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Novena a San Patricio
Oraciones para cada día de la novena, la puedes hacer tantas veces desees, de manera especial los días previos a la festividad (8 al 16 de marzo)


Por: n/a | Fuente: ACI Prensa



Acto de Contrición:

Pésame Señor y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí un Dios tan bueno y tan grande como Vos; antes querría haber muerto que haberos ofendido, y propongo firmemente nunca más pecar y apartarme de las ocasiones próximas de pecado. Amén

Oración para todos los días:

Santo Obispo Patricio, fiel pastor de la grey real de Cristo, que iluminaste a Irlanda con el resplandor del Evangelio, que es la fuerza poderosa de la Trinidad, ahora que gozas de la Bienaventuranza Eterna, intercede para que el Redentor nos preserve en la fe y la caridad. Por Jesucristo, Nuestro Señor, Amén.

Aquí rezar la Invocación para cada día.



Oración final para todos los días:

Señor y Dios nuestro, que enviaste al obispo San Patricio para evangelizar a los pueblos de Irlanda, concédenos, por sus méritos e intercesión, que, quienes nos gloriamos de ser cristianos, anunciemos a los hombres tus maravillas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Invocación Primer Día:

Por mi bienestar y mi protección, hoy pido que el poder de la Santísima Trinidad me rodee.

Del libro Confessio de San Patricio:

“Yo, Patricio, pecador, el más rústico y el menor de todos los fieles, sumamente despreciable para muchos, tuve como padre al diácono Calpornio, que era cierto hijo del presbítero Potitus y que vivía en el pueblo de Bannauen Taberniae, pues él tuvo una pequeña villa, donde yo fui apresado. Entonces tenía cerca de dieciséis años. Ignoraba al Dios verdadero y fui llevado en cautiverio a Irlanda con tantos miles de hombres, según nuestros méritos, porque nos alejamos de Dios y no custodiamos sus preceptos y no fuimos obedientes a nuestros sacerdotes, que nos advertían para nuestra salvación, y el Señor llevó a nosotros la ira de su animosidad y nos dispersó entre pueblos numerosos, incluso hasta los confines de la tierra, donde ahora mi pequeñez se halla entre extraños”.

Se pide la gracia que se desea conseguir.

Padre Nuestro, Ave y Gloria.

Invocación Segundo Día:

Por mi bienestar y mi protección, hoy pido que el poder de la pasión, muerte, y resurrección de Cristo me envuelva.

Del libro Confessio de San Patricio:

Y entonces el Señor abrió el sentido a mi corazón de incredulidad, para que, aunque tarde, me acordara de mis pecados y me convirtiera con todo mi corazón al Señor, mi Dios, quien miró mi humildad y se apiadó de mi adolescencia y mi ignorancia, y me custodió antes que lo conociera y antes que supiera o distinguiera entre el bien y el mal, y me fortificó y me consoló como un padre a su hijo.

Por eso no puedo callar, ni conviene por cierto, tantos beneficios y tanta gracia que el Señor se dignó concederme en la tierra de mi cautiverio, porque esta es nuestra retribución: después de nuestra corrección y reconocimiento de Dios exaltar y confesar sus maravillas, delante de toda nación que está bajo todo cielo.

Padre Nuestro, Ave y Gloria.

Invocación Tercer Día:

Por mi bienestar y mi protección, hoy pido a los ángeles y arcángeles que me cuiden.

Del libro Confessio de San Patricio:

Porque no hay otro Dios ni fue nunca ni antes, ni será después de ahora, salvo Dios Padre ingénito, sin principio, de quien viene todo principio, quien tiene todas las cosas, como decimos. Y su hijo Jesucristo, de quien testimoniamos que siempre ha estado con el Padre, engendrado espiritualmente en el Padre antes del origen del mundo, engendrado de modo inenarrable antes de todo principio. Y por él fueron hechas todas las cosas visibles y las invisibles, fue hecho el hombre; después de vencer a la muerte fue recibido en los cielos junto al Padre, y le dio todo poder sobre todo nombre de cosas celestes, terrestres e infernales; y que toda lengua confiese que el Señor Dios es Jesucristo, en quien creemos y de quien aguardamos su venida inminente, juez de vivos y muertos, que devolverá a cada uno según sus acciones y derramó abundantemente en nosotros el Espíritu Santo, don y prenda de inmortalidad, quien hace que los creyentes y obedientes sean hijos de Dios y coherederos de Cristo, a quien confesamos y adoramos como único Dios en la Trinidad de su sacro nombre.

