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Cualquiera sea su enamoramiento.

Un enamorado hace todo con entusiasmo.
Felicidad y entusiasmo van tomadas de la mano. Si no lo sabías, ahora ya sabes cómo debes hacer las cosas.


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net



Lo mismo de su media naranja, cuando la encuentra, que de un trabajo científico o apostólico. El que está enamorado todo lo hace con entusiasmo.

 

¿Por qué sucede esto?

Porque de todo enamorado brota entusiasmo en todas sus actitudes.

Y a lo mejor no sabe muy bien por qué esto sucede.



A lo mejor nadie se lo ha explicado.

Es uno de tantos que ignora de dónde le viene su entusiasmo.

Entusiasmo es una palabra compuesta: “Entu” significa en ti, algo que hay en ti, en tu ser, en lo profundo de tu ser. Esto es lo que significa “entu”

“Siasmo” es de origen arameo. El arameo fue la lengua de Jesús.

Quiere decir: Mesías, Dios.



Entusiasmo significa: Dios en ti. Que Dios está en ti. Que Dios se muestra a través de ti.

Un hombre que hace las cosas con entusiasmo es un hombre reflejo de como hace Dios las cosas, de cómo quiere Dios que hagas las cosas.

Todas las cosas.

Desde lavar los platos hasta colaborar en las lecturas en la misa.

Haz el bien que puedas, todo el bien que puedas y no te fijes sólo en lo negativo. Empezando por uno mismo, creando espacios de conversión. Hay mucho más de bien que de mal en el mundo. Ahogar el mal en abundancia de bien, ese es el camino (Lluis Esquena Romaguera)

Y por tu entusiasmo los que te rodean verán a Dios en ti.

Dios te necesita a ti para mostrarse.

Dios te quiere a ti para que seas un reflejo de lo que es ÉL, y de cómo quiere que se hagan las cosas, del cómo deben ser tus actitudes.

Para ser este reflejo hay que ser amable, hay que ser comprensivo, hay que ser justo, hay que ser servidor, hay que ser........hay que ser.

Hay que hacer todo con entusiasmo. Porque con entusiasmo se construye el ser feliz y hacer feliz.

Ser feliz no es carecer de problemas, sino conseguir que los problemas, fracasos y dolores no anulen la alegría y serenidad del alma. Es decir: la felicidad está en la "base del alma", en esa piedra sólida en la que uno está reconciliado consigo mismo, pleno de la seguridad de que su vida sabe adónde va y para qué sirve, sabiéndose y sintiéndose nacido del amor. Cuando alguien tiene bien construida esa base del alma, todos los dolores y amarguras quedan en la superficie, sin conseguir minar ni resquebrajar la alegría primordial e interior.

Luego está también la alegría exterior y esa depende, sobre todo, del "salir de uno mismo". No puede estar alegre quien se pasa la vida enroscado en sí mismo, dando vueltas y vueltas a las propias heridas y miserias, autocomplaciéndose. Lo está, en cambio, quien vive con los ojos bien abiertos a las maravillas del mundo que le rodea: la Naturaleza, los rostros de sus vecinos, el gozo de trabajar.

Y, sobre todo, interesarse sinceramente por los demás.

"Quien renuncia a chupetear su propia felicidad y se dedica a fabricar la de los demás, terminará encontrando la propia". Por eso sonriendo cuando no se tienen ganas, termina uno siempre con muchísimas ganas de sonreír. (José Luis Martín Descalzo)

Felicidad y entusiasmo van tomadas de la mano. Si no lo sabías, ahora ya sabes cómo debes hacer las cosas.

Ya no podrás nunca más decir que no lo sabes. Y sobre todo ponlo en práctica en tu vida conyugal, que es imprescindible que nunca afloje el entusiasmo.

El amor conyugal hay que trabajarlo día a día, desde que uno se levanta hasta que se acuesta, con detalles pequeños: un ‘te quiero’ con contenido, un beso sin rutina, un guiño de complicidad, un preocuparse por una reunión de trabajo del otro o de que le dolía la cabeza al salir de casa, y tantas otras cosas ‘pequeñas’ que se nos pueden escapar pensando en grandes hazañas. Aquellas, sin embargo, son las oportunidades reales que fortalecen nuestro amor y le dan sentido de perennidad: así es como se teje el tapiz del matrimonio.

El matrimonio es una carrera de fondo que necesita de la perseverancia para conseguir que el otro llegue a su plenitud como mujer o como hombre, es decir, para hacerle feliz. (Rosamaría Aguilar Puiggros)

En ti está el que Dios esté en ti, el que Dios se pueda mostrar.

Dios será el primero en alegrarse.

Recuerda que uno puede no estar con Dios, pero Dios nunca deja de estar con todo hombre.

Quizás está en un rincón de tu vida; esperando que lo despiertes y hagas las cosas con entusiasmo.

Cuando ello suceda, además de la alegría de Dios, percibirás tu propia alegría.

Que no será otra cosa que el despertar de tu Dios alegre.

Cuando estamos en la oscuridad, en las dificultades, no viene la sonrisa. Es precisamente la esperanza la que nos enseña a sonreír en ese camino para encontrar a Dios. Una de las primeras cosas que suceden a las personas que se separan de Dios, es que son personas sin sonrisas. Quizá son capaces de hacer una gran carcajada, hacen una detrás de otra. Una broma, una carcajada. Pero la sonrisa falta. La sonrisa solo la da la esperanza. ¿Habéis entendido esto? La sonrisa de la esperanza de encontrar a Dios.  (Papa Francisco).

Quizás el mundo, nunca como hoy, había necesitado tantas personas entusiastas.

Piensa que en ti está el que esto suceda.

Y por suerte, todos los días alguien se levanta con entusiasmo y hace las cosas con entusiasmo.

Esto sucede diariamente.

Ojalá hoy, seas tú, el personaje de este suceso.

Enseñaras a volar, pero no volaran tu vuelo.

Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida.

Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño.

Pero en cada vuelo, en cada sueño, en cada vida, estará la huella del camino enseñado.  (Teresa de Calcuta)

Y todo debido a tu entusiasmo.





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