Menu


Este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida
El pecado y la división no pueden ser mayores que el amor del Padre


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo Coadjutor de la Diócesis de San Cristobal de las Casas |



San Cirilo de Jerusalén

 

Miqueas 7,14-15.18-20: “Arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos”

Salmo 102: “El Señor es compasivo y misericordioso”

San Lucas 15,1-3.11-32: “Este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida”



 

Ningún texto más hermoso ni más explícito para expresar no sólo lo que significa la cuaresma,  sino el camino de todo creyente: retornar al Padre que nos ama, que nos busca y que nos espera. Nadie podrá decir que no se ha equivocado y  que con sus pecados no  ha abandonado la casa paterna. Nadie podrá argumentar que no ha malgastado la herencia hermosa de Dios y que ha terminado por revolcarse entre los cerdos buscando saciar su hambre. Pero nadie, tampoco, podrá decir que ha sido olvidado por Dios. Hoy podemos tomar esta parábola y colocarnos en los zapatos de los diversos personajes que nos dibuja.

 

Si nosotros fuéramos el padre, a quien se desprecia y se abandona, ¿qué actitud habríamos tomado? ¿Endureceríamos nuestro corazón y juzgaríamos y condenaríamos? ¿Y si nos ponemos en el lugar del hermano mayor? ¿No es cierto que con frecuencia tomamos sus posturas y renegamos de nuestros hermanos y los condenamos a quedar fuera de casa? ¿Y qué actitudes tenemos del hijo pecador? Magistralmente San Lucas nos dibuja una familia, con dos hijos hermanos pero diferentes y que cada uno a su forma, está rompiendo el proyecto del padre: tomar cada quien su parte, negar al hermano, ausentarse de la casa o no querer participar del encuentro. Todo rompe la fraternidad. Alguien decía que no aparece la mamá porque en Dios se resume todo el amor entrañable de mamá y papá.

 

Lo cierto es que este padre se muestra con gran misericordia y acepta a los dos hijos, diferentes, pero sus hijos.  A los dos hermanos los quiere y a los dos les hace comprender que el amor está más allá de las posesiones y de los equívocos. No, el pecado y la división no pueden ser mayores que el amor del Padre. Que este tiempo de cuaresma, esta parábola nos sirva constantemente de reflexión y de llamada de atención para acercarnos a la fiesta del Padre, a pesar de nuestros pecados y a pesar de nuestros errores.

 





Compartir en Google+




Consultorios
P. Antonio Rivero L.C.
Formación y Espiritualidad del Sacerdote
Mons. Juan Esquerda Bifet
Espiritualidad Sacerdotal
P. Carlos Skertchly L.C.
Formaciòn y Espiritualidad del Sacerdote
P. Rafael Jácome L.C:
Pastoral presbiteral. Acompañamiento espiritual para sacerdotes
P. Mario Sabino González
Asesoría a Formadores en Seminarios
Alexei Estrella Morales
Diseño Económicos Contables y Financieros para Institutos de Vida Consagrada
P. Andrzej Zielinski SAC
Ayuda y acompañamiento vocacional
Erielto Iatski Cardoso
Acompañamieto en el proceso vocacional
Daniel Cáliz
Pastoral Hispana dentro de la parroquia
[+] Ver más consultores
Reportar anuncio inapropiado |