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Pedro Antonio Almécija Morales y 17 compañeros, Beatos
Sacerdotes y Mártires, 31 de agosto


Por: n/a | Fuente: dio



Sacerdotes y Mártires

Beato José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros asesinados por «odio a la fe» entre 1936 y 1939, asesinados por odio a la fe en Almería, España.

Fecha de beatificación: 25 de marzo de 2017, durante el pontificado de S.S. Francisco.

Breves Biografías


Poco tiempo después del comienzo de la guerra civil en España, en 1936, el Frente Popular en la Provincia de Almería dio orden de arrestar a todos los enemigos de la revolución, en particular los sacerdotes y los religiosos, los aprendidos fueron encerrados en prisiones improvisadas, donde fueron sometidos a privaciones, malos tratos y burlas.

Un buen número de ellos fueron llevados a un lugar del municipio de Tabernas llamado el Pozo de La Lagarta. Allí algunos eran fusilados y arrojados al pozo, otros eran tirados vivos y algunos eran llevados ya muertos. Muchos de los allí asesinados presentan signos de haber sido torturados.

En la madrugada del 31 de agosto de 1936 allí recibieron la palma del martirio 18 presbíteros, a continuación sus biografías:



Pedro Antonio Almécija Morales

Nacido en el valle del Andarax, fue bautizado en la Iglesia Parroquial de santa María Magdalena de su pueblo natal. En los colegios de la Milagrosa y la Salle estudió Magisterio, pero su vocación al sacerdocio fue más fuerte e ingresó en el Seminario de Almería a los diecisiete años.

Los once años de su ministerio pastoral los desarrolló, excepto cuando estuvo destinado en Bentarique, en la abrupta sierra de los Filabres. El resto los entregó a Tabernas, Cherchos, Benitorafe y Alcudia. Finalmente, fue Cura Ecónomo de Benitagla. Don Manuel Román González lo recordaba de este modo: « Además de llevar a cabo su labor pastoral como párroco, realizaba las funciones de maestro de escuela. Con frecuencia se trasladaba a la capital a buscar medios para aquellos moradores que vivían con sufrida y alarmante pobreza. Dio siempre ejemplo de su entrega a los demás y puede decirse que entregó hasta su vida como sacerdote y misionero de aquellas tierras agrestes de Benitagla. »

En la Persecución Religiosa lo amenazaron con jugar a la pelota con su cabeza, por lo que se internó en la vega de Almería con un tío suyo sacerdote, el siervo de Dios don Gregorio Morales Membribes. El presbítero Gallego Fábrega narraba así lo acontecido: «El veintitrés de julio le detuvieron y maltrataron, fue conducido al Comité Central. Preso en las Adoratrices, barco prisión Capitán Segarra y Astoy Mendi. Jamás negó que era sacerdote. Todos se admiraban de su paciencia, resignación y de su oración continua en silencio ».

Junto a treinta compañeros, fue arrastrado por un tortuoso camino hasta el pozo de la Lagarta y martirizado a los treinta y tres años de edad.

Segundo Arce Manjón



Fue bautizado el mismo día de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Mamés de su aldea burgalesa natal (Ayoluengo de Lora). Sobrino del célebre padre Manjón, fundador de las Escuelas del Ave María, la influencia de su tía resultó esencial en su vida.

Estudió primeramente en Quintanilla Escalada, hasta que su tío lo trajo al Colegio Seminario del Sacro – Monte en la ciudad de Granada. Allí fue discípulo de los beatos don Diego Ventaja Milán y don Manuel Medina Olmos, compartiendo cuidados con el siervo de Dios don Juan Garrido. Ordenado presbítero el veintiocho de mayo de 1904, celebró su primera Misa en la capilla del Colegio del Ave María de Granada el diez de junio. Profesor del Colegio Seminario de Maestros de Granada desde 1905, dos años después se licenció en Teología y fue nombrado capellán del Sacro – Monte. En 1908 su tío le confío la dirección del Colegio – Seminario de Maestros.

