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Uno de los mayores dones de Dios: La Felicidad.
Homilia del Papa Francisco en la casa de Sta. Martha.

Nadie que haya dejado todo quedará sin recibir el ciento por uno.


Por: Álvaro de Juana | Fuente: ACI Prensa



VATICANO,- O se sirve a Dios o a las riquezas, porque “no se puede servir a dos señores”. Esta fue la reflexión del Papa Francisco en la homilía de la casa de Santa Marta a primera hora de la mañana al recordar que uno de los mayores dones de Dios es el de la felicidad.

 

El Papa comentó el pasaje del joven rico “que quería seguir al Señor, pero al final era tan rico que eligió las riquezas”. “Qué difícil es que un rico entre en el Reino de los cielos”, afirmó.

 

Al comentar el Evangelio, habló de la actitud de Pedro ante Jesús cuando le dice: “Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Y la respuesta de Jesús “fue clara”: “nadie que haya dejado todo quedará sin recibir el ciento por uno”.



 

El Señor no sabe dar menos de todo. Cuando Él dona algo se dona a sí mismo, que es todo” porque “la plenitud de Dios es una plenitud realizada en la cruz”.

 

“Este es el don de Dios: la plenitud crucificada. Y este es el estilo del cristiano: buscar la plenitud, recibir la plenitud y seguir por este camino. No es fácil. ¿Y cuál es el signo de que voy adelante en este dar todo y recibir todo? ‘Glorifica al Señor con ojo generoso y contento. En cada ofrenda muestra tu rostro alegre’”.

 



Sin embargo, “el joven rico tiene el rostro oscurecido y anda triste”. “No ha sido capaz de recibir, de acoger esta plenitud” pero “los santos, Pedro mismo, la han acogido y en medio de las pruebas, de las dificultades tenían el rostro alegre, el ojo contento y la alegría del corazón”.

 

Francisco finalizó recordando a San Alberto Hurtado: “trabajaba siempre, dificultad tras dificultad. Trabajaba por los pobres. Fue de verdad un hombre que hizo camino en ese país. La caridad para la asistencia a los hombres. Pero fue perseguido, con muchos sufrimientos. Pero cuando estaba ahí, clavado en la cruz, la frase era: ‘Contento, Señor, Contento’”.

 

“Que él nos enseñe a ir en este camino, nos de la gracia de hacer este camino un poco difícil del ‘todo o nada’, de la plenitud clavada en la cruz de Jesucristo y decir siempre, sobre todo en las dificultades: ‘contento, Señor, contento’”.





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