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La proliferacion de la nueva religiosidad peligro para la fe
La Vacuna contra las sectas


Por: P. Jacome, Director de la Escuela de la Fe | Fuente: Tiempos de Fe, Año 2 No. 11, Julio - Agosto 2000



Introducción

 

            Es un hecho patente e incon­testable que estamos asis­tiendo a una verdadera cri­sis de la fe con la aparición de las nuevas formas de religiosidad alternativas que confunden y seducen a tantas almas incautas. Chesterton resumía muy bien este fenómeno de la siguiente forma: "desde que los hombres han dejado de creer en Dios, no es que no crean en nada. Ahora creen en todo".

 

            Estamos asistiendo a un verdadero despertar de nuevas religiosidades que día a día van ganando terreno en la conquista de las almas, y de las conciencias de las personas. Se trata de un auténtico supermercado de religiones que ofrecen atractivas ofertas seductoras, auténticos paliativos espirituales para llenar un profundo vacío espiritual. No solamente me refiero al fenómeno de las sectas fundamentalistas, sobre todo al creciente aumento del esoterismo y de las ciencias ocultas (quiromancia, cartomancia, astrología, cartas astrales, cábala, teosofía, espiritismo, brujería y satanismo).



            Seguramente cada uno de Uds. conocerá a personas, incluso familiares, que participan de alguna manera en alguno de estos movimientos religiosos. Lo peor de todo es que actualmente se está dando un tremendo sincretismo religioso entre la fe católica y otras creencias. Así tenemos a personas que se dicen católicas, pero que asisten a sesiones de espiri­tismo, o aquellas otras que dicen que no se confie­san porque ellos se arreglan direc­tamente con Dios. Esto crea un caos religioso y una vi­vencia inauténtica de la fe católica. A estos se les podría llamar católicos me­diocres, tibios, relajados porque viven un estilo de catolicismo caricaturesco que dista mucho del auténtico perfil ca­tólico delineado en el Evangelio.

            Tomando como fuentes de inspira­ción Iglesia en América y la carta pas­toral de los obispos Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, intentaré hacer un breve análisis de este fenómeno religioso, para sugerir en un segundo momento algunas propuestas de acción a fin de colaborar activamente en la nueva evangeliza­ción tan deseada por Juan Pablo 11.

Análisis de la situación

            El fondo del problema es el relativismo filosófico y teológico que invade cada vez más la conciencia de los creyentes. Ya no existen verdades absolutas, seguras, puntos de referen­cia inamovibles doctrinalmente. Cada uno se inventa sus propias verdades a conveniencia personal. Hoy día, por ejemplo, se cuestionan los principios fundamenta­les de la fe y de la moral católica: que la Iglesia sea una, santa, católica, apostólica y ro­mana; la infalibili­dad del Papa, el derecho a la vida del no nacido, la familia como núcleo esencial de vida y desarrollo humano.

            Ya en el terreno de las religiosida­des alternativas algunos dicen que da igual pertenecer a tal o cual iglesia, al fin y al cabo todas tienen un mismo origen y conducen a Dios. Otros fre­cuentan cursos de superación perso­nal aparentemente inofensivos, pero que van minando los principios funda­mentales de la fe.



            La acción proselitista, que las sec­tas y nuevos grupos religiosos desa­rrollan en no pocas partes de México, es un grave obstáculo para el esfuer­zo evangelizador. La palabra "proseli­tismo" adquiere aquí su sentido nega­tivo porque estamos ante un modo de ganar adeptos no respetuoso de la li­bertad de aquellos a quienes se dirige su insidiosa propaganda religiosa. La Iglesia católica censura el proselitismo de las sectas y, por esta misma razón, en su acción evangelizadora excluye el recurso a semejantes métodos. Al proponer el Evangelio de Cristo en toda su integridad, la actividad evangelizadora ha de respetar el san­tuario de la conciencia de cada indivi­duo, en el que se desarrolla el diálogo decisivo, absolutamente personal, en­tre la gracia y la libertad del hombre.

            Recordemos también que respecto a las religiones no cristianas la Igle­sia católica no rechaza nada de lo que en ellas pueda haber de verdadero y santo. Subraya los elementos de ver­dad dondequiera que puedan encon­trarse, pero a la vez testifica la nove­dad de la revelación de Cristo, custo­diada en su integridad por la Iglesia Católica.

