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Educar a los hijos es parte esencial de la familia
La naturaleza vocacional de educar a los hijos para que crezcan en la responsabilidad de sí mismos y de los otros, es parte esencial de toda familia.


Por: Padre Álvaro Lozano | Fuente: yoinfluyo.com



Hace poco compartí unas largas semanas con un grupo de jóvenes en una experiencia extraordinaria que Dios mediante, algún día les podré contrar. En esa experiencia nos cruzamos con muchísima gente de variados países, algunos con una riqueza extraordinaria.

 

Todos, la verdad, que nos hacian enriquecernos por dentro, pero no faltaban las peculiaridades de nosotros hacia ellos y de ellos hacia nosotros. A veces porque son cosas diferentes y que uno simplemente aprende a comer de una manera diferente, con las manos,  a comer con tortillas o con pan, a vestir de pantalón largo, a veces cortos, a usar huraches, a usar zapatos o a ir descalzo, a peinarse con el cabello largo, con trenzas; en fin, son cosas que son variables y uno se sorprende y las aprende, pero hay algunos otras cosas que tocan un poco más allá, cuando en ese modo de vivir encontramos algo que es como “ausente de humanidad”.

 

Me llamaba mucho la atención hablar con una de las jóvenes que iban en ese grupo que se sorprendía y decía “¿Cómo es posible que hagan esto?” Era una falta de higiene, un poquito peculiar, y ella decía: “No puedo concebir una madre que permita que su hijo haga esto”.



 

Hay veces que la gente nos mira a ti y a mí y dice: “¿Cómo es posible que este tipo haga esto? ¡Qué madre tiene!” Ante nuestra conducta, siempre hay algo que se llama educación. Para los niños, para los jóvenes, la educación es una parte fundamental, en los niños esencial y en los jóvenes es la base desde la cual él va a configurar su personalidad y se va a entregar a los demás.

 

De tal manera que la educación que les demos a los niños, que es hiper necesaria, va a constituir su futuro y va a hacer que más adelante no estemos dando sorpresas para que la gente se pregunte: “¿Qué madre es capaz de permitir esto?” O factiblemente pensar en la ausencia de la misma, lo cual sería muy doloroso. La educación para la infancia es una característica fundamental, pero lo más grande de ello es que la educación no la tiene que dar ni la televisión, ni la escuela, ni el entorno; la educación parte fundamentalente de la familia.

 



La naturaleza vocacional de educar a los hijos para que crezcan en la responsabilidad de sí mismos y de los otros, es parte esencial de toda familia. Una familia a eso está llamada, a quererse muchísimo entre los esposos, a que fruto de ese amor hermoso traigan vidas a este mundo, pero para que los eduquen a ser responsables de sí y de los demás.

 

La educación, cuando es capaz de reflejar estas dos grandes vertientes, hace hombres muy diferentes, hombres capaces de no dejarte plantado, hombres capaces de pagar sus impuestos, hombres capaces de asumir compromisos fuertes, incluso aspirar a cargos públicos para verdaderamente servir a los demás, porque no solamente ven por sí, sino también por los demás. Esa es la riqueza de la educación y es una educación que no se da en los árboles, es una educación que se da en el seno materno, en el seno de la familia, en el seno en donde los hombres empiezan a descubir lo que significa ser amado y amar.

 

Por eso es que uno de los desafios fundamentales a los que se enfrentan las familias de hoy, es seguramente éste: El desafío educativo, todavía más arduo y complejo a causa de la realidad cultural actual y de la gran influencia de los medios de comunicación, que lejos de ayudar, desvirtúan; que lejos de edificar humanidad, parece que la quieren matar.

 

Y me impacta ir de misiones y escuchar que a los niños, cuando se les pregunta: “¿Qué quieres ser de grande?”, responden: -“Yo quiero ser narco”. Porque narco es aquella figura que le ponen como “actractivo”, que con un riesgo en la vida gana mucho dinero para tener muchas mujeres y coches. Y desde ahí parece que estamos educando, pero no; de nuevo es la familia la única capaz de darle cambio a esta realidad.

 

La Iglesia está llamada a colaborar con una acción pastoral adecuada para que los propios padres puedan cumplir con su misión educativa y tenemos que brindar esa asistencia, y entre todos como sociedad ayudar a que un padre sepa educar a sus hijos; y la eduación, lo repito, en los primeros momentos es fundamental y muy fuerte, porque el niño, yo, tú de niño, no nacimos con todo, se nos dio. Luego, al llegar a nuestra pubertad, adolescencia, juventud, en donde cuestionaremos todo eso y edificaremos nuestro propio ser. Pero tenemos que partir desde ahí. Por lo tanto, la misma esperanza nos invita a vivir a pleno el presente, a tope, poniendo el corazón de la vida a la familia, porque la mejor forma de preparar y consolidar el futuro, es vivir bien el presente.

 

Es una locura pensar que los padres de familia son los responsables de la educación de sus hijos; bueno, es que esa es la locura de la vida, y así es. Por lo tanto, vamos a apoyarlos, y los que sean padres ¡échenle ganas y desvívanse para eso!, porque más que llevar el sustento cotidiano, también tienen que educarlos; y llevar el sustento cotidiano tiene que ser una herramienta de la educación, porque lo más grandioso en la educación es saber hacer hombres responsables de sí y de los demás.

 

No dejemos de disfrutar todos los días de llevar esa radicalidad del amor a esos pequeños rinconcitos de nuestra vida, que van a sorprender a más de alguno; pero de seguro a nosotros mismos nos llenarán de fe, de alegría y de amor.





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