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Por un feminismo mas femenino
Las mujeres de hoy necesitamos afrontar el reto de desarrollar lo femenino, de descubrir quienes somos y lo que esta dentro de nosotras.


Por: Karna Swanson, escritora y estudiosa sobre el feminismo | Fuente: Tiempos de Fe, Anio 3 No. 14, Enero - Febrero 2001



Pronuncia la palabra "feminis­ta" y probablemente obten­drás un variado grupo de respuestas. Desafortunadamente, la res­puesta más común es negativa y gene­ralmente el feminismo se asocia al les­bianismo, a las ideologías de la libera­ción sexual, y a una inapropiada agresi­vidad femenina. Exigiendo derechos y poniéndose frente a frente al hombre, las feministas han hecho que el feminismo parezca radical. Por esta razón dos ter­ceras partes de las mujeres estadouni­denses no se llaman a sí mismas femi­nistas, y bastantes del tercio restante tienden a agregar al término calificativos como "conservadora" o "católica".

De por sí, el feminismo es el desa­rrollo positivo de lo que corresponde a la mujer. Pero debido al desarrollo histórico del movimiento feminista, influi­do por ideologías moralmente relativas y libertarias, el término adoptó un ma­tiz social hasta el punto que el feminis­mo es igualado con el activismo políti­co ideológico. Esto se refleja en cómo el término se define con mucha fre­cuencia: el New Oxford Dictionary, de­fine feminismo como "la defensa de los derechos de la mujer para la igualdad de los sexos". El Merriam-Webster Collegiate Dictionary, define lo mismo como "teoría de la igualdad política, económica y social de los sexos", o "actividad organizada en favor de los derechos e intereses de la mujer". Aunque sean objetivas, esta definicio­nes restringen el horizonte del feminis­mo a un nivel económico-político.

Esta connotación política del feminismo se desarrolló en los primeros tiempos del movimiento que buscaba la igualdad social y económi­ca de la mujer respecto al hombre. En el avanzado proceso de democratiza­ción en el Occidente, los derechos políticos y económicos fueron negados a las mujeres; no podían votar, ejercer oficios públicos, tener propiedad priva­da, abrir una cuenta bancaria o hacer negocios. Legalmente la mujer tenía los derechos de un menor de edad.

Naturalmente, el movimiento femi­nista del siglo XIX acogió como priori­dad la igualdad política y económica de la mujer, de esta forma este movi­miento consiguió grandes ventajas para las mujeres. Hoy en día las muje­res tienen más opciones en las áreas del trabajo, la educación e independen­cia legal, gracias a la labor del movimiento del sufragio, del movimiento de la igualdad de derechos y de otros muchos movimientos que lucharon por los derechos de las mujeres. Pero, ¿qué está sucediendo hoy cuando la mayoría de las mujeres han consegui­do la igualdad económica y política? Están pidiendo más, insistiendo en que todavía, las mujeres tienen un largo camino por recorrer, para superar su estado de segunda clase en la socie­dad. La incongruencia de esta posición feminista con la realidad de las vidas de la mayoría de las mujeres demues­tra la visión pobre de las feministas ra­dicales, quienes identifican igualdad y dignidad. Este tipo de feministas sostienen que la dignidad e igualdad de la mujer están fundamentalmente unidas a sus "derechos" para hacer cualquier cosa que un hombre puede realizar -ganando la misma cantidad de dine­ro y teniendo la misma autoridad-. Esencialmente, ellas quieren ser hom­bres. Sería más correcto llamarlo defeminismo pues devalúa todo aquello que es femenino en favor de lo que es masculino. Este feminismo, degradan­do la maternidad como un estereotipo, renegando del papel tradicional de la mujer y proponiendo la contracepción y el aborto para liberarla de la respon­sabilidad del parto, no ayuda para va­lorar a la mujer en cuanto mujer. Cuan­do busca aquello que ella no es, termi­na interiormente insatisfecha llevándo­la a un continuo malestar interior.

El verdadero feminismo propone la feminidad, lo que el Papa Juan Pablo II llama el "genio femenino". Lejos de quejarse por lo que la mujer no puede hacer, Juan Pablo II descubre y resalta toda la riqueza y las posibilidades del feminismo. Esta visión, corresponde al verdadero feminismo, promueve y otorga una nueva dignidad a la maternidad, al matrimonio y al papel tradicional de educadora y cuidadora. ­



En su carta Apostólica sobre la dignidad de la mujer, el Santo Padre men­ciona "las bases antropológicas y teológicas que son necesarias para resolver los problemas relacioandos con el significado y dignidad de ser mujer y de ser hombre" (Mulieris Dignitatem, 1). Reconocido el hecho de que el hombre y la mujer son personas, y de que los dos son iguales en dignidad, se reconoce también que la mujer es persona como mujer, y que el hombre es persona como hombre. Esto es los que las feministas radicales critican como "reglas genéricas socialmente constructivas", reglas que son culturalmente fabricadas por los hom­bres con el fin de mantener a la mujer en casa y bajo su control. Lejos de es­tar culturalmente determinado, Juan Pablo II revela que estas reglas están enraizadas antropológicamente. En otras palabras, un hom­bre es hombre y actúa como hombre, no por­que sus padres u otras personas le enseñaron a actuar como hombre, sino porque es hombre.

Liberando positivamente a la mujer, y dándole mayor dignidad, este femi­nismo es un don para toda la humani­dad. Al descubrir más plenamente su papel como madre y esposa, y todas las posibilidades que hasta ahora eran desconocidas en la identidad femeni­na, la mujer es capaz de desarrollarse como una mujer, quitándose la presión de buscar ser como el hombre.

De modo similar, en vez de consi­derar a los hombres como un obstácu­lo, este feminismo promueve lo que es masculino en la promoción de los va­lores femeninos. El hombre se sentirá más libre para hacer su propia contribución masculina a la sociedad, sin miedo de ofender a la mujer.

En este contexto uno puede pregun­tarse ¿qué es exactamente el "genio femenino"? ¿Cuál es la contribución particular de las mujeres a la sociedad? El aspecto obvio que diferencia a la mujer del hombre es su capacidad de dar la vida. La mujer es única, a dife­rencia del hombre, en su papel de ma­dre, sin embargo el genio femenino no se agota aquí, una mujer sin hijos pue­de contribuir mucho a la sociedad, en algunos casos más que una madre bio­lóg





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