            Los avances proselitistas de las sec­tas y de los nuevos grupos religiosos no pueden contemplarse con indiferen­cia. Exigen un profundo estudio, para descubrir los motivos por los que no pocos católicos abandonan la Iglesia. Según un estudio realizado el año pa­sado por la Comisión Pontificia para América Latina se calcula que diaria­mente hay en América Latina un au­mento de poco más o menos 12 mil no católicos, es decir, 12 mil personas pasan a otro tipo de religiosidad alter­nativa. A la luz de sus conclusiones será oportuno hacer una revisión de los métodos pastorales emplea­dos, de modo que cada Iglesia particular ofrezca a los fie­les una atención religiosa más personalizada, consolide las estructu­ras de comunión y misión, y use las posibilidades evangelizadoras que ofrece una religiosidad popular purifi­cada, a fin de hacer más viva la fe de todos los católicos en Jesucristo, por la oración y la meditación de la pala­bra de Dios.

            Por otra parte, como señala Iglesia en América, hay que preguntarse si una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades materia­les de los destinatarios no termina por defraudar el hambre de Dios que tie­nen muchos contemporáneos, deján­dolos así en una situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual.

            Por eso, es indispensable que todos tengan contacto con Cristo mediante el anuncio kerigmático gozoso y transformante, especialmente a través de la predicación en la liturgia. Una Iglesia que viva intensamente la dimensión espiritual y contemplativa, y que se entregue generosamente al servicio de la caridad, será de manera cada vez más elocuente testigo creíble de Dios para los hombres y mujeres en su búsqueda de un sentido para la propia vida.

            Es necesario que los fieles pasen de una fe rutinaria, quizás mantenida sólo por el ambiente o la tradición, a una fe consciente vivida personalmen­te. La renovación en la fe será siem­pre el mejor camino para conducir a todos a la Verdad que es Cristo.

            Muchos católicos habiendo recibi­do el don de la fe en el bautismo, care­cen del sentido del encuentro perma­nente con Jesucristo vivo, no tienen una adecuada formación en la doctri­na cristiana y no participan de manera estable en la vida comunitaria eclesial y viven sin suficiente compromiso cris­tiano y social. Su fe es débil por insufi­ciencia del primer anuncio, por consi­guiente su testimonio como cristianos refleja la incoherencia entre la fe y la vida.

            Hay quienes, especialmente los jó­venes que han perdido el sentido mis­mo de la fe y no tienen ya la compren­sión cristiana básica de la vida. Esta­mos en una etapa de fuerte búsqueda de sentido en la que aparecen tanto necesidades profundas de espirituali­dad y trascendencia como expresiones sincretistas neopaganas de religiosi­dad, supersticiones, consulta de los de astros, cultos esotéricos y hasta demoníacos. Ya no se sienten seguros de transitar por el camino de la verdad y abandonan la fe de sus padres recibida en el bautismo, porque nunca la hicieron propia y porque fas vicisitudes de su maduración personal en su inserción en el mundo, prevalecieron sobre su respuesta a la voz de la gracia.

            Propuesta de solución

            El paso a la conversión como la perseverancia en la fe, no es un logro personal ni una herencia familiar, es fruto de la respuesta a la acción interior de la gracia, es fruto de la respuesta generosa a la acción de Dios que nos atrae a su amor.

            El abandono de la fe y el paso a las sectas es antes que nada expresión exterior del abandono de Dios, del Dios revelado en Jesucristo. Es expresión de muerte interior. Si muchos viven un catolicismo debilitado y frágil, por no decir endémico, ¿qué tiene de raro que sus blandos lazos con la Iglesia terminen por romperse. La vacuna contra las sectas es el compromiso con la propia fe.

            Al decaimiento espiritual, a la desconfianza de la estructura histórica de la Iglesia y al menosprecio de lo institucional se suman tensiones con la autoridad y crisis de obediencia así como abandono de ciertos elementos esenciales de la fe debido a una formación superficial, a inseguridad doctrinal, así como a falta de asimilación y de síntesis y al ofuscamiento en algunos casos con relación al magisterio papal y episcopal dentro de la misma Iglesia.

            Ligado a esta crisis de fe se cae en un cierto vaciamiento de lo sobrenatural y en lo moral falta lucidez en el análisis del propio comportamiento con los consiguientes desajustes personales y la relajación de la conciencia.

            En realidad lo que padecen muchos católicos es crisis de identidad, no están bien ubicados en el seno de la Iglesia, nacieron en ella por casualidad y viven sin compromiso sin identificarse con su fe. Se quedan por rutina y están como si no estuvieran o se van a las sectas porque no tienen ningún arraigo en la fe. Son trashumantes de la fe y van de vacío en vacío, porque sólo en el Dios de Jesucristo está la respuesta a la vocación del hombre y al sentido de la vida. Las sectas no hacen mas que ocupar el vacío que les dejamos. Son los vacíos pastorales, allí donde no llega la acción evangelizadora de los agentes de pastoral. Esto es sin duda el mejor caldo de cultivo para las sectas fundamentalistas.

