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¿Puede opinar la Iglesia sobre política?
El cristiano es la “luz que brilla en las tinieblas

¿En qué momento los católicos dejamos de ser ciudadanos con derechos?


Por: Ricardo Francisco Padilla C. | Fuente: yoinfluyo.com



La Cultura de la Muerte y los torpedeos laicistas nos sobreviene avasallantes. La destrucción de la imagen de Dios -y sus ministros- se sobrepone a la verdad revelada de: “Dios es amor”. La prueba son múltiples ataques y tergiversaciones a los mensajes del Papa, así como los numerosos procesos civiles y penales contra sacerdotes y obispos por el sólo hecho de pronunciarse en favor de la familia. ¿En qué momento los católicos dejamos de ser ciudadanos con derechos?

 

Libertad Religiosa

La Iglesia tiene como misión “anunciar y comunicar la salvación realizada en Jesucristo, que Él llama «Reino de Dios» (Mc 1,15), es decir, la comunión con Dios y entre los hombres. El fin de la salvación, el Reino de Dios, incluye a todos los hombres y se realizará plenamente más allá de la historia, en Dios”. (Cfr. DSI num. 49).

 



“En la diatriba sobre el pago del tributo al César (cf. Mc 12,13-17; Mt 22,15-22; Lc 20,20-26), afirma que es necesario dar a Dios lo que es de Dios, condenando implícitamente cualquier intento de divinizar y de absolutizar el poder temporal…” (Cfr. DSI num. 379).

 

La Iglesia históricamente ha pedido la separación que debe haber entre Ella y el Estado; “que la Iglesia no se confunda con la comunidad política y no esté ligada a ningún sistema político […]. (Compendio de la DSI, num.50). El mismo Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica lo norma. Pero esta “independencia y autonomía” no implica confrontación. Los católicos debemos tener derecho de opinar en la forma en que la fe y la razón iluminen las cuestiones sociales y políticas.

 

Es urgente que la gente revalore el maravilloso sentido de la procreación, que redescubra el gozo de la familia y la fecundidad, y que rescatemos el concepto de maternidad -como un servilismo- devolviéndole su sublime sentido.

 

La cuestión es que sólo excluyendo a Dios de las conciencias pueden cosificar a la persona y secularizar las sociedades, logrando así reformar constituciones para legalizar aborto, eutanasia, uniones homosexuales, inhibir el derecho de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos, y la pérdida de la libertad religiosa y de culto.

 

Pero defender la verdad y la vida no es exclusivo de católicos “de ultraderecha”. Es lo más natural que hay en cada uno, sobrevivir, lo contrario es suicidio. Mediante el aborto y la eutanasia somos la única especie que financia su extinción.

 

“Hoy que conocemos las patologías y las enfermedades mortales de la religión y de la razón […] es importante decir con claridad en qué Dios creemos y profesar convencidos este rostro humano de Dios. Sólo esto nos libera del miedo de Dios […]”.- Benedicto XVI.

 

El cristiano es la “luz que brilla en las tinieblas”, “la sal de la vida en medio de la descomposición del mundo”, “la esperanza en el seno de una humanidad desesperada”. Más “sólo los hombres renovados por su fidelidad al Evangelio renovarán la sociedad”. S. de Dios Card. Van Thuan.

 




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