Padre Nuestro, Ave y Gloria.

Invocación Cuarto Día:

Por mi bienestar y mi protección, hoy pido la ayuda de los profetas, los mártires y todos aquellos que en su vida fueron testigo del amor de Dios.

Del libro Confessio de San Patricio:

En la noche vi en visión a un hombre llamado Victoricus, como si hubiera venido de Irlanda, trayendo muchísimas cartas. Y me dio una de ellas, y leí las primeras palabras de esa carta, diciendo: ‘La voz del irlandés…’ Y mientras leía la carta, creí oír muchas voces en ese mismo momento clamando a una sola voz: ‘Te pedimos, muchacho, ven y anda entre nosotros una vez más’.

Pues él mismo dijo a través del profeta: Invócame el día de tu tribulación, y te liberaré y me glorificarás. Y de nuevo dice: Es honroso revelar y confesar las obras de Dios. Sin embargo, aunque en muchas cosas soy imperfecto, deseo en beneficio de mis hermanos y parientes conocer mi índole, para que puedan ver el deseo de mi alma. No ignoro el testimonio de mi Señor quien atestigua en el salmo: Entregarás a la perdición a aquellos que dicen mentira. Y de nuevo dice: la boca que miente mata al alma. Y el mismo Señor en el Evangelio dice: Por cada palabra ociosa que hubieren dicho los hombres, darán cuenta de ella el día del juicio. Pero por ello debía vehementemente, con temor y temblor, temer esta sentencia aquel día en que nadie podrá sustraerse ni esconderse, pero todos absolutamente hemos de dar cuenta, hasta de los mínimos pecados, en el tribunal de Cristo Señor.

Padre Nuestro, Ave y Gloria.

Invocación Quinto Día:

Por mi bienestar y mi protección, hoy Pido que el poder de la Santísima Trinidad me rodee.

Del libro Confessio de San Patricio:

Así, en la medida de mi fe en la Trinidad, me conviene distinguir y, sin reparar en el peligro, hacer conocido el don de Dios y la consolación eterna, sin temor difundir con confianza el todas partes el nombre de Dios, para, incluso después de mi muerte, dejar una herencia a mis hermanos y a mis hijos, a quienes yo bauticé en el Señor, tantos miles de hombres. Y no era digno ni merecía que el Señor concediera esto a su pequeño siervo: que después de tantas preocupaciones y cargas, después del cautiverio, después de muchos años me diera tanta gracia ante ese pueblo. En otro tiempo, en mi juventud, nunca esperé ni pensé algo así.

Padre Nuestro, Ave y Gloria.

Invocación Sexto Día:

Por mi bienestar y mi protección hoy, pido a Jesús que vino a salvar al mundo para que sea mi escudo.

Del libro Confessio de San Patricio:

Pero, después que llegué a Irlanda (cada día apacentaba rebaños y con frecuencia en el día oraba), más y más venía el amor de Dios y su temor, mi fe se acrecentaba y mi espíritu era llevado, de modo que en un solo día llegaba a cien oraciones, y casi lo mismo de noche. Permanecía en los bosques y en la montaña, me levantaba antes de la luz para la oración, con nieve, con hielo, con lluvia, y ningún mal sentía ni tenía nada de pereza –como ahora lo veo, pues entonces ardía en mí el Espíritu.

Y en verdad allí, una noche, en sueños oía una voz que me decía: “Ayunas bien, tú que pronto irás a tu patria”; y de nuevo, poco tiempo después, oí una respuesta que me decía: “He aquí que tu nave está preparada.” Y no estaba cerca, sino que acaso había unas doscientas millas y nunca había estado allí ni tenía allí ningún hombre conocido. Y poco después me di a la fuga y abandoné al hombre con quien había estado seis años, y vine por el poder de Dios, quien dirigía mi vida hacia el bien; y nada temía hasta llegar a aquella nave.