A inicios del mes de julio de 1936 coincidió con su buen amigo el beato Obispo de Guadix en la ciudad de Granada, con motivo de la apertura del proceso de beatificación de su tío. Al regresar el beato don Manuel Medina a Guadix el siervo de Dios no quiso abandonarlo, ante el cariz que tomaban los acontecimientos. En la ciudad accitana les sorprendió la Persecución Religiosa, confesándose mutuamente el veinticinco de julio. Detenidos salvajemente dos días después, fueron brutalmente trasportados a Almería y sufrieron prisión con el beato Diego Ventaja Milán.

A sus cincuenta y seis años, separado de los Obispos, padeció el martirio en el pozo de la Lagarta.

Joaquín Berruezo Prieto

Nacido y bautizado en Olula de Castro, la pronta muerte de su padre lo vinculó a su piadosa madre, doña Carmen, que lo educó santamente. Estudió en el Colegio de Seises de la Catedral de Almería y en el Seminario de san Indalecio. Ya como seminarista dio pruebas de su afán evangelizador, propagando el apostolado de la Buena Prensapor diversos lugares.

Ordenado presbítero el veinte de mayo de 1921, el tres de junio cantó su primera Misa en Santa Cruz de Marchena. Doctorado en Teología y eminente orador sagrado, poseía una gran cultura y agudos conocimientos de los místicos españoles. Además, era un fiel amante de la Sagrada Liturgia. Ingresó en la Hermandad de Operarios Diocesanos, siendo destinado a los Seminarios de Segovia, Sevilla, Astorga y Belchite.

Reintegrado al clero diocesano por enfermedad de su madre, y tras ser Ecónomo de su pueblo natal, fue nombrado Cura Regente de Níjar en 1935. A pesar de la brevedad de su ministerio, es difícil sintetizar la afectuosa memoria que guardan de él los nijareños. Presbítero simpático, nadie acertaba a descubrir cuando dormía o comía; pues todo lo entrega a los demás. Dinámico y amigo de la juventud, hasta parte de sus ingresos acababan en la Casa del Pueblo para socorrer a los parados.

Iniciada la Persecución Religiosa, las autoridades locales no se atrevieron a prenderlo y le pidieron que se marchase. La niña Francisca Herrero Ruiz recordaba así su despedida de Níjar: «Yo le saludaba entre lágrimas y él me dijo: “No te apures, hija mía” y señaló con la mano hacia el cielo. » Refugiado primero en Almería y luego en Santa Cruz de Marchena, fue detenido el seis de agosto de 1936. Tres días después, en el convento de las Adoratrices, pudo despedirse de su queridísima madre y lo trasladaron al barco Astoy Mendi. Desde allí partió hacia la gloria del martirio a sus treinta y siete años.

Domingo Campoy Calvano

Nacido en una humilde familia almeriense, dedicada a la calderería, fue bautizado en la Iglesia Parroquial de san Sebastián. A la Santísima Virgen del Carmen allí venerada, tributaría una gran devoción a lo largo de toda su vida. Estudió con las Hijas de la Caridad y, en 1913, ingresó en el Seminario de Almería.

Fue ordenado presbítero el once de octubre de 1925 y cantó su primera Misa dos semanas después en el Santuario de la Santísima Virgen del Mar. Durante los primeros seis años de su ministerio fue Salmista de la Catedral, organista de la Parroquia de san José, maestro del Colegio de Seises, Teniente Cura Castrense y Coadjutor de la Parroquia de Santiago.

En 1931 fue nombrado Coadjutor de su Parroquia natal. Presbítero joven y extrovertido, se hizo muy conocido por toda la ciudad. Valiente en su apostolado, fue detenido hasta cuatro veces durante la República. Su sobrino, don José, cuenta que: « Todas las mañanas aparecía, escrito con tiza en la puerta de su casa, esta frase: “Aquí hay un cura. Hay que matarlo”. Mi abuelo cada mañana, muy temprano, quitaba con agua la frase para que la familia no supiéramos nada. »

Detenido en las inmediaciones de la Catedral el diecinueve de julio de 1936, al preguntarle por su ideología respondió: « Yo, soy sacerdote de Cristo, ¿no me habéis conocido?» Le propinaron tal tortura que hasta el mismo médico del barco Astoy Mendi quiso llevarlo al hospital, pero el sargento Cañadas le respondió: « No hace falta, porque esta misma noche lo voy a matar. » Así lo hizo el verdugo en el pozo de la Lagarta, jactándose luego: « ¡Qué buena puntería he tenido, le he dado una muerte cruel, descargándole todos los disparos por la cabeza que se la he hecho saltar! ». Tenía treinta y tres años.

