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La Confesión, ¿cómo prepararla?
Así como para un examen nos preparamos y estudiamos, para la Confesión.

El objetivo de la confesión es creecer en amistad con Dios.


Por: P. Sebastián Rodríguez, LC | Fuente: elblogdelafe.com



Durante enero y febrero, en nuestro seminario, fuera de rezar, comer y descansar lo necesario, aprovechamos el tiempo para estudiar con mayor profundidad debido al periodo de exámenes. Sabemos que hay diversas formas de presentar un examen. Unos estudian más, otros menos. Unos se contentan con pasar, otros se esfuerzan por la mejor calificación. Unos estudian para el examen, otros para la vida.

 

Con el sacramento de la Reconciliación encontramos algo similar. Así como para un examen nos preparamos y estudiamos, para la Confesión también lo hacemos a través del examen de conciencia. Sabemos que mientras más exigente sea nuestra preparación, mejores serán los resultados. Del mismo modo en que un estudiante busca la Biblioteca o un lugar silencioso para concentrarse y rendir mejor, así también nosotros debemos disponer nuestra alma para examinar nuestro corazón. Es recomendable entonces buscar un lugar apto, silencioso, que nos ayude a rezar y estar en diálogo con Dios. Es una preparación difícil pues requiere de nosotros sinceridad, objetividad y humildad. Buscamos ver real y claramente de qué modo hemos ofendido a Cristo. Puede ayudar el poner por escrito nuestras faltas para ser más concisos y claros a la hora de hablar con el sacerdote.

 

Así como el estudiante hace uso de sus apuntes, libros y materiales varios que encuentra en su trabajo durante el semestre, los que nos confesamos podemos ayudarnos de diversos cuestionarios que nos auxilian para examinarnos con mayor precisión.



 

Podemos examinarnos a la luz de los 10 mandamientos viendo cómo ha sido nuestra relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos respecto a estos 10 mandatos: 1. amar a Dios sobre todas las cosas; 2. no tomar el nombre de Dios en vano; 3. santificar las fiestas; 4. honrar padre y madre; 5. no matar (de palabra u obra); 6. y 9. no cometer actos ni consentir deseos impuros; 7. y 10. no robar y no desear los bienes ajenos; 8. no mentir.

 

Puede ser también bajo la mirada de los 7 pecados capitales: soberbia, avaricia, gula, lujuria, envidia, pereza e ira. Podemos analizarnos bajo los 5 mandamientos de la Iglesia: 1. participar los domingos en Misa y en otras fiestas de guardar; 2. confesarse al menos una vez al año; 3. recibir la Comunión al menos en Pascua; 4. guardar el ayuno y abstinencia cuando la Iglesia lo manda; 5. ayudar a la Iglesia en sus necesidades.

 



Tenemos también las 7 obras de misericordia corporales: 1. visitar a los enfermos; 2. dar de comer al hambriento; 3. dar de beber al sediento; 4. dar posada al peregrino; 5. vestir al desnudo; 6. visitar a los encarcelados; 7. enterrar a los muertos. O también, las 7 obras de misericordia espirituales: 1. enseñar al que no sabe; 2. dar buen consejo al que lo necesita; 3. corregir al que se equivoca; 4. perdonar al que nos ofende; 5. consolar al triste; 6. sufrir con paciencia los defectos del prójimo; 7. rogar a Dios por los vivos y difuntos.

 

En el momento de hacer el examen de conciencia es bueno tener claro el objetivo. Buscamos recuperar o crecer en nuestra amistad con Dios. Así, siguiendo el ejemplo inicial de los estudiantes, podemos estudiar para “pasar” el examen o podemos hacer como el buen estudiante que estudia para la vida. Tengamos en cuenta que una confesión con poca preparación, si se cumplen los pasos vistos en el artículo anterior, también es válida. Pero el alma que quiere mejorar, ser realmente amigo de Jesús, amarle, buscando la santidad, será como el que estudia para la vida, es decir, hará lo posible para prepararse de la mejor forma sabiendo que, teniendo un buen examen de conciencia, ayudará para arrepentirse mejor y recibir, con la gracia de Dios, más frutos por el sacramento.

 





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