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Ángel Alonso Escribano y 9 compañeros, Beatos
Sacerdotes y Mártires, 30 de agosto


Por: n/a | Fuente: diocesisalmeria.es



Sacerdotes y Mártires

Beato José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros asesinados por «odio a la fe» entre 1936 y 1939, asesinados por odio a la fe en Almería, España.

Fecha de beatificación: 25 de marzo de 2017, durante el pontificado de S.S. Francisco.

Breves Biografías


Poco tiempo después del comienzo de la guerra civil en España, en 1936, el Frente Popular en la Provincia de Almería dio orden de arrestar a todos los enemigos de la revolución, en particular los sacerdotes y los religiosos, los aprendidos fueron encerrados en prisiones improvisadas, donde fueron sometidos a privaciones, malos tratos y burlas.

En la madrugada del 29 al 30 de agosto, los obispos de Almería y de Gaudix y otras 15 personas fueron conducidos al Barranco del Chisme de Vícar (Almería), donde los pusieron en fila y los fusilaron, posteriormente sus cuerpos fueron desgarrados y quemados.

Los obispos, Mons. Diego Ventaja Milán, obispo de Almería, y Mons. Manuel Medina Olmos, obispo de Gaudix, fueron beatificados por el Papa San Juan Pablo II el 10 de octubre de 1993.



Parte de esos compañeros en el martirio conforman este grupo de diez presbíteros, que ha partir de marzo del 2017, se suman a la lista de Beatos, ellos son:

Ángel Alonso Escribano O. D.

En Valdunciel, villorrio de la salmantina comarca de La Armuña, recibió el Bautismo en su Iglesia Parroquial de san Vicente Mártir. Con gran aprovechamiento cursó estudios en el Seminario de Salamanca y en la Universidad Pontificia de Comillas, obteniendo el doctorado en Teología y la licenciatura en Derecho Canónico.

Ordenado presbítero el once de septiembre de 1921, inició su ministerio pastoral en Fuenterroble de Salvatierra. Muy pronto descubrió su carisma de entregarse a la formación del clero e ingresó en la Hermandad de Operarios Diocesanos el doce de agosto de 1927. Como operario desempeñó varias misiones: prefecto de disciplina del Seminario de Burgos desde 1926 a 1930, la misma responsabilidad tuvo en el Seminario de Valladolid entre 1930 y 1933, añadiendo su labor de enseñanza en el Seminario de Belchite.

Enviado al Seminario de Almería en 1934 como prefecto y profesor de Lógica, asumió diversos oficios al servicio de los seminaristas. De entre todos, la dirección espiritual cobró una singular importancia en su ministerio. Respetado y querido por todos, sobresalían en su persona las virtudes de la humildad y la pobreza. Aunque debía marcharse a Salamanca el diez de julio de 1936, al esperar la llegada de su sucesor quedó prisionero. Refugiado en un cortijo de la Cañada de san Urbano, tras varios registros fue detenido con tres hermanos de La Salle. A sus treinta y nueve años compartió martirio con los Beatos Obispos de Almería y de Guadix.



En la carta que luego escribió el rector del Seminario a sus familiares de Salamanca les dijo: «A la madre de don Ángel tenga la bondad de enterarle de todo esto, y transmitirle mi más profundo sentimiento por tan sensible pérdida, pero al mismo tiempo la más sincera felicitación por tener un hijo en el cielo vistiendo la estola blanca del sacerdocio y ostentando la palma del martirio muy cerca del trono de Dios. Yo me encomiendo a él y le confío mis asuntos como verdadero Santo.»

Juan Manuel Felices Pardo

La ciudad de Almería acogió su nacimiento, siendo bautizado en la Iglesia Parroquial de san Sebastián. Vecino del convento de las Hermanitas de los Pobres, su pronta vocación sacerdotal le hizo ingresar en el Seminario de Almería, donde superó los estudios con buenas notas.

Ordenado presbítero el diecisiete de mayo de 1916, dijo su primera Misa en la capilla del Manicomio el seis de junio. Enviado como coadjutor de Gérgal durante cuatro años, los siguientes ochos años fue párroco de san Francisco de Paula de Cuevas de los Medinas.

En 1928 regresó a Almería, como párroco de san José del Barrio Alto. Una niña de la época lo rememoraba así: «Celebraba la Misa con devoción, pausadamente; atendía a los fieles en el confesionario, predicaba todos los domingos y de forma sencilla, al alcance de la gente sencilla; daba catequesis a los niños; repartía muchas estampas para fomentar la devoción al Señor y a la Santísima Virgen. Hacía mucho apostolado en la parroquia y atraía la gente hacia la Iglesia y hacia Dios. El Barrio era, entonces, el mayor foco de pobreza de Almería -gitanos y pescadores- y los atendía muy bien. No era un hombre interesado, vivía modestamente, atendido por su hermana.»