Lisardo Carretero Fuentes

Alumbrado en las tierras alpujarreñas que tanto marcarían su vida, recibió las aguas bautismales a los tres días de su nacimiento en la Parroquia de la Inmaculada de su pueblo natal (Ohanes). Muerto muy pronto su padre, tuvo que criar a sus diecinueve hermanos junto a su madre con gran precariedad. En 1896 pudo responder a su vocación sacerdotal al ingresar en el Seminario de Almería, si bien estudió posteriormente en los de Guadix y Granada con buenas notas.

Ordenado presbítero el dieciocho de septiembre de 1908 en Granada, fue Coadjutor de la Parroquia de la Inmaculada de Adra hasta 1910. En los años sucesivos sirvió en las coadjutorías de su pueblo natal y de Ohanes. Fue Cura Ecónomo de Albuñol, Algarinejo, Ugíjar y Rágol.

En 1923 fue nombrado Párroco – Arcipreste de Canjáyar, donde entregaría el resto de su ministerio y se ganaría el amor de los canjilones. Su sobrino don Inocencio recuerda que: «Con su escasa asignación económica, socorría también a los pobres. Él respondía siempre “Dios proveerá” a la señora que lo atenía, cuando andaban escasos para comer cada día. Era un hombre de gran bondad. »

Al estallar la Persecución Religiosa, su feligresa doña Dolores Hernández recordaba que: «Se encontraba leyendo un libro cuyo título era Los mártires de la Alpujarra y me dijo “Qué suerte morir mártir”. » Cuando intentaron que se ocultara respondió: «No puedo abandonar mi Parroquia ni a mis feligreses porque nada tengo que temer; nadie se meterá conmigo porque jamás hice mal alguno. » El diecinueve de julio de 1936 puso a salvo el Santísimo y a la Santa Cruz del Voto, siendo detenido y enviado a Almería nueve días después, tras una cruel prisión en Alhama de Almería.

En la cárcel, sus verdugos creyeron que había perdido el habla por su heroica mansedumbre. A los cincuenta y dos años coronó con el martirio, en el pozo de la Lagarta, su virtuosa existencia.

Carmelo Coronel Jiménez

Nacido a orillas del Andarax, fue bautizado en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario de su pueblo natal (Gádor). Decidido a responder a su vocación sacerdotal, ingreso en el Seminario de Almería.

Ordenado presbítero el veintitrés de septiembre de 1899 en Guadix, el primer año de su ministerio lo vivió como paje del Obispo don Santos Zárate Martínez. Fue capellán de las Claras de la ciudad de Almería desde 1901 a 1904. Cura Ecónomo de Sorbas en 1908, al año siguiente fue nombrado capellán de las Hermanitas de las Ancianos Desamparados hasta 1910. Tras ocuparse de la coadjutoría de san Pedro de Almería, fue Cura Ecónomo de Tabernas y Párroco – Arcipreste de Gérgal en 1912. Desde 1913 fue Cura propio de Santiago Apóstol de la ciudad de Almería, permaneciendo a su frente durante un cuarto de siglo.

Presbítero de enorme cultura, en 1906 se licenció en Teología por el Seminario de Granada. Además de impartir clases en el Colegio de la Trinidad y en el Seminario de Almería, escribió el libro Acción Parroquial mediante el apostolado eucarístico. Asiduo colaborador del diario católico La Independencia, era director de la Hoja Parroquial de Almería. En Gérgal fundó la Casa Social y la Asociación Eucarística de Oración y Trabajo, para atender a los obreros y a los enfermos. Con el mismo fin, fundó en Tabernas el Patronato de Obreros.

