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La pedagogia de Jesus en el Evangelio
Jesus es el gran Pedagogo de Dios


Por: Pbro. Eduardo Contreras Gutierrez, Diocesis de Leon, Gto | Fuente: Tiempos de Fe, Anio 3 No. 13, Noviembre - Diciembre 2000



Tenemos que empezar afirmando que Jesús es, sin duda, el Gran Pedagogo de Dios, "La misma Historia de la Salvación en el Antiguo Testamento está esencialmente ordenada a preparar y a anunciar la venida de Cristo, Redentor del universo y de su reino Mesiánico" (T.M.A. 6). El gran dinamismo de la Encarnación del Verbo está ya presente en las más destacadas figuras de los Profetas, Sacerdotes y Reyes tales como Abraham, Moisés, Elías, David, Melquisedec, etc. Todos ellos son figuras, imágenes y anticipos del Mesías Salvador. Al mirar la conducta pedagógica de Dios con Israel, se destaca ya desde el principio el amor compasivo y misericordioso (Ex 2,23-25), cuando Dios se compadece de la esclavitud de su Pueblo en Egipto y decide librarlo (Ex 3,7-10), los lleva al desierto y pacta una Alianza con ellos (Ex 19,1-6). Se mues­tra fiel y compasivo y aunque lo castiga por sus idolatrías y pecados siempre lo perdona y le muestra su amor; sin em­bargo a lo largo de su historia, Dios va anunciando siempre una tierra prome­tida, una Nueva Alianza, un Nuevo Pue­blo y un Mesías Salvador.

La Pedagogía de Dios desde el Anti­guo Testamento se muestra amorosa, paciente, compasiva, libre, respetuosa y siempre da una respuesta de Esperanza Salvífica hacia el futuro. Ya en la plenitud de los Tiempos, éstas se­rán también las características funda­mentales de Jesús verbo de Dios En­carnado. En Él está la Plenitud de Dios, y Él es la Palabra definitiva (Hb 1,1-2). La Pedagogía de Dios se hace plena y definitiva en el verbo de Dios. Es la Pala­bra que irrumpe en la historia humana al cumplirse la Plenitud de los Tiempos, es el verbo de Dios que llega como don gratuito de la Trinidad Omnipotente y como manifestación plena del amor de Dos que se "hace carne" y se hace "historia". "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14).

Lo primero que resalta de esta Pe­dagogía de la Encarnación es sin duda lo maravillosos del Amor Trinitario. El Dios que no tiene "tiempo" ni "histo­ria", se hace "temporal" e "histórico"; el Dios que es Espíritu puro de hace "carne" y "materia"; el Dios que es Omnipotente e Infinito de hace "limita­do" y "finito", todo ello en la humanidad de Nuestro Señor Jesucristo. Este es el misterio insondable de su amor por nosotros donde la Pedagogía de Dios se identifica con su Cristo, su Ungido, su Palabra definitiva, verdadero Dios y verdadero hombre. Tan fiel a su ser di vino como tan fiel a su condición huma­na.

Con toda verdad, podemos afirmar en la catequesis de los primeros Pa­dres de la Iglesia tal como lo expresaba San Máximo Confesor "El Misterio de la Encarnación del verbo tiene la fuerza de los secretos y figura de la Escritura y la Ciencia de todas las criaturas visi­bles e inteligentes, por eso sólo el ver­bo de Dios encarnado nos puede ense­ñar la ciencia de Dios" (O.D.E. III).

La Pedagogía de Dios revelada en Jesús



La persona y la vida de Jesús forman la Pedagogía de la comunicación plena de Dios con el hombre. Jesús es el "gran comunicador de Dios" que habla con autoridad y no como los escribas (Cfr. Lc 4, 32-36); enseña con su palabra lo que vive en su propia vida. Hay en el una coherencia de vida. Él es pobre y elige la pobreza como desprendimiento total para aceptarlo, seguirlo y ser digno de Él. "Si alguno quiere venir en pos de mí, nié­guese a sí mismo, tomo su cruz y que me siga" (Lc 8,39). Utiliza en su actua­ción las actitudes fundamentales del amor, perdón, verdad, transparencia y sacrificio que el mismo exige y a quien quiera aceptarlo y seguirlo.

Jesús no excluye a nadie, pero pre­fiere a los pobres, a los enfermos, a los marginados de su tiempo y se coloca en medio de ellos.

Es de una sensibilidad exquisita y se compadece de las multitudes que "an­dan como ovejas sin pastor"; llora ante la tumba de su amigo Lázaro y ante su ciudad de Jerusalén. Pero no hay en Él la menor huella de un "blando senti­mentalismo" sino un alma heroica que se atreve también, con energía, a denun­ciar la hipocresía y la mentira de los Fa­riseos (Mt 23,14,24,25) y arroja a los Mer­caderes del templo con indignación (Mc 11 15ss).

Inaugura el Reino de Dios, lo va dan­do a conocer a través de parábolas cu­yos rasgos son tan intuitivos, vivos y cálidos que hacen re­vivir la vida de los labradores, pas­tores, pecadores y viñadores de su tiempo. Dichas parábolas encie­rran matices tan reales que son el vehículo pedagó­gico donde en­vuelve su mensa­je fundamental del Reino de Dios que es como el "grano de mos­taza", como la "perla fina", como el "vino nuevo", como el "vestido nuevo", como la "dracma perdida" (Mt 13). Es así como lleva a descubrir a sus discípulos y a sus seguidores que Él es en verdad el "gra­no de trigo", el "grano de mostaza", el "vestido nuevo" que inaugura ya existencialmente la presencia del Reino.

Y qué decir de sus milagros. No hay enfermos que se acerquen y que no sea curado, pero siempre, más que la salud física, Jesús entrega el don de la Fe: "vete en paz tu fe te ha salvado" (Mt 8,5­13). Jesús no es un milagrero que se busca a sí mismo, sino que sus milagros hacen evidente su poder divino y el re­conocimiento de que Él es el Hijo de Dios y es quien libera de la esclavitud del pe­cado. Es sumamente elocuente y signifi­cativo el episodio de la curación del pa­ralítico de Cafarnaúm relatado por los tres sinópticos "pues para que vean que el Hijo del hombre tiene en la tierra potestad para perdonar los pe­cados, dijo diri­giéndose al para­lítico ponte de pie, toma tu cami­lla y vete a tu casa" (Mt 9,1-7). Amar, Sanar y perdonar confor­man los valores de la pedagogía de Jesús relatada en los evange­lios.



Finalmente, Él conocía profundamen­te el corazón humano y qué sentido posi­tivo y realista tuvo para respetar sus pro­pias decisiones. En el diálogo con el jo­ven rico (Mt 19,16ss). Jesús respeta su negativa a la invitación que le hace de vender sus bienes y de seguirlo, solo co­menta "qué difícil va a ser para los ricos entrar en el reino de Dios", pero también añade "lo que es imposible para los hom­bres no lo es para Dios". Nadie como Él pudo decir y luego vivir el "amad a vues­tros enemigos y haced el bien a lo que os aborrecen" (Lc 6,27). Así, podemos afirmar que su actitud de amor y de donación in­condicional fue el ALMA DE SU PEDA­GOGIA, porque en su persona, en sus parábolas y en sus hechos, el Mensaje más sublime es el de su "Amor de Do­nación hasta el extremo de la cruz" y es ahí donde pronuncia su postrera súplica a su padre "Padre perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34).





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