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Juan José Egea Rodríguez y 4 compañeros, Beatos
Sacerdotes y Mártires, 1 de septiembre


Por: n/a | Fuente: diocesisalmeria.es



Sacerdotes y Mártires

Beato José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros asesinados por «odio a la fe» entre 1936 y 1939, asesinados por odio a la fe en Almería, España.

Fecha de beatificación: 25 de marzo de 2017, durante el pontificado de S.S. Francisco.

Breves Biografías


Juan José Egea Rodríguez

Bautizado el mismo día de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ramón Nonato de Zurgena, su pueblo, ingresó en 1889 en el Seminario de Almería. El nueve de junio de 1900 fue ordenado presbítero y enviado a la coadjutoría de Cantoria. Tras cinco años fue nombrado Coadjutor de Vera.

En 1907, tras dos años en Vera, realizó una permuta para ocuparse de la coadjutoría de su pueblo natal. A Zurgena entregaría el cuarto de siglo que le restaba. Su sobrina Juana decía que: «De mi tío guardo un recuerdo muy bueno, pues con nosotros se portó como un padre; yo me crié junto con mis hermanos con él. Mis padres murieron dejándonos muy jóvenes, sobre todo a mí. Cuando iban los pobres a pedirle aceite, harina, patatas... de lo que tuviera, se iban siempre con el capazo lleno. Era muy cariñoso con todos. Los domingos decía Misa en Palacés; iba en una borrica pequeñita que tenía, y aunque cayeran chuzos de punta no dejaba de ir. »



Quisieron prohibirle ejercer su ministerio con la Persecución Religiosa, pero contestó: «Sí alguien viene a bautizar a su hijo, o vienen a casarse porque quieren, mi obligación es atenderles, porque soy sacerdote. » Fue detenido en las primeras horas del uno de septiembre de 1936, a sus cincuenta y nueve años, y preso en La Alfoquía.

Liberado a las pocas horas, su sobrina recordaba que: «Al llegar a casa nos dijo: “De esta nos hemos librado, veremos que sucede la próxima vez”. Por la tarde, a las cinco más o menos, fueron a buscarlo nuevamente a casa y ya no volvió. Lo llevaron, junto con otros cuatro sacerdotes, a los pozos de Tabernas. Según contaron a mi cuñado unos vecinos de Tabernas, todos murieron gritando: ¡Viva Cristo Rey!” »

Andrés Iniesta Egea

Recibió las aguas bautismales el mismo día de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ramón Nonato de Zurgena, su pueblo natal. Educado con fervor por su familia, a los diez años marchó al Seminario de san Fulgencio de Murcia en 1887. Trasladado al Seminario de Almería, fue ordenado presbítero el seis de junio de 1903 y celebró su primera Misa dieciocho días después.

Nombrado Coadjutor de Purchena, dos años después pasó a la coadjutoría de Turre. En 1907 fue Coadjutor de Serón y, tras opositar, tomó posesión de la Parroquia de san Sebastián del Marchal de Lubrín en 1912. En 1919, después de ocuparse de Torrentes durante unos meses, fue nombrado Párroco de Fuencaliente. Párroco de Somontín en 1929, en 1935 regresó a la Parroquia de Fuencaliente.



Presbítero muy piadoso y enamorado de la Madre de Dios, nunca acopió bienes materiales: « Lo que tengo es para los pobres. » Cuando solían advertirle que se mostrara más prudente ante los laicistas, solía responder: « Es usted un cobarde; no tendría yo tal dicha de morir mártir. »

Como recuerda doña Dolores Membrive, al estallar la Persecución Religiosa, el siervo de Dios: « No consistió quitarse la sotana ni renunció a salir a la calle, continuó realizando sus visitas a los enfermos y ancianos y celebrando la Misa cada día. Los mismos revolucionarios del pueblo lo respetaban y le decían que no temiera nada de ellos, que era buena persona y que no le harían daño. »

Asustados, sus familiares se lo llevaron el veintisiete de julio de 1936 a Zurgena. Antes de llegar, se detuvo para confesarse en Alcóntar y dijo: « Una vida tengo y ésta la quiero para Dios. Si en esta persecución Dios me llama a su seno, bendito sea. » Junto a cuatro presbíteros de su pueblo recibió el martirio a los cincuenta y nueve años de edad.

Antonio Lorca Muñoz

Bautizado el día después de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ramón Nonato, su pariente doña Antonia Parra recuerda que: « Vivió una infancia muy mala porque su madre falleció cuando él y sus dos hermanas eran aún pequeños; después falleció también su hermana menor; mi madre y mi tío tuvo que hacerse cargo de las tierras y trabajar en ellas porque el padre no sabía realizar este trabajo.»

El diecisiete de diciembre de 1910, tras estudiar en el Seminario de Almería, fue ordenado presbítero en la capilla del Palacio Episcopal. Cinco días después celebró por vez primera la Misa en su pueblo natal. Su primer destino fue la capellanía de la Virgen del Socorro de Tíjola. En 1913 fue nombrado Coadjutor de Taberno y en 1916, regresó a la coadjutoría de Tíjola.