En su misma casa fue detenido el diez de agosto de 1936 y sufrió prisión con los beatos Obispos de Almería y Guadix. Su sobrina doña María Álvarez Coronel recordaba que: « Cuando lo sacaron del barco, él era consciente de que lo llevaban al martirio. Camino de Tabernas animaba a sus compañeros, con fe y esperanza en la vida eterna. Lo mataron sólo por ser sacerdote. »

José Gómez Matarín

Recibió el Bautismo a los cinco días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Juan Bautista de su pueblo natal (Alboloduy). Hijo de una cristiana familia, tuvo diez hermanos y uno de ellos fue el canónigo granadino Monseñor don Alberto Matarín. Estudió en los Seminarios de Almería y de Granada, destacando en las disciplinas musicales.

Ordenado presbítero en 1909 en la ciudad de Granada, los dos primeros años de su ministerio fue Coadjutor de Íllora y Adra. El uno de octubre de 1911 tomó posesión de la Parroquia de santa Ana de Íllar, a la que dedicó veinticinco años de solícita entrega.

Iniciada la Persecución Religiosa buscó amparo en la casa paterna de Alboloduy y, para mayor seguridad, se refugió en el cortijo de la Simona en las cumbres de Montenegro el cinco de agosto de 1936. Días después, su sobrino don Rafael refiere que: « Yo era un niño de siete años y estaba en la puerta del cortijo jugando cuando llegaron dos hombres, me mostraron una pistola y me dijeron: “aquí hay dos curas”, y yo les dije: “aquí no hay ningún cura”. Pero mi tío y el párroco de Alboloduy que estaban dentro desayunando, al oírlo salieron y dijeron: “Sí, estamos aquí”, y se los llevaron. » Su hermano pudo escapar, pero ellos fueron prendidos y, tras una cruel prisión en Alhama de Almería, encarcelados en Almería.

Conducido al pozo de la Lagarta, antes de ser martirizado se giró hacia sus verdugos y les dijo: « No sabéis lo que hacéis, permitid que os bendiga. » Contaba con cincuenta y un años de edad.

Francisco de Haro Martínez 

Nacido en Mazarrón, la marinera villa de tierras murcianas, fue bautizado en su Iglesia Parroquial de san Antonio de Padua a los dos días de su nacimiento. Su vocación al sacerdocio la comenzó en el Seminario de Murcia en 1897, pasando después por el Seminario de Barcelona y concluyendo sus estudios en el Seminario de Almería.

Ordenado presbítero el cuatro de agosto de 1912 en la capilla de san Indalecio de la catedral de Almería, desde el año anterior era Sochantre del templo catedralicio al que sirvió durante once años. Además de este oficio, fue capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados desde 1914 y de las Hermanitas de los Pobres desde 1916. Además, fue Prefecto de disciplina del Sínodo Diocesano de 1929. Ese mismo año fue nombrado Vicesecretario de la Junta Directiva de la Asociación de la Buena Prensa.

Íntimo amigo del siervo de Dios don Francisco Roda Rodríguez, el amigo de éste recuerda que: « era una persona íntegra y en defensa de la Religión, en varias ocasiones se enfrentó en el Paseo del Príncipe con los integrantes de la horda roja, manifestando que cuanto más persiguieran la sotana, más se honraría en llevarla. »

En julio de 1936, en el ardor de la Persecución Religiosa, fue detenido ante su madre en su propia casa. Don Manuel Román recuerda que: «Fue especialmente molestado en su cautiverio, en la prisión, hasta el martirio, que aceptó heroicamente. Su vida siempre fue de gran dignidad y ejemplaridad sacerdotal. Sencillo, con la austeridad como norma. Su cadáver apareció en el pozo de la Lagarta, presentaba huellas de serias torturas. » Cincuenta años de edad tenía al ser martirizado.

José Lara Garzón

Nació en Montefrío, bella villa granadina, recibió las aguas bautismales en su Iglesia Parroquial de la Encarnación. Estudió en el Seminario de Granada y fue ordenado presbítero el veintitrés de diciembre de 1899 en la Catedral de Granada.

