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Judas y la personificación del mal
Del Vasto, Lanza (1998). Judas. México: Jus.

La novela nos brinda un ejercicio de imaginación, de recreación histórica y de profundidad psicológica y espiritual.


Por: José Antonio Forzán Gómez | Fuente: Centro de Doctrina Social de la Iglesia; Facultad de Humanidades, Filosofía y Letras, Universidad Anáhuac México.



Afirma Ítalo Calvino que los clásicos son textos que uno descubre en los momentos oportunos y que permanecen para que los leamos y nos sorprendamos con las certezas que encierran.

 

            No es menor que el descubrimiento de una obra contemporánea de alturas universales nos presenta cuestionamientos profundos para nuestra existencia. Tal es el caso de Judas de Lanza del Vasto. Un libro que difícilmente se puede encontrar en las librerías o portales especializados, pero que valdría la pena recuperar.

            La novela nos brinda un ejercicio de imaginación, de recreación histórica y de profundidad psicológica y espiritual. Lanza del Vasto, hombre de trabajo social y de profunda fe cristiana, es el encargado de mostrarnos que el ser humano es mucho más complejo de lo que se podría pensar en un reduccionismo estereotipado e infértil.

Como el título indica, el personaje central es Judas, el apóstol traidor de Cristo. Si bien se han realizado esfuerzos de interpretación y narrativas bíblicas respecto a Jesucristo, san Pablo o san Lucas, algunas memorables y otras francamente desafortunadas, pocas veces se ha visto con tanto detalle el entramado del corazón y la mente del apóstol proscrito.



Desde la voz interior, la novela muestra a un hombre que es ejemplo del mal. No por nada Dante lo lleva los más recónditos círculos del Infierno en su Comedia para ser devorado por Satanás junto con otros traidores en un ciclo infinito. Pero este mal que nos muestra en Lanza del Vasto tiene matices tan claramente humanos, tan marcadamente realistas, que nos obliga a adentrarnos en el misterio de la Redención.

Judas, el traidor, era también humano. Y como tal, las dimensiones de su persona se ponen en juego para dictar porqué entregó a su Maestro. Judas es parte fundamental de la historia de la Salvación. Estaba en el plan de Dios. Pero no se le puede ver como a un producto del destino, como si fuera parte de la mentalidad griega para quienes no había escape.

El discípulo traidor decide, es libre. Opta por el mal. No es un títere. Es un hombre de carne y hueso que tiende al mal, que vive la desgracia de la elección, la tragedia de la libertad. Página tras página, Judas tuerce su camino a pesar de su potencialidad para el bien. Da la espalda a la conversión.

Es el apóstol entusiasta, pero que en realidad todo lo finge, todo lo ignora y nada disculpa. Envidia, soberbia, lujuria, todos los pecados capitales lo configuran en ese acto de desconocimiento del otro. No ve a quien perjudica, no lo llega a entender. Y si actúa bien en algún momento, es solo por apariencia, no por un convencimiento genuino. Hace el bien en la forma, pero no en el fondo. Y por ello, ante la última tentación no detiene su caída.

Hombre de espejos, de discursos, de voluntariado sin fundamento, Judas es el traidor que encarna todos los males. No es el mal en sí mismo, es su ejecución. Con ello entendemos que la persona humana no es mala, sino que sus acciones son las que deben cuidarse. Y Judas no lo hizo, nunca, pues solo fingía.

Lanza del Vasto escribe todos los pecados y los condensa en una sola persona. Como cuando Jesús escribió en la arena los pecados de quienes querían apedrear a la mujer adúltera. Por ello, a pesar del mal realizado, de la relevancia del hecho, está proscrita la condena de nosotros a un hombre, por más ruin y vil que sea.

Judas se conduce a sí mismo a la condena. Y así lo podemos ver en esta novela que nos describe elementos que quizás nunca hayamos pensado de la relación que mantenía con Jesús, los apóstoles, las mujeres y los niños que fueron protagonistas de esos años torales de la historia de la humanidad. Judas entonces es el interlocutor con las personas que llevaron a término la Redención en Galilea.

El libro nos deja huella. Nos recuerda el sentido de la fragilidad humana de la que habla el Papa Francisco y nos invita a pensar sobre nuestra libertad, sobre nuestras decisiones existenciales, sobre nuestra responsabilidad para con el otro.

Vale la pena el libro. Una obra publicada por Editorial Jus dentro de la colección Clásicos Cristianos y que nos regala una carta con comentarios del filósofo Jacques Maritain y una puntual introducción del poeta, filósofo y activista Javier Sicilia. La traducción, de alto nivel, fue realizada por la primera esposa del genial escritor argentino Julio Cortázar, Aurora Bernárdez.

En resumen: una obra para habitarse, un clásico que nos redefine, un texto indispensable para los lectores cristianos y no cristianos. Es un espacio para seguir preguntándonos qué hacer con el mal que nos rodea, que nos persigue y que se nos muestra día con día. Un mal, pues, que solo puede vencerse con la vivencia del martirio y el amor cristiano. Camino que, por cierto, no fue tomado por Judas ni por muchos hombres a lo largo de la historia.

 

REFERENCIA:

Del Vasto, Lanza (1998). Judas. México: Jus.

 

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