Al inicio de la Persecución Religiosa siguió celebrando la Santa Misa hasta la misma mañana de su detención, que tuvo lugar en Los Molinos. Mientras era conducido a prisión gritaba: «¡Viva Cristo Rey!, ¡Señor perdónalos!» Junto a los Beatos Obispos de Almería y Guadix recibió la palma del martirio, a sus cuarenta y tres años de edad.

Antonio García Padilla

Sí bien nació en Alboloduy, fue en la Iglesia Parroquial de la cercana villa de Santa Cruz de Marchena donde recibió el Bautismo. En 1893 ingresó en el Seminario de Almería, donde logró doctorarse en Teología.

Presbítero desde el veintiocho de mayo de 1904, comenzó su ministerio como coadjutor en Tabernas y adscrito a la parroquia de Santiago de la ciudad de Almería. Cura Regente de Benahadux en 1909, dos años después pasó a ser su Cura Ecónomo. En 1913 tomó posesión de la parroquia de santa María de Huércal de Almería, a la que consagraría más de veinte años de su vida.

Muy unido a su coadjutor, el siervo de Dios don Juan Capel Segura, ambos edificaron a los feligreses por su profundad hermandad sacerdotal. Un niño de entonces recordaba que: «Se adaptó por completo al ambiente de austeridad y pobreza que era normal en la feligresía. Por esto tenía ocasión de dar limosna y ayudar con largueza a los necesitados sobro todo si estaban enfermos o incapacitados, a los cuales visitaba.»

Opuesto a las ofensivas laicistas de la República, tuvo que huir al comienzo de la Persecución Religiosa. De este modo recordaba esos angustiosos días don José Fernández Rueda: «Llevando el Santísimo Sacramento en el pecho, salió por la parte de atrás de la casa rectoral, con su hermana doña María, vagando por la vega, hasta ser recogido en un cortijo, en donde lo prendieron los milicianos.»

Detenido el seis de agosto de 1936, fue conducido un día después al convento de las Adoratrices y al barco Astoy Mendi el día veinticinco. El día treinta padeció martirio, a sus cincuenta y cinco años, junto a los Beatos Obispos de Almería y de Guadix.

Juan Garrido Requena

Tras su nacimiento en Alcóntar, recibió el Santo Bautismo dos días después en la Iglesia Parroquial de santa María de Serón. Estudió en el Seminario de Guadix, diócesis a la que entonces pertenecía su tierra natal, y fue ordenado presbítero el diecinueve de septiembre de 1896. Fue nombrado coadjutor de Caniles el uno de febrero de 1897.

El beato don Manuel Medina Olmos lo recomendó al célebre pedagogo don Andrés Manjón para que fuera capellán del primer colegio del Ave María en Granada. Llegado el treinta de julio de 1900, a las escuelas del Ave María dedicaría los casi cuarenta años restantes de su ministerio. Un entrañable cariño y mutuo afecto estableció con el padre Manjón, así como con los beatos Manuel Medina Olmos y Diego Ventaja Milán.

Un alumno suyo recordaba que: «Era el que llevaba prácticamente el Colegio del Ave María del Sacromonte en Granada, aunque el padre Manjón era el director. Era una persona excelente, un llamado de Dios; daba buen ejemplo en el colegio; tenía un carácter abierto y alegre; era muy activo. Era un hombre piadoso, hacía apostolado entre los maestros y los alumnos, gozaba de fama de buena persona y era querido y estimado por niños y maestros.»

El dieciséis de julio de 1936 llegó a Almería, invitado por su buen amigo el beato don Diego Ventaja. Al sorprenderles la Persecución Religiosa, acompañó hasta el mismo martirio a sus íntimos amigos los beatos Obispos de Almería y Guadix. Tenía sesenta y dos años de edad, gastados casi todos en la educación cristiana de la infancia.

Nicolás González Ferrer

La ciudad de Vera acogió su nacimiento y su bautismo, así como su crianza en la casa de su padre que ejercía de veterinario. Por su vocación, ingresó en el Seminario de Almería y fue ordenado presbítero en el Santuario de la Santísima Virgen del Mar el doce de junio de 1897.

Recibió su primera misión pastoral como capellán del Hospital de Vera en 1898, siendo coadjutor de su parroquia natal en 1905 y ecónomo de Purchena en 1907. En 1916 fue Cura Ecónomo de Arboleas y, desde 1918, Cura Regente de Cantoria. Por una década, desde 1922 a 1931, fue Cura Encargado de Lubrín.