El veintiuno de febrero de 1920 tomó posesión de la coadjutoría de santa María de Albox, donde permaneció el resto de su ministerio. Aunque quedó casi ciego, no cesó su apostolado y creó el primer centro de la Acción Católica almeriense en la ermita de Nuestra Señora del Carmen del Llano de los Olleres. Don Diego Granados, un antiguo feligrés, decía que: « Era un hombre muy cariñoso, afable, caritativo, comunicativo. Los jóvenes anhelaban confesarse con él. Él se sentaba todos los días en el confesionario antes de la Misa. Daba catequesis, hacía apostolado y atraía la gente hacia Dios. »

Con gran llanto se trasladó a Zurgena, cuando arreció la Persecución Religiosa. El uno de septiembre de 1936, por estar muy enfermo, no fue detenido junto a los otros cuatro presbíteros de su pueblo. Regresaron por él más tarde y, a sus cincuenta años, murió mártir antes de llegar a los pozos.

Su sobrina narra que: « Cuando la gente se enteró de que lo habían matado vinieron a casa algunas familias humildes para devolver el dinero que mi tío les había prestado; mi abuela no consintió aceptar, les digo las gracias y les dijo que mi tío tampoco lo hubiera aceptado. »

Pedro Meca Moreno

Su padre, el farmacéutico del pueblo, lo llevó a bautizar un día después de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ramón Nonato. Llevado por su vocación, ingresó en el Seminario de Almería. Recibió la ordenación presbiteral el nueve de junio de 1906 en Guadix y, cuatro días después, celebró por primera vez la Misa en su Parroquia natal.

Coadjutor de Zurgena los dos primeros años de su ministerio, los tres siguientes ocupó la coadjutoría de Pulpí y regresó a su pueblo como Ecónomo en 1913. Ese mismo año fue nombrado Párroco de Derde y, en 1920, de Sierro. Sólo permaneció allí medio año, pues una grave afección cardíaca le hizo regresar a su pueblo natal.

Presbítero pacífico y amado por sus paisanos, en su casa acogió a sus hermanas solteras y a sus sobrinos. Consciente de los ataques laicistas, tras oficiar el funeral de un niño dijo: « Consolaros y ved que el Señor se lo lleva para quitarle de tanta desgracia como se avecina, pues vienen tiempos muy malos. »

Al ver como se quemaban las imágenes religiosas por la Persecución Religiosa dijo: « Detrás de ellos vamos nosotros. » Al Siervo de Dios don Andrés Iniesta le comentó: « Qué dicha más grande ser mártires de Cristo; eso son cinco minutos, no más, y la Gloria para siempre. » La mañana del uno de septiembre de 1936, fue detenido salvajemente en su hogar ante sus horrorizados sobrinos. Alcanzó la palma del martirio con cincuenta y tres años de edad, durante el trayecto hacia el pozo de la Lagarta donde arrojaron su cuerpo.

Su sobrina doña Eulalia cuenta que: «Al terminar la guerra enfermé de tuberculosis y estuve muy mal, en ambos pulmones. El médico, cuando al poco tiempo vio que mejoraba, asombrado me dijo: “Tú tienes que tener un Santo en el Cielo que está rogando por ti”. »

Agustín Navarro Iniesta

Bautizado a los dos días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ramón Nonato y estudió, primeramente, con su padre que era maestro. En 1916 ingresó en el Seminario de Almería, trasladándose al de Murcia en el curso siguiente y luego al de Orihuela por sus enfermedades. Retornó al de Almería en 1924.

Ordenado presbítero el veintinueve de mayo de 1926, marchó a Totana donde residían sus padres para cantar su primera Misa en la Iglesia Parroquial de Santiago. Coadjutor de Carboneras, pasó a la coadjutoría de Sorbas en 1929. Se incardinó en la diócesis de Madrid – Alcalá en 1932, siendo nombrado Ecónomo de Mangirón. Tres años después pasó a la coadjutoría de Carabanchel Bajo y Capellán del colegio de la Santa Cruz.

Con valentía, el trece de julio de 1936 ofició un responso en el Cementerio del Este de Madrid ante el cadáver de don José Calvo Sotelo. Asustada su madre por las consecuencias de su piedad, toda la familia regresó a Zurgena buscando refugio. Allí fue detenido y lo dejaron marchar a su casa a las pocas horas. Más tarde fueron a buscarlo y el presbítero, de tan sólo treinta y cuatro años, abrió la puerta y se despidió de su madre: « ¡Hasta el Cielo! Gracias a Dios que me concede la gracia de morir mártir por Él. » Fue martirizado junto a otros cuatro presbíteros de su pueblo.

El Patriarca Eijo Garay escribió a su familia: « Nada tienen que agradecerme por los favores que dispensé a su hermano, pues era un santo y celoso sacerdote y merecía todo el cariño del Prelado. » Su biógrafo, el padre capuchino Jesús María de Orihuela, escribió: « Ha pasado de esta vida a la eterna adornado con la estola de la inocencia de que se vistió en el bautismo. »

 





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