            ¿Qué hay que hacer? ¿Lamentar­se, desentenderse, cruzarse de bra­zos? Añorar mejores tiempos pasados es iluso. Hay que salvar ahora al hom­bre de ahora. Tampoco hoy la salva­ción es barata y como siempre exige compromiso con la fe, con propuestas tal vez simples pero concretas ancla­das en la realidad de lo posible.

Sin ser exhaustivos proponemos las siguientes, sin mayor comentario por­que se entienden por sí solas:

            1. Fomentar el valor y la experiencia de la oración personal y co­munitaria como camino de conversión. Así como la ferviente y asidua parti­cipación litúrgica y sacramental. Debe surgir un encuentro personal con Cris­to que lleve a una auténtica conversión interior. El auténtico católico es aquel que da a Cristo a los demás, hay que transmitir una experiencia personal del Señor resucitado. No se puede ser evangelizador, sin antes ser evangelizado, no se puede ser maes­tro en la fe, si antes no soy discípulo; no se puede ser instrumento de con­versión si antes no hago una profunda experiencia de conversión.

            2. Impulsar ampliamente el conocimiento y vivencia de la Sagra­da Escritura leída e interpretada den­tro de la fe viva de la Iglesia para que se convierta en alma de la nueva evan­gelización.

            3. Implementar una catequesis progresiva, dinámica e integral a todos los niveles y etapas de desa­rrollo de los bautizados. En este senti­do tenemos que hacer nuestro el objetivo que los obispos nos marcan como prioritario para la catequesis de Méxi­co. Es decir dar más atención a la catequesis de adultos.

            4. Aplicar métodos adecuados que respondan a los cambios sociales y a la realidad actual de nues­tro pueblo. Tenemos que tener el cora­je y la valentía de desechar métodos de evangelización que no convencen a nadie para adoptar metodologías más acordes con la forma de pensar y actuar del mundo moderno.

            5. Vigilar por la pureza de la doc­trina y la unidad en la verdad, como lo recomienda el Apóstol Pablo. La fidelidad a la doctrina según el pen­samiento del Magisterio de la Iglesia es hoy por hoy uno de los retos más apremiantes ante el pluralismo de opi­niones cada vez más desatado.

            6. No vender ni disimular la verdad por el deseo de agradar a los hombres (EN 78) a riesgo de deva­luar cruz de Cristo. Cualquier mutila­ción del Evangelio es una traición a Cristo y a su Iglesia. No olvidemos que nosotros somos servidores y ministros del único Evangelio de Jesucristo, no podemos inventar ni mutilar el mensa­je bimilenario de la Iglesia.

            7. Es necesario que las familias que sean verdaderas Iglesias domésticas y se viva en su seno el ardor de la fe, se retorne a la dignidad del hombre y a la escuela del amor.

            8. Trabajar con una intención y un programa de Evangelización bien claro y definido. No se trata de hacer algo de bien a las almas, de tra­bajar mas o menos con resultados concretos. No basta la buena intención. Hoy día tenemos que trabajar por la Iglesia de Cristo de forma profesional, organizada, con un programa ambicio­so de evangelización: trazar objetivos, analizar dificultades, planear estrate­gias, proponer soluciones, ponerlas en acción y evaluar los resultados.

            9. Es indispensable proyectar a largo plazo y crear estructuras permanentes de Evangelización. El ocasionalismo no educa en la fe, no lleva a la madurez en la fe.

            10. Finalmente poner de relieve el papel que María de Guadalupe, Madre de Dios y madre nuestra, ha desempeñado y sigue desempeñando en la Evangelización de nuestros pueblos, inculcando una devoción sólida en la imitación de sus virtudes y el aprendizaje de su fe. Ella es la Estrella de la primera Evangelización y también, como el Papa lo indica, es la Estrella de la Nueva Evangelización.

 

Conclusión

            Estas son solo algunas sugerencias prácticas, la creatividad y el análisis de su propia realidad les ayudará a encontrar las más adecuadas a sus necesidades y a las características de su comunidad.

            La Iglesia vive hoy en el centro de lo que Juan Pablo II llama "la lucha por el alma de este mundo". En su libro Cruzando el umbral de la esperanza describe así esa situación:

"...si de hecho, por un lado, en el mundo están presentes el Evangelio y la Evangelización, por el otro hay una  poderosa antievangelización, que dispone de medios y programas, y se opone con gran fuerza al Evangelio y a la Evangelización. La lucha por el alma del mundo contemporáneo es enorme allí donde el espíritu de este mundo aparece más poderoso."

            Cada uno de nosotros estamos llamados a que el alma de nuestro México siga siendo católica, estamos llamados a que nuestra identidad como pueblo y nación siga teniendo los valores evangélicos para que seamos, como tantas veces nos lo ha dicho Juan Pablo II, ¡México siempre fiel!





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