Retornado a su ciudad natal desde 1931 como Coadjutor. Su sobrina nieta lo recordaba así: «Tenía gran celo apostólico. Ayudaba al maestro Pedro a dar clases a los niños y jóvenes del pueblo. No era hombre vicioso, era un sacerdote respetuoso con la gente y al mismo tiempo querido y respetado por todos. No le he oído a nadie decir algo desagradable de él. Vivía con una hermana, que era también una persona profundamente religiosa. Era un hombre de gran fe, fiel al rezo del Breviario. Él manifestaba siempre su amor a Dios y respeto a su santo nombre. Cuidaba mucho su tiempo del confesionario para atender a los fieles en el sacramento de la penitencia.»

El veinticinco de julio de 1936 celebró, con grave peligro, la Santa Misa en la solemnidad del Patrono de España. Durante su detención, el seis de agosto, «Su hermana intentó defenderlo para que no se lo llevaran y alguno del piquete le golpeó con la culata de la escopeta en la cabeza, la tiraron al suelo, dejándola medio loca, y así se mantuvo hasta que murió.»

Sufrió prisión en Almería junto a los beatos Obispos Ventaja y Medina Olmos. Seleccionado para ser martirizado junto con ellos, durante el trayecto hacia el barranco del Chisme, el beato don Diego Ventaja Milán le pidió: «Padre, usted que es el mayor ¿quiere darnos la absolución?» Contaba sesenta y cuatro años de edad al entregar su vida por Cristo.

Aurelio Leyva Garzón

Hijo de una familia de raigambre cristiana, recibió el Santo Bautismo en la Iglesia Parroquial de Santiago de la ciudad accitana. Por su vocación sacerdotal ingresó en el Seminario de san Torcuato. Sus virtudes atrajeron pronto al buen obispo don Maximiano Fernández del Rincón y Soto – Dávila, que lo tuvo como paje durante los últimos años de su pontificado.

Ordenado presbítero el veintiuno de diciembre de 1901, continuó vinculado al Seminario como Superior. También se le encomendó la coadjutoría de la Parroquia de santa Ana en la misma ciudad de Guadix. En 1906 pasó a ser coadjutor de su parroquia natal, a la que entregaría los treinta años de su ministerio. De este modo lo recordaba el canónigo Sánchez Cuevas: « De carácter fuerte y decidido hizo frente en más de una ocasión a los que pretendieron faltarle el respeto, poniéndoles a raya. Esto fue también causa de que algunos, en desquite, le buscaran, iniciada la persecución, deteniéndole en los primeros días. »

El mismo canónigo conservaba la memoria de su martirio: « Llevado al vagón de ferrocarril donde llevaron también al Sr. Obispo don Manuel Medina Olmos con otros sacerdotes, fue conducido a Almería con los demás, pasando por varias prisiones. Trasladado al barco prisión Astoy Mendi, fueron maltratados por los milicianos y marineros y, finalmente, en la madrugada del día treinta de agosto fueron sacados en compañía de los Obispos y otros, para ser asesinados y quemados sus cadáveres. » Tenía cincuenta y nueve años al coronar su vida con el martirio.

Santiago Mesa Leyva

Sus padres, humildes zapateros, lo llevaron a bautizar a los nueve días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Miguel Arcángel de su ciudad natal (Guadix). En 1888, para responder a su vocación sacerdotal, ingresó en el Seminario de san Torcuato. Fue ordenado presbítero el veintitrés de diciembre de 1900.

Su primer encargo pastoral fue el de Coadjutor de la Peza, pasando después a servir a la parroquia de Venta Quemada como Cura Encargado desde 1906 a 1912 y Cura en propiedad desde 1912.

Beneficiado de la Catedral de santa María de la Encarnación de Guadix desde 1914, dedicó el resto de su vida al servicio del culto catedralicio y siempre cumplió fielmente sus obligaciones en el coro. Precisamente este celo sería la causa de su martirio pues, como recuerda el canónigo Sánchez Cuevas, al comienzo de la Persecución Religiosa: «A ella se dirigió el veinticinco de julio del año trágico, por no quedarse sin celebrar el día de su santo. Con este motivo lo detuvieron y le condujeron al furgón humillante y de allí, a Almería. »

De este modo, a sus sesenta y un años, compartió el martirio de los beatos Obispos de Almería y de Guadix.

Mariano Morate Domínguez

Nacido en la ciudad bañada por el río Carrión (Palencia), fue bautizado en la Iglesia Parroquial de san Miguel. A su vocación sacerdotal unió la intelectual, cursando brillantes estudios en los Seminarios de Palencia y Salamanca. Doctorado en Teología por la Universidad de Salamanca, hizo lo propio en la Universidad Pontificia de Comillas en la disciplina de Derecho Canónico.