El uno de mayo de 1902 tomó posesión de la Parroquia de san Isidro de Alcaudique y de la Coadjutoría de Berja, a las que dedicó más de tres décadas de su ministerio. Presbítero celoso de su ministerio, a la muerte de su cuñado tuvo que mantener a su familia. Su sobrino don Pedro recordaba que: «Se había echado la responsabilidad de sacarnos adelante a mis hermanos y a mis primos, haciéndose cargo de nuestro comercio. Con los pobres era generoso y los atendía en sus necesidades con verdadera alegría y caridad cristiana. No le importaba la hora a la que llamaran a su puerta para socorrerlos. »

No tardaron en amenazarlo al comenzar la Persecución Religiosa, como narra su sobrino: «Lo llevaron al cementerio de Berja con ánimo de matarle allí mismo, y le propusieron que si pisoteaba el crucifijo, le perdonaban la vida, pero él no claudicó. Ante sus enemigos no mostró rencor. Durante cuatro días, antes de ser apresado, repetía en voz alta la misma frase: “Señor, perdona a los que me van a matar”. »

A sus sesenta años, el veintiocho de julio de 1936, marchó a Almería para pedir clemencia al Gobernador Civil. Trataba así de seguir trabajando por su familia pero, al enterarse de su condición presbiteral, lo mandó directamente a prisión y en menos de tres meses al martirio.

Enrique López Ruiz

Nacido en Trevélez, en las tierras granadinas, recibió el Santo Bautismo a los dos días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Benito de su pueblo natal. Llamado al sacerdocio, estudió en el Seminario de Granada y allí recibió el presbiterado.

El uno de octubre de 1928 fue nombrado Cura Ecónomo de Nacimiento, a cuya Parroquia de Nuestra Señora de las Angustias dedicó toda su vida ministerial. Su antiguo monaguillo, don Francisco Martínez Parra, recuerda que: « En el pueblo era querido por todos porque a todos nos trataba con dedicación y cariño. Era un verdadero apóstol de Jesucristo; nos animaba a vivir la vida cristiana y nos daba siempre ejemplo con su propia vida. »

Iniciada la Persecución Religiosa, los mismos milicianos quisieron que se marchara del pueblo porque todos lo querían mucho. Él se negó resueltamente a dejar su Parroquia y les dijo: « ¿Quién iba entonces a decir Misa a esta gente? » No tardaron muchos días en violar su propio hogar y detenerlo, sin resistencia alguna por su parte. Ya preso, fue enviado a la ciudad de Almería.

La noche del treinta de agosto de 1936, en el barco Astoy Mendi que había sido convertido en cruel prisión, todos los presbíteros fueron llamados por sus verdugos. Don Bienvenido Ayala contaba que, como no fue pronunciado el nombre del siervo de Dios, éste: «Se puso en pie para identificarse también como sacerdote. Mi tío, que estaba junto a él, le tiraba del pantalón para impedir que se levantara, pero el siervo de Dios le decía que él no se negaba; y añadió: “No puedo, Cristo me llama”. Se puso en pie y se entregó voluntariamente al martirio. » Fue coronado con la gloria del martirio a sus treinta y cinco años de edad.

Pedro Martín Abad

Nacido en una piadosa familia de comerciantes, que lo consagraron al Sagrado Corazón nada más nacer, fue bautizado en la Iglesia Parroquial de Vera, su ciudad natal; a los tres días de su nacimiento. Niño humilde y muy unido a sus hermanos, ingresó en 1914 en el Seminario de Almería.

Aún como seminarista fue nombrado Organista del Seminario; en 1922, Sacristán del Convento de las Puras y, dos años después, Organista del Sagrado Corazón de Almería. En 1924, tras brillantísimas oposiciones, tomó posesión del beneficio de primer Organista de la Catedral de la Encarnación de Almería. A la música sagrada y al templo catedralicio dedicaría el resto de su existencia.

Recibió el presbiterado el once de octubre de 1925. En 1928 fundó la Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Amargura, conocida rápidamente por los almerienses como El Encuentro.

Oculto en la casa de la familia Bolea al comenzar la Persecución Religiosa, al enterarse de la detención del beato don Diego Ventaja dijo: «Sí han detenido al señor Obispo, ¿por qué no me he ido yo también con él? » Instantáneamente abandonó su refugio y fue detenido el veintisiete de agosto de 1936. Preso en el barco Astoy Mendi, fue sometido a terribles torturas. Como se negó a blasfemar, un compañero de cautiverio recuerda que: «Lo sacaban a cubierta para pegarle y le hacían pasar tormentos horrendos, amarrándolo con una cuerda al cuello, subiéndolo y bajándolo por una polea. »

Enfermo por las torturas, fue martirizado a los treinta y cinco años. Junto a su cadáver, salvajemente mutilado, su hermano encontró las medicinas que le había enviado y no le dejaron tomar.

