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Reparar la brecha: el sentido del sufrimiento.
¿Dónde está Dios en todo esto? ¿Por qué permite tanto dolor?

Cerrar el espacio entre Dios y el hombre reparando la confianza perdida por nuestros primeros padres es la finalidad de todo sufrimiento


Por: H. Jonathan Flemings, L.C. | Fuente: Catholic.net



Hace cuatro años falleció el papá de mi mejor amigo en circunstancias trágicas. Fue la primera vez que me tocó acompañar a un amigo en el duelo. Dos semanas después él se veía tan mal que empecé a preocuparme por él y nos pusimos de acuerdo para salir temprano un domingo a ver parte del centro. Le preparé un desayuno de panqueques y macedonia de frutas y salimos en el primer tren. Cuando llegamos a la estación donde teníamos que cambiar tren, empezó a contarme todo. Poco a poco la historia se iba completando con los detalles que me relataba. Su papá no había fallecido--se había suicidado. El dolor de la situación traspasaba todo su ser.


El sufrimiento viene a todos. No lo podemos escapar, no importa cuánto huyamos. Es un misterio que nos sobrepasa, nos confunde, y a veces nos enoja. Surge espontánea en nosotros la pregunta, “¿Dónde está Dios en todo esto? ¿Por qué permite tanto dolor?”

 

El otro día una joven vino corriendo a mi oficina con las lágrimas goteando de sus mejillas. Se había apenas topado con una amiga que no había visto en meses y descubierto que había perdido sus piernas en un accidente. ¿Por qué suceden cosas así?


Hace unos años me encontraba en un momento oscuro de mi vida en que me preguntaba continuamente por qué seguir a Dios implica tanto sufrimiento, tanta oscuridad, tanto desierto. Me quejaba con Dios un día mientras rezaba el rosario. La nube de tristeza sobre mi cabeza casi dejaba una sombra en el pavimento que medía a pasos al ritmo de mis avemarías. De repente me vino un pensamiento nuevo.




“Hagamos un experimento mental. Tomemos por contando que Dios me ama y me quiere hacer algún bien. Si está permitiendo todo esto, ¿por qué? Pero ¿qué bien podría querer sacar de esta situación?” Mientras meditaba, comencé a darme cuenta de que Dios me permitía sufrir porque había una cosa que él solo podía obtener de mí cuando estaba sufriendo: mi confianza y aceptación. Él me hizo libre y mi libertad es la única cosa que él no tiene. Para ganar de mi corazón un acto libre de confianza, solamente vale una situación de dolor porque solo ahí puedo hacer un salto de fe en la oscuridad--un acto de confianza total.


Con ese rosario mi alma comenzó a recobrar la paz. Había encontrado un sentido en mi sufrimiento. El mal entró en el mundo por el pecado de Adán y Eva, por un uso equivocado de la libertad humana, un acto de desconfianza en Dios. Dijeron, “No confiamos que el plan de Dios es para nuestro bien. Él no nos quiere felices. ¡Nos quiere sujetos! Mejor definemos nosotros las reglas, hagamos nuestro propio plan.”  Y así abrieron en el mundo hermoso que se les había regalado una brecha siempre más ancha entre Dios y el hombre, entre el hombre y la mujer, entre los deseos humanos y el bien. Y por esa brecha entró el sufrimiento.

 

Cerrar el espacio entre Dios y el hombre reparando la confianza perdida por nuestros primeros padres es la finalidad de todo sufrimiento. Cuando yo sufro, puedo confiar en Dios como Adán y Eva no confiaron. Cuando yo sufro, puedo confiar en Dios como su Hijo confió.


Por eso Dios se hizo hombre, sudó sangre en agonía y expiró en una cruz por nosotros, para enseñarnos a confiar en Dios a pesar de todo. Por eso Jesús gritaba del patíbulo, “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?” citando salmo veintidós que también dice, “Porque él no desprecia ni tiene en poco el sufrimiento del pobre; no esconde de él su rostro,  sino que lo escucha cuando a él clama.” Es una oración de confianza.


En el sufrimiento cuestionar es bien válido, como Jesucristo mismo nos muestra. Se puede gritar, “¿Por qué me has abandonado?” Pero el sentido del dolor inexplicable solamente se encuentra cuando se pregunta con humildad, cuando se acepta ser hijo en el Hijo. “Tomemos por contado que Dios Padre me ama y me quiere hacer algún bien. ¿Qué me podría estar tratando de enseñar en esto?”




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