Fue ordenado presbítero el diecinueve de septiembre de 1908. En 1911 recibió su primera misión pastoral, como Coadjutor de la Iglesia filial de santa María de Becerril de los Campos. Los dos años siguientes fue Cura Ecónomo de Villasavariego de Ucieza. En 1913 regresó al Seminario de su ciudad natal como profesor y, en 1925, tomó posesión como canónigo de la Catedral palentina.

A Almería llegó en 1933, al permutar su canonjía. Además de sus obligaciones en la Catedral, se hizo cargo de dar clases en el Seminario. Cuando se inició la Persecución Religiosa contaba con cincuenta y un años.

Un seminarista de la época recuerda lo acontecido: «Se sentó en un banco de hierro que había en la plaza, frente a la misma puerta del Seminario. Al salir don Ángel Alonso Escribano, siervo de Dios y operario diocesano y yo, don Ángel le dijo: “Don Mariano ¿es que se va a quedar ahí sentado?” Él contestó: “Yo no conozco a nadie. Sí me han de martirizar, lo mismo me da a mí que sea aquí que en otra parte. Aquí a nadie pongo en peligro de ser perseguido”. Y allí se quedó; allí lo cogieron y allí comenzó su calvario hasta su muerte. Era un sacerdote ejemplar y bondadosísimo. Aún ahora parece que lo estoy viendo. Yo le quería mucho por su afabilidad y gratitud; por todo te decía: “gracias”. »

Torcuato Pérez López

Natural de la ciudad de Guadix, en la Iglesia Parroquial de Santa Ana recibió las aguas bautismales a los dos días de su nacimiento. Tras estudiar en el Seminario de san Torcuato, fue ordenado presbítero el veintisiete de mayo de 1904.

Los cuatro primeros años fue empleado en diversos ministerios pastorales, hasta que en 1908 fue nombrado Sacristán mayor de la Catedral de santa María de la Encarnación de Guadix. Al templo catedralicio se dedicó con primor, entregándole hasta su magra herencia y cada una de sus horas.

El canónigo Sánchez Cuevas consigna así su recuerdo: «Aunque algo adusto en el trato, en el servicio fue esclavo de su deber, tenía el templo tan aseado que algunos llegaron a quejarse de que en el Coro, obra de arte de los mejores en su género en España, donde tantos y tan buenos existen, no aparecía la pátina del tiempo debido a su limpieza, el pavimento estaba como un espejo. En los días siniestros de los incendios, antes del movimiento pasaba en las puertas de la catedral las noches en vela por sí alguno se acercaba a prender fuego. »

Tras sufrir terribles amenazas porque creían que escondía las alhajas de la Catedral, fue detenido el veintisiete de julio de 1936 y enviado, junto al beato don Manuel Medina Olmos y otros presbíteros, a la ciudad de Almería. Él, a sus cincuenta y cinco años, compartió prisión y martirio con todos ellos.

Francisco Rodríguez Carmona

Bautizado el día siguiente de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de la ciudad veratense, sintió desde pequeño la vocación al sacerdocio. Para costear sus estudios sus padres debieron esforzarse mucho. Su padre, don Juan, marchó a trabajar fuera y su madre, doña Francisca, sirvió en varias casas.

Tras unos primeros estudios en la Preceptoría de Vera, en 1924 ingresó finalmente en el Seminario de Almería. Ordenado presbítero el once de junio de 1933, tres meses después fue enviado como Coadjutor a la Parroquia de Tabernas. Exceptuando cuatro meses de 1934 en que fue Cura Ecónomo de Senés, sus escasos tres años de ministerio los consagró a la coadjutoría de Tabernas.

A pesar de su juventud, los taberneros guardan el precioso testimonio de su vida. De este modo lo recordaba un niño de entonces: « Era un sacerdote muy querido por el pueblo. Algunas tardes se venía con los niños y los jóvenes a jugar a la reja. Yo me llevaba muy bien con él. Era un sacerdote muy piadoso, la Misa la decía con mucha devoción, nos hablaba mucho de la Virgen, todas las tardes rezaba el Rosario en la iglesia. A los niños y jóvenes nos daba catequesis, se sentaba a confesar todos los domingos, nos explicaba el Evangelio y atraía a la gente a Dios. »

Sus escasos veintiséis años no impidieron su violenta detención el veinticuatro de julio de 1936, siendo apresado en la cárcel del pueblo y luego enviado a Almería. Junto a los beatos Obispos de Almería y Guadix fue martirizado el jovencísimo presbítero.

 

 





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