José María Martínez Vizcaíno

Bautizado al día siguiente de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de la Inmaculada de su alpujarreño pueblo (Ohanes), sus buenas notas le consiguieron una beca en el Colegio del Sacro – Monte de Granada.

Allí maduró su vocación, recibiendo el presbiterado el dos de octubre de 1922 en la Catedral granadina. Su entrañable paisano, el beato don Diego Ventaja Milán que por entonces era rector del Sacro – Monte, predicó durante su primera Misa en Ohanes el doce de octubre. Trece años después, cuando el siervo de Dios era Cura Párroco de Churriana de la Vega, el beato Ventaja le pidió que le acompañase como secretario al inaugurar su episcopado en Almería. Su respuesta fue profética: «Hasta que la muerte nos separe. »

El fiel secretario acompañó a su Prelado durante su calvario, siendo detenido con él el doce de agosto de 1936 y compartiendo prisión en las Adoratrices y en el barco Astoy Mendi. La falta de espacio en el furgón impidió que fuera martirizado junto a su amado beato don Diego.

Al día siguiente del martirio del Obispo mártir, don Manuel Román González cuenta que: «Culminó su calvario con una muerte ejemplar. Invocó a Cristo Rey, perdonó a sus verdugos y se despidió de sus amigos y compañeros de prisión con un “Hasta el Cielo”. » Tenía treinta y ocho años.

Gregorio Morales Membrives

Nacido en Rejano, aldea del municipio granadino de Caniles, fue bautizado en su Iglesia Parroquial de san Antonio de Padua al día siguiente de su nacimiento. En 1901 marchó al Seminario de Almería por su vocación presbiteral. Como recordaba su sobrino don Gregorio: «Pertenecía a una familia humilde, sus estudios en el Seminario los pudo hacer sirviendo de fámulo. En vacaciones trabajaba en una fábrica de mosaicos para ayudarse en sus estudios. »

Ordenado presbítero el diecisiete de mayo de 1913 en la capilla de san Indalecio de la Catedral almeriense, su primer destino pastoral fue la capellanía del Convento de las Claras. Entre 1913 y 1915 fue Coadjutor de la Parroquia de Gérgal. Ese mismo año regresó a Almería, como Capellán de la iglesia de la Sagrada Familia. Se ocupó de las capellanías de las Damas Catequistas, de las Hijas de la Caridad, de las Religiosas de María Inmaculada y de Araoz.

En 1919 fue nombrado Sacristán Mayor de la Catedral de la Encarnación, dedicando desde entonces su vida al templo catedralicio. Don Manuel Román González consigna que: «Se ocupaba con gran celo y competencia de la formación de los niños y jóvenes cantores del Colegio de Seises de la Catedral, de donde incluso salían vocaciones para el Seminario. »

Al estallar la Persecución Religiosa buscó refugio en la vega almeriense junto a su sobrino, el siervo de Dios don Pedro Almécija Morales. Allí fueron detenidos el veintitrés de julio de 1936 y, también juntos, padecieron martirio. Cincuenta y tres años de edad contaba al momento de recibir la corona del martirio.

Miguel Morano Sáez

Fue bautizado al día siguiente de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ginés de la Jara de Purchena, su ciudad natal. En 1909, para responder a su vocación sacerdotal, ingresó en el Seminario de Almería y obtuvo muchas distinciones por sus buenas notas.

Recibió el presbiterado el veinte de marzo de 1920, regresando a Purchena para celebrar su primera Misa el cuatro de abril. Durante su primer año de ministerio fue Coadjutor de Tabernas, sinedo nombrado Cura Ecónomo de Partaloa al año siguiente. Entre 1922 y 1929 atendió la Parroquia de santa María de Líjar.

