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La inspiración para seguir viviendo como uno debe, siempre viene de Dios.
Esa inspiración es lo que permite el aterrizaje.

Un cristiano comprometido por su bautismo tiene que estar dispuesto a vivir el providencialismo.


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net



Un cristiano comprometido por su bautismo tiene que estar dispuesto a vivir el providencialismo.

¿Qué es lo que nos dice el providencialismo? Nos dice: usted señor, usted señora como persona de fe debe ubicarse bien, ubíquese en su diario vivir en forma correcta.

Parta siempre en todos sus actos que es Dios el que conduce la historia. Dios es parte providente, Él está metido en todo. Miren los lirios del campo, miren las aves del cielo. Los lirios del campo no hilan, ni tejen, el Señor sí. Miren las aves del cielo, no siembran, no tienen graneros, hasta el último cabello de nuestra cabeza está contado.

Y eso significa: Dios es padre, no es abuelo ni tío. Es el padre de todas las cosas. Tiene las cosas en sus manos y conduce.

Y por lo tanto cuando me empiezo a sentir abrumado y se me vienen todas las cosas encima y tengo sobre mis hombros la carga de toda la humanidad, tengo que buscarlo a Dios. Y esto es lo que la mayoría de la humanidad no hace. Así le va.



Un cristiano no es, en primer lugar, una persona “piadosa”, sino una per­sona feliz, ya que ha encontrado el sentido de su existencia. Precisamente por esto es capaz de transmitir a los otros el amor a la vida, que es tan contagioso como la angustia.

No se trata, ordinariamente, de una felicidad clamorosa, sino de una tran­quila serenidad, fruto de haber asimilado el dolor y los llamados “golpes del destino”.  (Jutta Burggraf)

Y cuando me decido a que sea el Señor el que conduzca la barca, de pronto da un golpe de timón y me desorienta, y yo digo no, protesto, digo eso no puede ser, eso no puede resultar, y entonces me dejo llevar por el desaliento y me voy. Renuncio, digo no a lo que me piden; en una palabra me borro.

En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada.

Es la actitud del que no entendió, del que no entiende nada. Digo creer en la cruz y no acepto en mi vida la cruz. Tengo que aceptar. Dios me cambia el esquema y debo decir amen, y seguir y seguir. Y seguir sonriendo.

 Si vivo en un mundo secularizado e ignoro el lenguaje de la fe, es humanamente imposible llegar a ser un cristiano.  Si queremos hablar sobre la fe, es preciso tener en cuenta el ambiente en el que nos movemos. Tenemos que conocer el corazón del hombre de hoy, con sus dudas y perplejidades  ( Jutta Burggraf  )

Porque a cada puerta que se me cierra, se abrirá otra puerta y si no se abre otra puerta se abrirá una ventana. Es la ley de la puerta abierta o la ventana abierta.

Dios cambia los esquemas continuamente; yo solo me tengo que dejar llevar.

El hombre que se deja conducir, es hombre tranquilo en su interior. Tiene la paz en su corazón.

Providencialismo significa la conciencia de que el curso de la vida y de la historia de cada familia, de cada comunidad, de cada persona, está en las manos de un ser inteligente, bueno y conocedor de todo y por lo tanto yo debo estar tranquilo y cooperar.

Y como yo soy cooperador, estoy atento, así como la esclava está atenta a las palabras de su señor. Me dejo llevar por la sabiduría de mi padre. Por la sabiduría del gran padre.

Dice el refrán: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”  ¿por qué?

Porque querer hacer todo perfecto, no hacer nada hasta que estemos convencidos de que sabremos hacerlo perfecto, es prescindir de Dios. Lo perfecto es enemigo de lo bueno, porque prescinde de Dios.

Debemos capacitarnos, debemos prepararnos y hacerlo como si todo dependiera de nosotros, y hacerlo orando como si todo dependiera de la iluminación de Dios.

Es lo que hicieron aquellos “poca cosa” que siguieron a Jesús en su caminar por Galilea.

Aquellos primeros apóstoles —a los que tengo gran devoción y cariño— eran, según los criterios humanos, poca cosa. En cuanto a posición social, con excepción de Mateo, que seguramente se ganaba bien la vida y que dejó todo cuando Jesús se lo pidió, eran pescadores: vivían al día, bregando de noche, para poder lograr el sustento.

Pero la posición social es lo de menos. No eran cultos, ni siquiera muy inteligentes, al menos en lo que se refiere a las realidades sobrenaturales.

(José María Escrivá de Balaguer)

Es el viejo refrán: “A Dios rezando y con el mazo dando”.

Aquellos que nunca enfrentan una actividad apostólica porque todavía no están preparados, son personas que prescinden de Dios.

Prepararse sí, y está bien el hacerlo, pero dejar para mañana el hacerlo, es no confiar que Dios pondrá lo que nosotros no sepamos poner.

Walter E. Disney: “Si lo puedes soñar, lo puedes lograr

Es el riesgo de todo creyente.

Un cristiano autentico es una persona que nunca mira para atrás, a imitación de Dios. Es uno que cree en lo que hace y hace lo que cree.

El que no está dispuesto a arriesgar es que todavía no aprendió a ser cristiano. Todavía tiene una fe débil. Dice creer, pero no cree. Dice que Dios existe pero no cuenta con El.

No lo mete en el juego de ser apóstol acompañado.

¿Acompañado por quién?

Por Dios que es el gran sabedor de todo. El que no arriesga, quizás nunca conocerá la colaboración de Dios.

 

                                                      salvadorcasadevall@yahoo.com.ar





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