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La disciplina, una garantía de éxito personal
La disciplina ayuda a los niños y jóvenes a formar su carácter, a tolerar la frustración, a respetar la autoridad

El papel de los padres como instructores de sus hijos es la única garantía que ellos pueden tener para alcanzar un éxito seguro en el futuro.


Por: Maleni Grider | Fuente: www.somosrc.mx



El papel de los padres como instructores de sus hijos es la única garantía que ellos pueden tener para alcanzar un éxito seguro en el futuro. La disciplina ayuda a los niños y jóvenes a formar su carácter, a tolerar la frustración, a respetar la autoridad, a reconocer los límites sanos, a sentirse seguros y a desarrollar un sentido de responsabilidad social, así como hacia su propia vida.

 

Cuando los padres ignoran o pasan por alto esta responsabilidad que tienen hacia sus hijos, las cosas en casa se salen de control, el desorden impera y la confusión provoca desajustes familiares que se reflejan en pleitos, berrinches, demandas excesivas, indisposición, inmadurez, etcétera.

 

El principio bíblico que debe prevalecer en el rol del papá sobre sus hijos es el de aplicar la autoridad y la disciplina sobre ellos, y no sólo su frustración y su enojo. En pocas palabras, un papá enojado no sirve para nada. No es necesario expresar un gran enojo a gritos, regaños constantes o castigos físicos; la firmeza, la instrucción clara, el dominio propio, el ejemplo de integridad y la disciplina justa son las únicas formas de que los hijos atiendan nuestro llamado, sigan nuestra guía y respeten nuestra autoridad.



 

Si en nuestra personalidad tenemos alguna disfunción severa, como ira incontrolada, indiferencia expresa, pereza, irresponsabilidad notable, deslealtad a nuestra familia (cónyuge e hijos), adicciones, idolatría al trabajo, amargura o desamor, los niños y adolescentes serán los primeros en detectarlo y juzgarlo. Con su comportamiento se asegurarán de dejarnos claro que no están de acuerdo con ello.

 

La naturaleza humana de nuestros jóvenes hijos tiende a rebelarse fácilmente contra la autoridad, y la diferencia generacional es también un factor que afecta el entendimiento, así como el nivel de empatía entre padres e hijos. Sin embargo, de cualquier manera, somos responsables de su formación, educación y disciplina.

 

Si tenemos conflictos internos que resolver, lo más adecuado será tomar en serio y trabajar en ellos a fin de poder presentar una personalidad sana a los hijos, quienes dependen de nuestro ejemplo para seguir el buen camino. La mejor arma es la Palabra de Dios, y también los valores perenes del cristianismo que la iglesia nos enseña.

 

Transmitir frustración y enojo sin disciplina es como la niebla. Se esfuma y no deja nada en el camino. En cambio, ejercer autoridad y disciplina ante comportamientos inaceptables o hábitos insanos corregirá y moldeará a nuestros niños y jóvenes hacia el respeto, la honestidad, la justicia, los fundamentos familiares, el bien, la caridad, la responsabilidad y el éxito personal.

 

Vale mucho la pena invertir tiempo, esfuerzo, invertir toda una vida si es necesario, a fin de que esas personitas en casa puedan crecer, desarrollarse y alcanzar su propio destino, su propósito en la vida, su seguridad.





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