Párroco de Nuestra Señora de la Encarnación de Félix desde el cinco de mayo de 1929, allí consagraría el resto de su ministerio. Una antigua colaboradora suya, doña Matilde Flores, así lo recordaba: « Mi madre siempre decía: “este hombre es un alma de Dios”. Daba catequesis y era un buen párroco. »

La Persecución Religiosa lo sorprendió muy enfermo de bronquitis y con cuarenta y un años. Detenido a finales de julio de 1936 en la carretera del pueblo, sufrió cárcel en la ciudad de Almería hasta su martirio. Una feligresa de entonces, doña Ana Carretero, decía que: « Nos daba catequesis y buenos consejos. La gente mayor decía que era muy bueno, y los niños lloramos cuando nos dijeron que lo habían apresado en el barco y lo mataron. »

Ángel Noguera Gallegos

Al día siguiente de su nacimiento fue bautizado en la Iglesia Parroquial de santa Escolástica de Granada, su ciudad natal. De pequeño se escapaba de casa para ir a la Basílica de la Santísima Virgen de las Angustias, pues decía que: « Tengo que acompañar a la Virgen porque está muy sola. »

Su pronta piedad le llevó al Seminario de Granada. Como seminarista afrontó una dura prueba. Al amputarle una pierna a su padre la familia quedó sin ingresos y, para remediarlo, su madre inició estudios de matrona. A su progenitor no le pareció bien y buscó al siervo de Dios un trabajo de escribiente. A pesar de su juventud, defendió su vocación y fue ordenado presbítero en 1933.

Su ministerio, de tan sólo tres años, no fue fácil. Enviado a la Parroquia de Fuente Vaqueros, los exaltados laicistas lo amenazaron con gran violencia. Pero, como recuerda su hermana doña Antonia: « A pesar de todo mi hermano, debido a su carácter alegre y simpaticón, se ganó a los jóvenes jugando a la pelota, se subía la sotana y jugaba un partidillo con ellos para atraerlos hacia el Señor. » Alarmado por aquella beligerancia, lo enviaron a Alboloduy en 1935.

Al iniciarse la Persecución Religiosa, rechazó las súplicas de su madre para que marchara a Granada. Si bien consistió en refugiarse en el cortijo de la Simona junto a los presbíteros Matarín, siguió celebrando la Santa Misa hasta el veinticuatro de julio de 1936 en que profanaron el templo. Fue detenido el seis de agosto y enviado preso a Almería.

Su hermana cuenta que: «Cuando fueron a sacar a los Obispos, todos los sacerdotes como una piña se levantaron para marchar con ellos a correr la misma suerte y entre ellos estaba mi hermano, y en plan despectivo el que los sacaba les dijo que no tuvieran pena que “mañana os tocará a vosotros”. » Así sucedió con el joven presbítero, mártir a sus veintisiete años.

Francisco Roda Rodríguez

Bautizado en la Iglesia Parroquial de san Sebastián de su Almería natal, sus padres trabajaban en la confección de alfombras de esparto con honda piedad cristiana.

En 1886 ingresó en el Seminario de san Indalecio, donde a la par de su vocación sacerdotal desarrolló una carrera intelectual que no abandonó nunca y difícil de resumir. Bachiller en Arte por el Instituto Provincial de Almería, fue Doctor de Teología y Derecho Canónico por el Seminario de Granada. En la Universidad de aquella ciudad se licenció en Filosofía y Letras, doctorándose en Derecho Civil y Ciencias Históricas. En 1908 fue nombrado miembro de la Real Diputación Arqueológica y Geográfica Príncipe Alfonso. Dedicado también a la docencia, impartió clases en el Seminario, en el Instituto General y en la Escuela de Magisterio.

Ordenado presbítero el diecinueve de diciembre de 1896 en la capilla del Hospital Provincial, ocho días después celebró su primera Misa en el Santuario de la Santísima Virgen del Mar de Almería. Capellán del Hospital Provincial por tres años, fue nombrado Capellán de Honor de Su Majestad en 1900. Entre 1902 y 1911 fue Cura Párroco de Lubrín. Tras permanecer año y medio como Párroco y Arcipreste de Gérgal, pasó a ser Párroco del Sagrario de Almería en 1912. El uno de junio de 1914 tomó posesión de una canonjía de la Catedral de la Encarnación. Como Canónigo Magistral predicó importantes sermones y los Obispos le confiaron varias tareas.

