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Formación, el arte de esculpir almas.
La formación es aquello que dará sentido a la educación

La educación funciona de herramienta; La formación es aquello que dará sentido a la educación.


Por: Luz del Carmen Abascal Olascoaga | Fuente: yoinfluyo.com




Hace poco tuve la oportunidad de platicar con varios padres y madres de familia que están en el proceso de elegir escuela primaria para sus pequeños de kínder. La mayoría de esos padres están muy preocupados por darles a sus hijos la mejor educación posible. Todos buscan una escuela con un buen nivel académico, el mejor posible, que les enseñe a sus hijos pensamiento lógico y matemático, conocimientos de tecnología y computación, amplios conocimientos científicos y buenas metodologías de estudio. Algunos otros buscan también actividades deportivas y artísticas para complementar la educación… La mayoría de ellos están previendo, ya desde primaria, la posibilidad que tienen sus hijos para tener un pase directo a tal o cual universidad. Todo eso está muy bien, pero eché en falta un ingrediente fundamental: nadie, absolutamente nadie, mencionó la formación de sus hijos como argumento para elegir escuela.

 

Educación

¿Formación? ¿Qué no estamos hablando de lo mismo? Si los padres están muy preocupados por la educación de sus hijos, pues ahí está implícita la formación, ¿no? Pues no. Formación y educación son dos conceptos distintos que se complementan, pero no se deben confundir.

 



La educación es la adquisición de una serie de conocimientos, sean sociales, científicos, culturales, tecnológicos, etc. La formación es el arte de esculpir el alma de una persona, de tal manera que sea capaz de asumir esos conocimientos con convicción y con criterio. La formación es exclusiva del ser humano; la educación no necesariamente se limita a la persona, podemos ver, por ejemplo y de manera muy básica, perritos muy bien educados, que saben ir al baño en su lugar especial, que se sientan cuando se les ordena y dan la pata muy monos cuando tienen que saludar… ¿pero podemos ver perritos con buena formación?

 

Conozco niños, por ejemplo, que cuando piden algo, siempre lo piden “por favor”. Son niños bien educados, pero algo en su voz y en su actitud indica que realmente están exigiendo, y el “por favor” es sólo una fórmula aprendida durante el proceso de educación. El niño bien formado es capaz de, además de pedir las cosas “por favor”, asumir que el favor que pide implica, por un lado, un esfuerzo por parte del otro, esfuerzo que se debe de valorar en su justa medida y, por tanto, agradecer con autenticidad; y por otro, que puede serle denegado puesto que la otra persona no tiene la obligación de hacer o dar lo que quiere.

 

Un niño bien educado será capaz de decir “gracias”, o incluso “gracias de todo corazón” cuando alguien hace algo por ellos. Conocen la fórmula, lo que se dice, lo que es correcto socialmente hablando, independientemente de si se sienten verdaderamente agradecidos o no. Un niño bien formado será capaz de sentir auténtica gratitud, no sólo dirá “gracias”, sino que tendrá la sensibilidad para valorar en verdad a la persona y el servicio que ésta le proporcionó.



 

Estos ejemplos son muy sencillos y exclusivamente relacionados con el comportamiento en sociedad; pero pensemos en alguien tremendamente erudito: personas que han dedicado su vida a estudiar y a saber más y más (yo creo que todos conocemos a alguien así)… y no tienen ni idea de qué hacer con todo eso que saben, porque no tienen pizca de criterio, o porque, como no recibieron una formación profunda, sus conocimientos los han confundido y ya no saben qué creer ni qué hacer. Usualmente esas personas terminan haciendo y creyendo lo que les conviene puesto que no tienen un sistema fuerte de convicciones que sólo se adquiere mediante la formación. Pueden terminar complicando sus relaciones interpersonales, pues, al carecer de una  sólida formación ética y moral, con mayor facilidad caen en el relativismo, en el individualismo y en el egoísmo. No se trata solamente de tener mucho conocimiento, sino de saber emplearlo en servicio del bien.

 

Como vemos, la educación complementa a la formación. La educación funciona de herramienta; es necesaria, sí, pero en una dimensión muy básica. La formación es aquello que dará sentido a la educación. Por eso, cuando sólo nos enfocamos en darles una muy buena educación a nuestros hijos, pero no nos preocupamos por la formación, es como si les diéramos un coche magnífico de carreras, último modelo, de lujo, pero sin haberles antes enseñado a usarlo, a manejarlo, a dominarlo. Puede, incluso, llegar a ser un arma mortal: manejar un coche sin saber hacerlo y sin tener ninguna guía ni punto de referencia, casi seguro resultará en un accidente mortal, ¿no? Pues sucede igual con la educación: si acumulamos información y conocimiento, pero no sabemos qué hacer con él ni cómo utilizarlo, podemos acabar perdidos.

 

Padres, tomemos el cincel y comencemos a moldear el alma de nuestros hijos. Rebajemos esos filos de orgullo, pero sin quitarles autoestima; redondeemos y pulamos esas partes ásperas de la ira, pero sin quitarles el arrojo; esmerémonos en esculpirles un corazón delicado capaz de preocuparse genuinamente por los demás; pongamos atención también en la cabeza, que sus proporciones y rasgos sean dignos del David de Miguel Ángel, para que su conciencia (que será la que guíe sus actos) quede escultural y con buen criterio los lleve siempre por el mejor camino. Preocupémonos por darles una buena educación, buenas herramientas, pero ocupémonos mucho más de darles los valores y el criterio necesarios para utilizar esas herramientas de la mejor manera posible: “Educación para enfrentar el mundo, formación para cambiarlo”.





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