Padre Nuestro, Ave y Gloria.

Invocación Séptimo Día:

Por mi bienestar y mi protección hoy, le pido a todos las Benditas Almas del Purgatorio orar a Dios por mí.

Del libro Confessio de San Patricio:

Y después de tres días tocamos tierra, y por veintiocho días anduvimos por un lugar desierto, y les faltó alimento, y el hambre se hizo fuerte sobre ellos, y otro día el capitán empezó a decirme: “¿Qué hay, cristiano? Tú dices que tu Dios es grande y omnipotente. ¿Por qué entonces no puedes orar por nosotros, que peligramos por el hambre? Lleno de confianza les dije: “Convertíos con fe de todo vuestro corazón al Señor Dios mío, porque nada es imposible para Él, para que hoy os envíe alimento en vuestro camino hasta saciaros, porque en todo lugar tiene abundancia.” Y con la ayuda de Dios así ocurrió: un rebaño de cerdos apareció en el camino ante nuestros ojos, y mataron a muchos de ellos y permanecieron allí dos noches, y se alimentaron bien y fueron aliviados con las carnes de los puercos; en efecto, muchos de ellos habían desfallecido y habían sido abandonados medio muertos junto al camino. Y después de esto dieron muchas gracias a Dios y yo fui honrado ante los ojos de ellos, y desde ese día tuvieron alimento abundante.

Padre Nuestro, Ave y Gloria.

Invocación Octavo Día:

Por mí bienestar y mi protección hoy, pido al poder de Dios sostenerme y al amor de Dios animarme.

Del libro Confessio de San Patricio:

Y de nuevo, después de pocos años, estaba en Britania con mis parientes, que me recibieron como a un hijo y me rogaron por fe que no me alejara de ellos, al menos por el momento, después de tantas tribulaciones que había padecido. Y allí en verdad vi en una visión de la noche a un hombre que venía como de Irlanda, de nombre Victórico, con innumerables cartas, y me dio una de ellas. Y leí el principio de la carta, que contenía “la voz de los irlandeses.” Y al recitar el principio de la carta pensaba que entonces escuchaba la voz de los mismos que estaban en Silva Vocluti, que está cerca del mar occidental. Y así exclamaron como de una voz: “Te rogamos, niño santo, que vengas y andes todavía entre nosotros.” Y quedé muy compungido en mi corazón y no pude leer más; y así me levanté. Gracias a Dios, porque después de muchísimos años atendió a su clamor.

Padre Nuestro, Ave y Gloria.

Invocación Noveno Día:

Para mí bienestar y mi protección, pido a todos los Santos del Cielo, a la Santísima Virgen, Reina de los Ángeles, a los Santos Apóstoles, al Bienaventurado San Patricio, ya todos los santos protectores de Irlanda, para que sean mi inspiración y esperanza.

Del libro Confessio de San Patricio:

Por eso incansablemente doy gracias a mi Dios, que me conservó fiel el día de la tentación mía, de modo que hoy con confianza le ofrezco en sacrificio, como hostia viviente, mi alma a Cristo mi Señor, quien me protegió de todas mis angustias. Por eso puedo decir: ¿Quién soy yo, Señor?, ¿Cuál es mi vocación, tú que me ayudaste con tu divinidad tan grande, de modo que hoy entre los gentiles ensalce y engrandezca tu nombre en cualquier lugar que esté? Pero no solo en las cosas favorables, sino también en las dificultades, de modo que cualquier cosa que me sobrevenga, sea buena o mala, la reciba igualmente y dé siempre gracias a Dios. Él me enseñó a tenerle indudable confianza y a creer permanentemente; me ha escuchado para que yo, indocto y en los últimos días, me atreviera a emprender una obra tan piadosa y admirable. Así pude imitar en algo a aquellos de quienes antes el Señor ya había predicho que anunciarían el Evangelio en testimonio para todos los pueblos antes del fin del mundo, lo cual ahora vemos y así se ha cumplido: he aquí que somos testigos de que el Evangelio fue predicado hasta lugares más allá de los cuales no hay nadie.

Padre Nuestro, Ave y Gloria.

Novena originalmente publicada en ACI Prensa

 





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