Ya que se negó a ocultarse al iniciarse la Persecución Religiosa, los milicianos se presentaron en su casa el doce de agosto de 1936. Él, antes de ser llevado a prisión, les dijo: «Sí es la voluntad de Dios, aquí estoy. » El martirio le alcanzó a los sesenta y tres años de edad. Su sobrina cuenta que: «Antes de arrojarlo al pozo le saltaron los ojos, y como mi tío a este ultraje respondió diciendo: “Todavía tengo lengua para bendecir a Dios”, le cortaron la lengua.»

Eduardo Romero Cortés

Recibió el Bautismo, un día después de su nacimiento, en la desaparecida Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación de su pueblo natal (Alicún). Muy unido a sus ocho hermanos, educó en su propia casa a varios de sus sobrinos al quedarse huérfanos.

Devotísimo de la Madre de Dios, ingresó en el Seminario de Almería por su profunda vocación sacerdotal. Fue ordenado presbítero el seis de junio de 1903 y se le encomendaron varias misiones pastorales. El uno de octubre de 1911 fue nombrado párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Bentarique, donde entregaría los siguientes veinticinco años de su existencia. Un antiguo feligrés rememoraba que: « Con los niños se desvivía en obsequios para tenerlos contentos en catequesis. Con los jóvenes inició los grupos de Acción Católica, y con los adultos inició los grupos de Madres Cristianas que tenían sus reuniones semanales y sus retiros espirituales. Era todo un apóstol. »

Nunca quiso responder a los ataques laicistas, aunque era consciente de las amenazas: « ¡Los sacerdotes lo vamos a pasar muy mal, - solía decir - nos van a eliminar a muchos!» Aunque recibió un nombramiento en la ciudad de Granada, no quiso abandonar Bentarique ante la inminencia de la Persecución Religiosa. Sus familiares querían que se marchara, pero objetaba: « ¿Qué mal me van a hacer a mí sí yo los he bautizado a todos?, a nadie hice mal nunca… pasará lo que Dios quiera. »

Sólo aceptó refugiarse en un cortijo próximo al pueblo, donde fue salvajemente detenido el doce de agosto de 1936. Cruelmente torturado y preso en Almería, recibió la corona del martirio a los cincuenta y ocho años. Su sobrina quedó tan horrorizada al reconocer su desfigurado cadáver que malogró su embarazo.

Agustín Sabater Paulo O.D.

Fue bautizado a los cuatro días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de su Vinaroz natal, en la provincia de Castellón. Seminarista de Tortosa, recibió la ordenación presbiteral el veintitrés de diciembre de 1905.

El doce de agosto de 1907 ingresó en la Hermandad de Operarios Diocesanos y fue prefecto de disciplina del Seminario de Ciudad Real. Igual responsabilidad ocupó en el de Badajoz durante los cuatro años siguientes. En 1911 fue destinado al de Almería como administrador y prefecto, ganándose la admiración de los seminaristas por veinticinco años.

Don Andrés García Angulo, seminarista por entonces, recordaba que: «Su despacho siempre estaba abierto y frecuentado por muchos alumnos que entraban allí buscando en don Agustín consejo, dudas de clase, ayuda material. Su bondad y sencillez hacía fácil el acceso a él. Se veía piadoso, hombre de fe. »

También era seminarista en aquella época don Gonzalo Rodríguez Martínez, que rememoraba así lo sucedido al estallar la Persecución Religiosa: «Don Agustín se levantó y dijo: “Lo primero, el Santísimo”. Marchamos todos a la Capilla y don Agustín abrió el sagrario y sollozando consumió las Sagradas Formas. Después todos se abrazaron y salimos a la calle. »

Ese mismo día don Juan Viciana, proveedor del Seminario, lo ocultó en su propia casa. Su hija recuerda que: «Cuando llevaba una semana en casa, se presentó el cocinero del Seminario con dos milicianos para llevárselo. El siervo de Dios con mucha paz se puso su capa, se despidió de nosotros y los acompañó con mucha entereza; no se amedrantó. » Diez días después, a sus cincuenta y tres años, recibió la palma del martirio.

 





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