lo mejor no es dar nuestra opinión, sino dejar que la Biblia hable por sí misma y nos muestre cuál fue la reacción de las personas que estaban alrededor de Jesús cuando dijo esas palabras



1. Leamos del Evangelio según San Juan 6:52-56:

Los judíos comenzaron a disputar acaloradamente entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» -Ciertamente les aseguro- afirmó Jesús—que si no comen la carne del Hijo del hombre ni beben su sangre, no tienen realmente vida. El que come* mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.

Si leyó usted atentamente, notará que la reacción de los judíos es de una gran incredulidad. Era normal, porque al oír las palabras de Jesús las entendieron literalmente como las oyeron. Jesucristo estaba hablando de comer su carne y beber su sangre. Como el primer nivel de Fe ante las palabras de Jesucristo. Nada de simbólico como hoy en día lo dicen muchos. Tan real que por eso reaccionaron así. Para que les quedara claro que era algo real, Jesús les repitió a ellos cuatro veces la necesidad de comer su carne y beber su sangre.

¿Según el texto, qué sucede si no comes su carne?

2. Evangelio según San Juan 6:60-66:



Al escucharlo, muchos de sus discípulos exclamaron: «Esta enseñanza es muy difícil; ¿quién puede aceptarla?» Jesús, muy consciente de que sus discípulos murmuraban por lo que había dicho, les reprochó: -¿Esto les causa tropiezo? ¿Qué tal si vieran al Hijo del hombre subir adonde antes estaba? El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida. Sin embargo, hay algunos de ustedes que no creen. Es que Jesús conocía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que iba a traicionarlo. Así que añadió: -Por esto les dije que nadie puede venir a mí, a menos que se lo haya concedido el Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos le volvieron la espalda y ya no andaban con él. Así que Jesús les preguntó a los doce:

Muchos de sus discípulos inmediatamente reaccionan diciendo que no, que esas palabras que Jesús había dicho sobre comer su carne y beber su sangre era «muy duras». Claro. Era algo real. ¿Sabe qué hizo Jesús para evitar que se fueran?: NADA. No hizo nada y dejó tranquilamente que se marcharan. Como diciendo: «Si van a estar conmigo acepten mis palabras: "es mi cuerpo y es mi sangre", por más duras que sean, si no aceptan, váyanse»... y los dejó ir.

¿Conoces personas que se alejan de la Iglesia por no aceptar las verdades de fe que esta presenta?

¿Alguna vez te has querido retirar de la Iglesia por las predicas dada por algún sacerdote o catequista de la parroquia?

3. Evangelio según San Juan 6:67-69:

Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»

Aunque Jesús les pregunta a los doce, la respuesta es sólo de uno, representando a los doce: Pedro tomó la palabra y dio un SÍ personal y eclesial: «Tú tienes palabras de vida eterna».

¿Casualidad? No. Pedro, el primer Papa, la cabeza visible de la Iglesia; el pastor que Jesús nos dejaría, acepta las palabras de Jesús tal como son.

Igualmente nosotros, católicos con una fe personal y unidos al sucesor de Pedro, tenemos el regalo de llegar al tercer nivel de fe. De ahí en adelante los católicos aceptaremos siempre las palabras de Jesús tal como son: «Comer mi carne, beber mi sangre».

Leemos en: 1 Corintios 11:28:

Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa.

Para que la eucaristía sea vivida por cada uno como queremos tenemos que prepararnos. Nosotros formamos parte de ese cuerpo de Cristo, y el pan necesita de unos ingredientes, el más importante el trigo con el que se hace la harina para luego poder hacer la masa y más tarde el pan.

¿Según mi situación de vida actual, puedo comulgar con el cuerpo de Cristo? ¿Qué pasos daré para poder acercarme más al cuerpo de Cristo y así tener vida eterna?
 

Una anécdota de reflexión:

Un hermano separado me dijo una vez que si llevaba una hostia consagrada a un microscopio no iba a ver a Jesucristo. Le respondí que si la llevas a un microscopio allí no verás a Jesús, pero si tomas un telescopio y miras al cielo, allí tampoco verás a Dios. Definitivamente se olvidan de algo fundamental: A Dios no se le ve con los ojos físicos en el microscopio ni en el telescopio. A Dios se le encuentra con los ojos de la Fe, pues como el Apóstol Pablo dijo: «Nosotros andamos por Fe y no por vista» (Romanos 8:24-25)

Para los hermanos que por una u otra razón no pueden recibir el cuerpo de Cristo se les recomienda que en la Eucaristía al momento de la comunión se pongan de rodillas y hagan una oración pidiendo a Jesús que entre espiritualmente a sus vidas. De esta manera participan también de la eucaristía mientas solucionan su situación para comulgar a plenitud.

Espero que esta reflexión ayude en tu fe. Comparte en tus redes, comenta en las cajas de comentarios aquí abajo y sigue adelante en la barca de Pedro.

Paz y bien.

 





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